Justo estaba en el lugar indicado, y la puerta se abrió. Se puede atribuir a la oportunidad, a la fortuna o a las dos cosas, el asunto es que Serio Uñac pudo tener su momento a solas ni más ni menos que con la presidenta Bachellet a un mes exacto de haber asumido.
Cierto también es que el gobernador se había tomado el avión para darle una chance a que la varita lo tocara, y que el hecho de haber tenido éxito en su misión despertó alguna clase de celo. Allí se anotaron primeros algunos periodistas mendocinos preguntándose cómo podría resultar posible que el primer cara a cara con la jefa de Estado chilena haya sido con el gobernador sanjuanino y no con el de Mendoza, si lo que tácitamente se da por supuesto es que correspondiera que el primero en desfilar resultara Alfredo Cornejo, quien aún no tuvo la chance de visitar en la histórica Moneda a la presidenta chilena.
Uñac se sacó elegantemente de encima la invitación a revalidar en nuevos capítulos este viejo clásico regional. A la pregunta asombrada sobre las razones de este supuesto desaire, el gobernador sanjuanino contestó minimizando su propia capacidad de gestión bajo el argumento de que en realidad él había ido a Santiago a participar de un evento de municipalistas que preside a escala regional. Y que justo allí estaba Michelle.
Todo verdad, cierto es que los matices son los que le dan el color a la cosa. Sirvió para que nadie pensara que se estaba pasando de vivo, ni saltando la teórica jerarquía menduca para reclamar el gesto de ser primeros. La cosa fue que ya para esa hora, el que había pasado por el despacho presidencial chileno había sido él y no otro colega limítrofe con asuntos en común con los vecinos transcordilleranos.
Y que la reunión le había dejado un sabor incomparable. Aparte del vértigo de pasar por la recepción en un edificio con tanta historia y de codearse con una jerarquía presidencial como Bachellet en reunión exclusiva, había escuchado de la propia boca de la mandataria las palabras sagradas. Que el túnel por Agua Negra era para ella una prioridad y que haría todo lo que estuviera a su alcance para que la tan esperada (y demorada) licitación de la obra ocurra en la primera mitad de este año.
Gestos al margen, dicho esto de su boca en un país declaradamente centralista en el que la mayor parte de las cuestiones pasan por las manos del Ejecutivo nacional, tiene un efecto inigualable. Ratificado pocos días después cuando ya en San Juan recibió la llamada de Alfonso Prat Gay para contarle que había estado en el foro de Davos con su colega chileno Rodrigo Valdés y que éste le había confirmado que recibió la orden de la presidenta para agilizar las cuestiones burocrática ya ahora que estaba definido quién y cómo pondría los US$ 1.500 millones que hacen falta. Y vuelto a confirmar la semana que termina, en un nuevo viaje a Uñac a Buenos Aires con nuevo encuentro con Prat Gay, y la confirmación del buen sendero para el túnel como consecuencia.
La chilena fue la escala más relevante del agitado primer mes efectivo de gestión de Sergio Uñac, no la única. Enero marcó lo previsto, un rápido reacomodamiento simultáneo entre la provincia y la Nación, ambas dimensiones bien diferenciadas en sus complejidades porque San Juan se trató de un cambio de estilos y personalidades sobre la base de una gestión con un grueso de aspectos compartidos entre los sucedidos y los sucesores. Cambios al fin, tanto protagonistas como ciudadanos debieron afrontar el necesario proceso de acomodamiento. Y a eso agregar el acople a una gestión nacional que también arrancó con la fusta debajo del brazo, a imponer su sello desde el día uno que el destino dirá con qué resultados.
Esas placas tectónicas en actividad entre una acción macrista implacable en sus formas y una oposición nacional tratando de encontrar la manera de reaccionar, hicieron epicentro también en San Juan, como si fuera poco. Con el ex gobernador José Luis Gioja ejerciendo localía y conducción, y la plana mayor de los gobernadores puestos en fila a lo largo de la mesa, también allí Sergio Uñac hizo gala de una rápida adaptación que lo depositó en el podio de los jefes territoriales junto a otros de más largo recorrido como el salteño Urtubey.
No sólo en la cita sanjuanina, donde Uñac llamó a sus colegas a la reflexión con tono de líder para no desperdiciar el esfuerzo y concentrarse en un punto (el de la coparticipación), sino también en la virtual continuidad del evento sanjuanino que fue en la Capital Federal y con uno de los ministros clave de Macri, Rogelio Frigerio, sentado del otro lado del mostrador.
