Si bien la expectativa en esta primera renovación de la Corte luego de 20 años está puesto en cuestiones generacionales y de género, los nombres que más suenan circulan por el carril opuesto: son varones y de larga trayectoria. Igual, hay un par de datos a tener muy en cuenta al momento de evaluar a los posibles reemplazantes de Carlos Balaguer. Uno, que como las plazas serán seguramente más de una en un plazo intermedio (ver nota aparte), muchos de los postulantes que figuran entre los posibles pueden encontrar lugar en los próximos turnos si no es éste. El otro, que las fuentes judiciales consultadas señalan que puede haber un tapado que irrumpa sin figurar en los cálculos previos.
La expectativa en Tribunales pasa por un par de ejes claros: el de un cambio generacional y el de una mujer. Lo primero, teniendo en cuenta que todos los actuales integrantes de la Corte que continúan están en condiciones de jubilarse porque pasaron los 65 años de edad, lo que señala claramente que la edad promedio del máximo tribunal es muy elevado y reclama entonces la irrupción de figuras jóvenes. Lo segundo, el frío hecho de que jamás una mujer ocupó un sillón en la Corte sanjuanina, y por eso en este proceso de renovación aparece la posibilidad de hacerlo, como ocurrió con la ya fallecida Carmen Argibay en la Suprema Corte en el 2004 fundando a nivel nacional el período de juristas mujeres.
Los primeros nombres que se escucharon en Tribunales inmediatamente después de la vacante anunciada por Balaguer no van exactamente en ese sentido. Y hay que dividirlos por franja de procedencia, porque cada uno representa lógicas distintas.
El más pronunciado tanto adentro como afuera del palacio es Guillermo De Sanctis, un hombre que desde hace años figura en un teórico espacio de reserva para la Corte y que es muy bien recibido por casi todos los rincones de Tribunales, donde le reconocen su condición de jurista con un ingrediente político. Es, además, un fuerte actor en la causa más escandalosa de la historia de los tribunales locales, la megaestafa de las expropiaciones, y por lo tanto su hipotético ascenso a la Corte significaría un reaseguro para la continuidad de la instrucción de la causa, que muchas veces se chocó de frente con cierto inmovilismo judicial.
Pero justamente eso es también uno de los frenos a su designación. Porque la eventual llegada de De Sanctis a la Corte sería desvestir a un santo para vestir a otro. Hoy De Sanctis ocupa la Fiscalía de Estado y ha producido un evidente ordenamiento en una repartición en extremo sensible que cubre las espaldas no sólo al gobierno sino al ciudadano y sus intereses, y que por décadas ha sido descuidada. No sería simple entonces producir semejante reordenamiento, más allá de las ganas.
Oro caso similar sería el de Eduardo Quattropani, actual fiscal general de la Corte. Se ha comentado en estas líneas que un cambio de perfil desde el Ministerio Fiscal al máximo tribunal –con cuyos integrantes mantiene un trato como mínimo distante- no le disgustaría, con la condición de que la renovación resultara general. Pero eso significaría también ponerse en la obligación de renovar también a la máxima autoridad de los fiscales, un cargo muy importante para el que no faltan postulantes pero que significaría un claro cambio de paradigma. Más aún si se aplica el inconcluso cambio impuesto por el nuevo código procesal penal que modifica sustancialmente el método de instrucción, depositando la responsabilidad del avance en los fiscales y convirtiendo al Ministerio Público en una institución de mucho más peso que el actual.
Similar renovación aguas abajo representaría una postulación para ascender a la Corte del actual diputado Daniel Tomas, porque debería renunciar a su banca nacional donde lo reemplazaría el bloquista Chanampa (¿dos bloquistas en el Congreso junto a Graciela Caselles y en plenas tempestades en el FpV?), a su vez diputado provincial que debería dejar su lugar al siguiente. Un enroque a tres bandas generaría la llegada de Tomas a la Corte, que de todos modos fue y sigue siendo un nombre que siempre se pronunció para la primera vacante que se produjese. Los motivos son claros: Daniel Tomas fue siempre el principal ariete de José Luis Gioja en su vínculo con Tribunales, y desde su ámbito de influencia llegaron muchos nuevos jueces en los últimos años. La lista es larga, cierto es también que los tiempos políticos cambiaron.
