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análisis

Qué cambia con Florencia Peñaloza en lugar del Oso Castro

Cosas de la vida, la discípula completará el 80% de la gestión por la que el camionero dejó el pellejo. Cambios de estilo y de personalidad, lógico, también de época. La contradicción de “basualdista y camionera”. Por Sebastián Saharrea

Por Redacción Tiempo de San Juan

"Yo soy una camionera más”, pronunció la nueva diputada nacional Florencia Peñaloza para definir su rol en un sillón que ni se habrá animado a soñar pero ocupará 3 años y medio. Toda una definición que le condicionará el tránsito, le cabrán las generales de la ley de estos tiempos para los camioneros como ella. Veamos.

Como basualdista de origen tendrá el tiro corto de la influencia del senador, cada vez más inclinado hacia el macrismo y sin ánimo de disimularlo. Como moyanista, la nueva hoja de ruta señala que Macri acaba de tirar a la banquina a don Hugo, y eso le señalará la ruta para el otro lado. Y como castrista –acepción sanjuanina, no cubana- no podrá descuidar cierto contacto frecuente con el gobierno provincial y por qué no algún voto en sintonía. Dos y hasta tres sectores, con intereses inversos, que se disputarán su mano alzada.

Con el espacio de Roberto Basualdo tiene hasta vínculos familiares. Su madre, una histórica militante del espacio del senador, trabaja en el bloque basualdista de la Legislatura local, justamente donde despuntó hace un par de períodos el propio Enrique Castro. Cuentan quienes la conocen que es una de las más laboriosas en términos políticos en el departamento de Capital.

Esa hiperactividad la trasladó a su hija, quien hizo sus primeros palotes a su lado y conoció justamente en ese ámbito al fallecido Castro, al punto de convertirse en la abogada de mayor confianza para el gremio camionero. Los que confrontaron con ella en alguna audiencia de la Secretaría de Trabajo conocen su carácter impulsivo y su condición aguerrida.

Toda la carrera política de Florencia estuvo enmarcada en el basualdismo, de punta a punta. Como lo estuvo el recorrido de Castro desde siempre, en la Legislatura, desde afuera aceitando los vínculos con Moyano. En fin, fuera de discusión la condición basualdista de la nueva legisladora nacional.

El asunto es que Basualdo está cada vez más decidido a respaldar al gobierno de Macri, y los camioneros están cada vez más decididos a combatirlos. Y ella no podrá actuar en las dos direcciones a la vez, tal parece ser el caso.

El senador, de última recorrido a la par de Sergio Massa, aparece cada vez más visible como puntal macrista en el Senado. Y es coherente: siempre intentó una comunión de caminos entre Sergio y Mauricio, y sus ideas políticas y económicas siempre sintonizaron con la obra que lleva adelante el presidente. En todas las votaciones en las que tuvo que levantar la mano este año, Basualdo apoyó las decisiones de Macri, pese a que varias de ellas fueron repelidas por Massa y su gente. Por caso, la ley antidespidos. Claramente entonces, Basualdo aparece en los hechos mucho más cerca de Macri que de Massa-Moyano.

La cosa es que también por estos días Macri acaba de tirar por la borda cualquier acercamiento con el líder camionero. Todos sus gestos van en el sentido contrario: le vetó la ley por la que militó el sindicalismo generalizado Moyano incluido –obteniendo en este punto un acuerdo menor de no beligerancia entre las partes-, y luego le sacudió la alfombra de la AFA cuando el eje Moyano-Chiqui Tapia tenían todo para servirse.

Esa especie de intervención virtual por medio de IGJ en el ente nacional del fútbol recrudeció la relación de Macri con Moyano. Que había nacido fértil en tiempos de campaña presidencial cuando el camionero y otros gremialistas anti K le dieron al ahora presidente la dosis de peronismo a aquel ya célebre acto de entronización de la imagen de Perón. Pero que terminó de desmoronarse una vez que Macri comprobó la amenaza que sería Moyano –o su yerno sanjuanino Chiqui Tapia- sentado en el sillón de Grondona.

No hay que ser demasiado despierto para comprender que hubo una mano del gobierno nacional en la frustración de las elecciones de AFA previstas para fin de mes en las que Moyano era favorito a fusta alzada de la mano del trabajo del sanjuanino entre los clubes del interior y del ascenso. Eso dejó a Moyano sin el pan y sin la torta: sin la CGT unificada, para la cual ya no suena como postulante excluyente como en otros tiempos, y sin el escritorio para el que había apostado todas sus fichas y tenía expectativas sólidas. Los siguientes capítulos de la misma novela podrán ser medidas de fuerza, alguna escalada verbal del camionero contra el clima económico, y siguen las firmas.

Es en ese escenario en el que le tocará a Florencia Peñaloza salir a la cancha. En un momento en que ser basualidista y ser camionera no serán dos cosas cómodas de llevar de manera simultánea, y que por lo tanto podrá atentar no sólo contra su tranquilidad en la banca sino también contra la convicción a sus dos espacios de pertenencia sin discusión.

La escolta de Chiqui Tapia para llevarle tranquilidad puede resultar insuficiente para solidificar su relación con Macri y hasta con Basualdo, si las cosas entre el presidente y el líder camionero se complican aún más, como parece ser el camino.

En eso, podrá comprobar Florencia que si bien reemplaza a un diputado nacional con las mismas convicciones y pertenencias –el basualdismo y los camioneros- un sencillo cambio en el sentido de los vientos es suficiente para que los tiempos sean rotundamente diferentes. En su caso, para peor.

A Castro le tocó vivir la primavera de la relación de Moyano con el presidente, que se fue desgajando en los últimos tiempos como lo fue registrando el propio voto del desaparecido legislador sanjuanino. Como la mano levantada al voto que había pedido Macri en favor del pago a los fondos buitres, cosa que sería bastante inimaginable en los tiempos que corren.

Luego, el propio Castro fue mostrando cómo ese vínculo se desgranaba. Lo hizo en el voto de la ley antidespidos, donde el moyanismo jugó a media máquina: votó a favor del proyecto del opositor FvP, pero sin dar quórum en la sesión especial que había convocado, y sin batir a fondo el parche ante el veto inmediato que dispuso Macri. Ahora, Florencia se sumará a un bloque moyanista que registra nuevas cicatrices como el desaire de Macri en la AFA.

A ese tablero de tironeo entre sus dos afinidades, Florencia deberá sumar un nuevo factor. Y es que su antecesor, impulsor e inspirador Enrique Castro –como ella lo define- tenía una excelente relación personal y política con el gobernador Sergio Uñac, quien a su vez lógicamente no pertenece al ambiente de sus dos influencias políticas excluyentes.

En tren de seguir la estrella del Oso Castro, seguramente Florencia también intentará mantener la buena sintonía con el Ejecutivo provincial. Y por lo tanto tampoco resultaría extraño encontrarla en acciones comunes, en especial en los puntos de interés de la provincia. Recién asume, el corto plazo lo irá revelando.

 

 

 

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