Sin siquiera haber escuchado las palabras que se dijeron dentro de la
carpa, alcanza con el gesto de Sergio Uñac de llegar solo a terreno visitante a
escuchar argumentos que se oponen a los suyos para comprender que hay una nueva
dimensión para el tema más espinoso de la provincia por estos días.
Lo mantuvo el mandatario en secreto hasta último minuto, lógicamente con
la pretensión de no darle tiempo a ninguna reacción organizada y de jugar con
el factor sorpresa. Lo consiguió: nadie registró su llegada hasta minutos
antes, por eso el encuentro fue franco y frontal.
Lo que se dijeron fue previsible. Los asambleístas, que quieren frenar
la explotación minera en Iglesia a como dé lugar, sin el más mínimo margen para
alguna posibilidad intermedia. El gobernador, que la provincia ha tomado una
decisión de desarrollar la actividad minera, pero que se compromete a ser
inflexible con los accidentes ambientales como el que ocurrió en setiembre
pasado en Veladero. Incluso, explicó las acciones que tomó el gobierno y la
multa que aplicó.
Difícil que germine algún punto en común entre ambas posturas. Pero lo
más importante no fue lo que se dijeron sino lo que deja como moraleja la
actitud del gobernador Uñac. Lo primero fue la audacia de llegar caminando y
prácticamente sin compañía al núcleo duro de mayor oposición a una política
pública como son los asambleístas jachalleros que acampan en la plaza.
Una jugada que tiene sus riesgos, pero que le salió redonda: no sólo
pudo comunicarse mano a mano y civilizadamente con los que reclaman con argumentos
diferentes a los suyos, sino que además elevó la relación a un status distinto.
Marcó otro estilo en este punto con José Luis Gioja, quien también tuvo que
padecer los ruidos de redoblantes y de los desbordes de parte de los
manifestantes, pero en su caso prefirió siempre ignorar por más alto que
subieran el sonido.
Sergio Uñac en cambio tomó por otro camino. No sólo escucharlos, sino
además hacerlo en condición de visitante. Sin la barrera que pueda suponer la
jerarquía, sino en el mismísimo lugar donde se produce el desencanto de los
disconformes. Todo un estilo personal, que viene desde hace tiempo: se lo
recuerda en condición de vicegobernador cuando solía ir siempre un poco más
allá en el contacto con los sectores más disconformes.
Tiene algo importante para ganar en esta jugada. Lo que le queda al
alcance de la mano es el ejercicio del diálogo en su expresión más genuina, sin
que eso represente concesiones. Si bien el hecho de aceptar el contacto cara a
cara no implica que los manifestantes resulten en todo conformes, y menos aún
si el gobierno persiste en visión de impulsar a la minería que es el sentido
inverso del pedido de la asamblea, al menos consigue un elemento muy preciado:
bloquea cualquier queja por no haber escuchado a todas las partes involucradas
antes de tomar una decisión. No es poco, en tiempos en que la búsqueda del
diálogo aparece como un imperativo social.
Al día siguiente le tocó al rabino Bergman y al diputado Eduardo Cáceres
comprobar en propia piel que el terreno jachallero es patinoso. Fue a medir la
temperatura el ministro nacional de medio ambiente para sentir en carne propia
esas noticias que le llegan a su despacho porteño. Y lo comprobó desde el
inicio, cuando le quisieron impedir al diputado que participara de la asamblea
y el propio funcionario nacional consiguió hacer prevalecer la racionalidad.
Hizo un paso fugaz, el suficiente como para comprobar que la cosa no es
sencilla para ningún dirigente político de ningún color y que el estado de
movilización de Jáchal es evidente. Pero fue un paso institucional en el mismo
sentido, marcar presencia y no dejar el territorio liberado a los incendiarios.
Regresó a Buenos Aires Bergman con la sensación de haber hecho lo que
pudo: un poco de presencia y de contención. También, con la certeza de que las
acciones públicas deben ser respaldadas por el sector privado, que aparece como
escondido detrás del funcionariado que sale a poner el pecho.
Lo resaltó el director de Minning Press Daniel Bosque en su última
editorial, luego de su viaje a Toronto junto a la comitiva argentina. Mucho
ruido y pocas nueces de parte de los protagonistas para quienes se abren los
caminos, que son los hombres de negocios. En la CAEM, resalta el analista, han
contratado a trajeados consultores de opinión pública, pero los consejos del
especialista no han alcanzado o no han ido en la dirección de abandonar la
madriguera del bajo perfil (que Boque prefiere definir como "low profile”) en
un momento bisagra para la actividad.
Narra Bosque: "Mining Press pudo recoger el fastidio de funcionarios
acerca del silencio que ha observado la minería privada para comunicar los
números de la actividad, hoy en crisis por el ciclo de precios bajos de los
minerales. Según estas fuentes, en el círculo presidencial hay malestar por el
bajo perfil de las empresas y las cámaras mineras. "Les dimos lo que
querían y ahora no son capaces de defender la justicia de la medida”, dijo un
vocero anónimo e inobjetable”.
Se nota también en San Juan, donde los actores protagónicos del sector
empresarial han guardado los violines hasta que el temporal se apacigüe. El
asunto es que si no aparecen sumando su granito de arena a la comunicación de
cara a la sociedad –provincial y nacional- es posible que el temporal resulte
más difícil de domar a medida que pase el tiempo. Y ya no serán suficientes las
acciones de los que deciden salir al cuerpo a cuerpo.