"Yo soy una camionera más”, pronunció la nueva diputada
nacional Florencia Peñaloza para definir su rol en un sillón que ni se habrá
animado a soñar pero ocupará 3 años y medio. Toda una definición que le condicionará
el tránsito, le cabrán las generales de la ley de estos tiempos para los
camioneros como ella. Veamos.
Como basualdista de origen tendrá el tiro corto de la
influencia del senador, cada vez más inclinado hacia el macrismo y sin ánimo de
disimularlo. Como moyanista, la nueva hoja de ruta señala que Macri acaba de
tirar a la banquina a don Hugo, y eso le señalará la ruta para el otro lado. Y
como castrista –acepción sanjuanina, no cubana- no podrá descuidar cierto
contacto frecuente con el gobierno provincial y por qué no algún voto en
sintonía. Dos y hasta tres sectores, con intereses inversos, que se disputarán
su mano alzada.
Con el espacio de Roberto Basualdo tiene hasta vínculos
familiares. Su madre, una histórica militante del espacio del senador, trabaja
en el bloque basualdista de la Legislatura local, justamente donde despuntó
hace un par de períodos el propio Enrique Castro. Cuentan quienes la conocen
que es una de las más laboriosas en términos políticos en el departamento de
Capital.
Esa hiperactividad la trasladó a su hija, quien hizo sus
primeros palotes a su lado y conoció justamente en ese ámbito al fallecido
Castro, al punto de convertirse en la abogada de mayor confianza para el gremio
camionero. Los que confrontaron con ella en alguna audiencia de la Secretaría
de Trabajo conocen su carácter impulsivo y su condición aguerrida.
Toda la carrera política de Florencia estuvo enmarcada en el
basualdismo, de punta a punta. Como lo estuvo el recorrido de Castro desde
siempre, en la Legislatura, desde afuera aceitando los vínculos con Moyano. En
fin, fuera de discusión la condición basualdista de la nueva legisladora
nacional.
El asunto es que Basualdo está cada vez más decidido a
respaldar al gobierno de Macri, y los camioneros están cada vez más decididos a
combatirlos. Y ella no podrá actuar en las dos direcciones a la vez, tal parece
ser el caso.
El senador, de última recorrido a la par de Sergio Massa,
aparece cada vez más visible como puntal macrista en el Senado. Y es coherente:
siempre intentó una comunión de caminos entre Sergio y Mauricio, y sus ideas
políticas y económicas siempre sintonizaron con la obra que lleva adelante el
presidente. En todas las votaciones en las que tuvo que levantar la mano este
año, Basualdo apoyó las decisiones de Macri, pese a que varias de ellas fueron
repelidas por Massa y su gente. Por caso, la ley antidespidos. Claramente
entonces, Basualdo aparece en los hechos mucho más cerca de Macri que de
Massa-Moyano.
La cosa es que también por estos días Macri acaba de tirar
por la borda cualquier acercamiento con el líder camionero. Todos sus gestos
van en el sentido contrario: le vetó la ley por la que militó el sindicalismo
generalizado Moyano incluido –obteniendo en este punto un acuerdo menor de no
beligerancia entre las partes-, y luego le sacudió la alfombra de la AFA cuando
el eje Moyano-Chiqui Tapia tenían todo para servirse.
Esa especie de intervención virtual por medio de IGJ en el
ente nacional del fútbol recrudeció la relación de Macri con Moyano. Que había
nacido fértil en tiempos de campaña presidencial cuando el camionero y otros
gremialistas anti K le dieron al ahora presidente la dosis de peronismo a aquel
ya célebre acto de entronización de la imagen de Perón. Pero que terminó de
desmoronarse una vez que Macri comprobó la amenaza que sería Moyano –o su yerno
sanjuanino Chiqui Tapia- sentado en el sillón de Grondona.
No hay que ser demasiado despierto para comprender que hubo
una mano del gobierno nacional en la frustración de las elecciones de AFA
previstas para fin de mes en las que Moyano era favorito a fusta alzada de la
mano del trabajo del sanjuanino entre los clubes del interior y del ascenso.
Eso dejó a Moyano sin el pan y sin la torta: sin la CGT unificada, para la cual
ya no suena como postulante excluyente como en otros tiempos, y sin el
escritorio para el que había apostado todas sus fichas y tenía expectativas
sólidas. Los siguientes capítulos de la misma novela podrán ser medidas de
fuerza, alguna escalada verbal del camionero contra el clima económico, y
siguen las firmas.
Es en ese escenario en el que le tocará a Florencia Peñaloza
salir a la cancha. En un momento en que ser basualidista y ser camionera no
serán dos cosas cómodas de llevar de manera simultánea, y que por lo tanto podrá
atentar no sólo contra su tranquilidad en la banca sino también contra la
convicción a sus dos espacios de pertenencia sin discusión.
La escolta de Chiqui Tapia para llevarle tranquilidad puede
resultar insuficiente para solidificar su relación con Macri y hasta con
Basualdo, si las cosas entre el presidente y el líder camionero se complican
aún más, como parece ser el camino.
En eso, podrá comprobar Florencia que si bien reemplaza a un
diputado nacional con las mismas convicciones y pertenencias –el basualdismo y
los camioneros- un sencillo cambio en el sentido de los vientos es suficiente
para que los tiempos sean rotundamente diferentes. En su caso, para peor.
A Castro le tocó vivir la primavera de la relación de Moyano
con el presidente, que se fue desgajando en los últimos tiempos como lo fue
registrando el propio voto del desaparecido legislador sanjuanino. Como la mano
levantada al voto que había pedido Macri en favor del pago a los fondos
buitres, cosa que sería bastante inimaginable en los tiempos que corren.
Luego, el propio Castro fue mostrando cómo ese vínculo se
desgranaba. Lo hizo en el voto de la ley antidespidos, donde el moyanismo jugó
a media máquina: votó a favor del proyecto del opositor FvP, pero sin dar
quórum en la sesión especial que había convocado, y sin batir a fondo el parche
ante el veto inmediato que dispuso Macri. Ahora, Florencia se sumará a un
bloque moyanista que registra nuevas cicatrices como el desaire de Macri en la
AFA.
A ese tablero de tironeo entre sus dos afinidades, Florencia
deberá sumar un nuevo factor. Y es que su antecesor, impulsor e inspirador
Enrique Castro –como ella lo define- tenía una excelente relación personal y
política con el gobernador Sergio Uñac, quien a su vez lógicamente no pertenece
al ambiente de sus dos influencias políticas excluyentes.
En tren de seguir la estrella del Oso Castro, seguramente
Florencia también intentará mantener la buena sintonía con el Ejecutivo
provincial. Y por lo tanto tampoco resultaría extraño encontrarla en acciones
comunes, en especial en los puntos de interés de la provincia. Recién asume, el
corto plazo lo irá revelando.