Con la necesidad de mostrar señales para apuntalar la
economía, la entrada en vigencia a partir de hoy del blanqueo de capitales
genera una doble expectativa en el Gobierno: los principales funcionarios del
Poder Ejecutivo aseguran a coro que será un "éxito" que hará aumentar
la recaudación para paliar el déficit fiscal y afrontar el pago a los
jubilados, y a la vez expresan el deseo de que funcione como un espaldarazo en
términos políticos. En la Casa Rosada apuestan a que el llamado régimen de sinceramiento
fiscal fortalezca la imagen de gobernabilidad de Mauricio Macri, y movilice a
los empresarios argentinos -los extranjeros tendrían menos desconfianza, según
el discurso oficial- a concretar las demoradas inversiones para comenzar a
revertir el estancamiento de la economía.
En la intimidad de su despacho en Balcarce 50 un alto
funcionario hizo cierta autocrítica por los costos de anunciar
"metas" luego incumplidas, como la declamada recuperación en el
segundo semestre, aunque en este caso no parece haber reparos: tanto ese
dirigente como otros hombres clave de la gestión descuentan que el blanqueo
será un éxito, por el contexto internacional "favorable" y la
insistencia de Macri en que el Estado dejará de ser un "obstáculo"
para la actividad privada. "Es una combinación inmejorable. El mundo ha
cambiado y es cada vez más difícil tener plata en negro, con un gobierno que no
te va a salir a cazar", dijo a este diario uno de los tres integrantes más
influyentes del Gabinete. La expectativa se basa en algo más que
interpretaciones: sus sondeos con representantes de fondos de inversión en las
últimas semanas permitirían una mirada optimista.
Luego de cierta tensión con un sector del empresariado en
los primeros meses de gestión, el Presidente moderó sus reclamos en público más
allá de algunos comentarios en discursos o entrevistas, como la diferencia que
trazó la semana pasada entre los "buenos" y "malos", o la
advertencia de que "acá se acabó la joda para todos". En la Casa
Rosada algunos funcionarios todavía muestran asombro por lo que consideran una
injustificada falta de confianza. "Muchos no creen que un gobierno no
peronista termine su mandato. Uno me lo dijo acá, en ese sillón, en el verano:
'No creo que lleguen a junio, Macri no va a poder gobernar'", reveló un
integrante del Gabinete, con la expectativa de que un resultado positivo del
blanqueo -Macri habló de una cifra "superior a los 25 mil, 30 mil millones
de dólares"- despeje el panorama en ese sentido: "Todavía no creen
del todo, recién están recalculando. El éxito del blanqueo va a ser una señal
de confianza".
Desde el inicio y en los momentos más complicados en casi
ocho meses de gestión, el Presidente se preocupó especialmente de que su imagen
en términos de gobernabilidad no se debilitara. Los decretos en los primeros
meses, el anuncio con anticipación del veto a la llamada ley antidespidos y los
esfuerzos de sus funcionarios más cercanos para que el freno judicial al
aumento del gas no se tomara de ese modo funcionan como muestras. "A los que
están pensando en invertir les interesa saber si vamos a poder gobernar y tomar
las medidas necesarias o si la política nos lleva puestos. Ya tomamos
decisiones muy importantes sin crisis y esto no es un retroceso", buscaba
despejar incertidumbre uno de los principales laderos de Macri luego de la
reconsideración del cuadro tarifario. Un encumbrado integrante del Gabinete,
con incidencia en las decisiones económicas y con fuertes vínculos con los
referentes empresarios y en particular con una de sus entidades, sumó a modo de
muestra del escenario que el Gobierno se propuso revertir: "Estando más de
acuerdo con nosotros, la gran mayoría votó a Scioli porque creían que esto no
lo podía agarrar nadie que no fuera peronista. Les cuesta, pero van cambiando
de opinión".
"Es difícil analizar a los empresarios argentinos.
Tienen muestras sobradas de gobernabilidad y previsibilidad del área económica,
todo conducido por un jefe racional como Macri. Mejor combo imposible para el
blanqueo y la inversión", ratificaba anoche esa mirada un funcionario del
área política. Otro, de perfil más técnico, estimaba que para evaluar los
resultados del blanqueo habrá que esperar dos o tres meses: "No van a
venir todos ahora ni van a esperar hasta el último día".