Por la misma línea política hay otros posibles nombres que también sonarán a lo largo de todo el período de recambio. Uno de ellos es el del diputado provincial Pablo García Nieto, legislador y dirigente rawsino que trabó en Diputados excelente relación con Sergio Uñac y que está en la conversación de las movidas tribunalicias porque integra desde hace años en Consejo de la Magistratura. Pero desde el entorno del legislador se encargaron de frenar las expectativas y fueron terminantes al señalar que de ninguna manera estará en la grilla para este cargo.También se escucha el nombre de Marcela Monti, diputada departamental por Pocito por segunda vez consecutiva y también integrante del Consejo de la Magistratura el año pasado, por lo tanto inmersa en el particular ronroneo de las mesas judiciales. En su caso, también significaría inaugurar el casillero de mujeres.
De la franja de los abogados litigantes, otra fuerte de provisión de nombres para casos como éste, el nombre que se nombra más nítido es el de Rubén Pontoriero, aunque nunca expresó su voluntad y éste tampoco es el caso. Activo penalista, Pontoriero forma parte de la querella en la megacausa de las expropiaciones y eso puede funcionar como elemento de respaldo o al revés, porque si se va de su trabajo debería hacerse cargo otro profesional, con las demoras que eso puede generar.
Otro nombre importante en el rubro de abogados con aspiraciones a llegar a la Corte es el de Oscar Cuadros. Flamante integrante del Consejo de la Magistratura por el voto de sus colegas, Cuadros ya hizo escuchar su postulación en los oídos de referentes de la Iglesia. No hay otros nombres rutilantes desde los abogados, aunque la lista sería interminable si se anotara a los que más silenciosa o más ampulosamente se inscriben en las mesas de café de la zona.
De lado de los jueces de menor jerarquía que siempre pretender escalar a lo más alto de la escala judicial, se produce en hecho muy particular. Y es que la inmovilidad de los últimos tiempos en los recambios como consecuencia de la ausencia de una moratoria como la que hoy opera para la salida y que hacía que antes retuvieran sus cargos porque el retiro no les era rentable, hace que hoy los jueces sean o de edad muy avanzada o muy jóvenes.
Hay toda una franja intermedia en edades que está, en general, ausente. Entonces, los de mayor experiencia están al borde del retiro, por lo tanto desmotivados para postular a la Corte. Y los más jóvenes que ingresaron en los últimos 2 o 3 años no tienen la experiencia necesaria, aunque pintan al menos un par con capacidad de sobra.
De lo que se ha podido escuchar, sobresale el nombre de Juan José Victoria. Actual camarista civil y de reconocida trayectoria, sería número puesto si lo acompañara la salud. El año pasado fue noticia porque le envió un mensaje el propio Papa Francisco por ese motivo. Pese a eso y a que no se anota en la tendencia de renovación generacional, tampoco habría que descartarlo.
En el mismo rubro de jueces también se anota una mujer. Se trata de la jueza Mónica Lucero, de larga trayectoria en la integración del Colegio de Magistrados y en la vida institucional, aunque no tuvo suerte todas las veces que se anotó para ascender a camarista y por un motivo u otro nunca pudo coronar. Esta vez, si bien el salto es grande, volvió a hacer saber que si buscan a una mujer a ella la deberían anotar. También desde la vida institucional de los magistrados surge el nombre de otra jueza: se trata de Elena Beatriz De la Torre Yanzón, titular del 9º Juzgado Civil, de bajo perfil, pero activa en la magristratura.
Justo en el casillero generacional de género femenino aparece una mujer que si la vacante se hubiera producido durante la gestión de José Luis Gioja sería una fija. Es Mara Alcoba, la asesora letrada de la mayor parte de la gestión giojista y verdadero brazo ejecutor de todas las determinaciones en el plano judicial. Durante esos tiempos, no hubo decisión que no pasara por su visto bueno, es especial todas aquellas delicadas que requerían una opinión jurídica de relieve.
Antes de que se despidiera Gioja, la mujer –hermana del ex ministro de Hacienda, Paco Alcoba- pasó a la misma oficina pero en Tribunales, de modo que ya ocupa el edificio y ante una eventual mudanza a la Corte no debería recorrer tanta distancia. En el nuevo esquema político sigue siendo una opción, pero hay un problema que hasta acá parece insuperable: su propia voluntad.
Hubo quienes en Tribunales fueron a explorar si verdaderamente tiene intenciones, pero lo que se encontraron fue con una terminante negativa. Igual, hasta acá nada parece definitivo y hay tiempo para que en el mes aproximado que queda de distancia hasta que el Ejecutivo provincial nomine a un postulante ante la Legislatura (presumiblemente en sesiones extraordinarias) la lista vaya cambiando y hasta aparezca un tapado que modifique el paño.