Por ser local, por condiciones personales o por lo que sea, fue notoria la irrupción de Uñac como una de las voces cantantes entre sus colegas del PJ, 12 mandatarios entre los que no hay nombres rutilantes y cuyos dos nuevos conductores naturales comienzan con la U: Urtubey y Uñac. Para ellos no es una jugada fácil: tienen sobre sus espaldas nada menos que el peso de la gobernabilidad de sus distritos, pero además la responsabilidad de plantear una voz disonante ante la Nación y más aún si lo que está en juego son los recursos coparticipación.
Quedó claro que el disparador del enojo fue la actitud unilateral de Macri de decretar un aumento de los fondos para la Capital Federal, lo que naturalmente puso en guardia a los jefes del otro palo por cuestiones de la naturaleza: si pudieron hacerlo sin que nadie se despeinara en un asunto que lleva kilómetros de tinta y saliva recorridos sin resultados, por qué no podría corregir por decreto la relación con el resto.
También la oportunidad, a río revuelto. Porqué no pensar que en estos movimientos de partos no será posible extraer una gema dorada para todos: el bendito 15% de coparticipación ordenado por la Corte para que la Nación devuelva a las provincias, pero que la gestión de Macri limitó sólo a los litigantes con el horizonte de negociar con el resto. Donde lógicamente mete la cola la política.
En ese contexto revuelto, de arenas movedizas y de oportunidades a la vez, es en el que irrumpió con con fuerza la figura del joven gobernador sanjuanino. Habrá trabajo de sobra en el rosqueo con la Nación, lo que demandará puntería para subir el volumen o accionar el freno. Tuvo Uñac una buena sintonía inicial con los funcionarios de Macri, y eso es un activo de lujo para todo aquel que pretenda cuidar la actividad en su provincia en un país con el diseño del nuestro. Claro que aparecen desafíos que atravesar: el trato parlamentario de los proyectos del gobierno nacional, que no tiene número ni en Diputados ni en el Senado y buscará el respaldo de los jefes provinciales aunque sean de otro palo, primero en agenda. El cisma en el bloque del PJ de esta semana fue un capítulo más de eso.
Buen ejemplo de esa sintonía en el mismo dial lo dio lo que ocurrió en la Rosada al día siguiente de la cita sanjuanina. Allí ocuparon la primera fila los gobernadores de la U, los mismos que salieron a hablar con los periodistas junto al ministro Frigerio. Esas cosas, como tantas otras, no son causuales. La gestualidad manda.
Tanto allí como en la siguiente estación de esta escala, la mesa de A dos voces en TN, Uñac debió desarrollar su planteo ante la mirada de Frigerio, es decir su contraparte. El ministro que maneja las relaciones con las provincias y que tampoco por algún accidente del destino sino por motivos bien calculados, dispone también entre su abanico de funciones la de levantar o bajar el pulgar a las obras en las provincias. Palabra santa en San Juan, provincia refundada a tracción de la máquina cementera con financiación nacional y buena vibra nacional, como atestiguan los pasados 12 años.
Por eso debió buscar el punto de equilibrio Uñac ante ese auditorio. Ni muy muy, ni tan tan. Nada de palabras beligerantes, más bien gestos amistosos. Diálogo y acuerdo, sin dejar de plantear la objeción de fondo sobre el reparto.
El buen clima bilateral quedó retratado al día siguiente, cuando el presidente Macri aterrizó como tal por primera vez en Mendoza, tierra que puede considerar como propia en términos políticos porque allí coronó a un radical de su producción como Adolfo Cornejo. Debe a Mendoza también Macri una parte de su triunfo nacional, tan estrecho que deberá valorar los distritos en los que sacó diferencias aunque sea mínimas. Córdoba y Mendoza son las que más votos le dieron, cae por obvia la reflexión de que era de esperar una visita bien temprana a territorios mendocinos.
Lo dicho, en política los gestos lo dicen todo y allí estuvo el viaje cuyano, también la invitación a participar al sanjuanino Uñac, que aceptó gustoso. Proa a Mendoza entonces, a participar de un escenario ajeno en parte en el que no desentonó. Más bien lo contrario, tuvo oportunidad de agarrar el micrófono y desplegarse a sus anchas sobre el tema que más lo apasiona y que en Mendoza también es lógicamente top: la vitivicultura, cómo remediar la crisis de precios y su enfoque sobre la necesidad de concentrarse en la cadena de valor.
Lo aplaudieron todos, en un tono que sorprendió. El primer viaje de Uñac a Mendoza en calidad de gobernador no había sido testimonial. Ni turístico.