No parece haber cargos de por medio, ni siquiera el
clásico interés que enhebra a las expresiones políticas donde quiera que éstas
estén: la ocupación de espacios de poder. A Roberto Basualdo le cae particularmente
ajustado al talle la palabra y la acción de Mauricio Macri, y esa natural
afinidad no tardó demasiado en expresarse ni en dejar tela para cortar en el
escenario político de San Juan.
Quedó claro en el primer movimiento definitivo en
el Senado, escenario que será en adelante la madre de las batallas luego de la
conquista macrista de dividir al bloque peronista en Diputados. Allí decidió
Sergio Massa abrir su propio bloque entre los dirigentes con los que pudo
definir afinidad política, y sólo encontró a tres honorables dispuestos a
ponerse ese traje: el cordobés Carlos Caserio, enrolado con De la Sota –ex
postulante a vice del propio Massa-, el chubutense Alfredo Luenzo, alineado con
el gobernador Das Neves, y la fueguina Miriam Boyadjian. El bloque se llama
UNA, idéntico nombre de la agrupación política, y en sus filas hay una ausencia
notoria: quien fuera candidato a gobernador en San Juan por ese sello, el
senador Basualdo, quien prefirió esquivar por ahora la invitación.
Prefirió rumbear el sanjuanino para el lado donde
siempre dice que estará: cerca de su amigo e inspirador en la política, el
puntano Aldolfo Rodríguez Saá. El Adolfo fue candidato presidencial también en
octubre, también fue arrastrado en San Juan por su amigo, pero se quedó con la sangre
en el ojo con Massa. Fue cuando el propio Basualdo los reunió a los tres
(Massa, Saá y De la Sota) en su casa de calle 5 para poner el cimiento de
acuerdo entre los tres, pero al puntano lo dejaron afuera sin que nadie
comunicara motivos oficiales.
Quedó el Adolfo pedaleando en el aire, y hasta el
propio Roberto fue descolocado en su intento. Igual siguió fiel a Massa, pese a
que no desistió en sumar al Adolfo y lanzar todo tipo de señales a Mauricio
Macri para marchar juntos, al menos en San Juan. No pasó nada, los intereses y
los recelos a nivel nacional pudieron más, pasaron las elecciones y llegó el
momento de tallar de nuevo el naipe.
Las anécdotas también cuentan. La última vez que
Roberto vio a Massa fue hace dos meses, cuando el tigrense le pidió encabezar
un bloque de senadores entre los massistas y los peronistas del bloque federal,
pero con la condición de que el líder fuera el sanjuanino y no el Adolfo. La
respuesta está a la vista.
Poco queda ahora de aquel granítico encolumnamiento
de Basualdo con Massa, si bien son ciertas las dificultades de distinguir con
nitidez los movimientos del hombre de Tigre respecto del nuevo presidente.
Surgieron además un par de líneas divisorias que dejaron por naturaleza a
Roberto Basualdo más inclinado del lado de Macri que de su ex presidencial a
quien trajo de su mano a recorrer la provincia hace apenas 4 meses.
Una es la decisión del presidente de eliminar las
retenciones a la minería. Que Sergio Massa se encargó en persona de utilizar
para raspar a la administración nacional, indicando que con ese dinero que
resigna el tesoro nacional a manos de grandes empresas –unos 4.000 millones de
pesos- se podría haber tenido mayor generosidad con la elevación del piso de
Ganancias a los trabajadores.
Sinuosa manera de cuestionar una medida a la que el
propio Basualdo le puso el cuerpo en el mismísimo anuncio montado en Barreal
con la cordillera de fondo. Se vino disparado Basualdo una vez conocida la
invitación, como contó Tiempo de San Juan en su anterior edición, sólo para
hacer más visible su respaldo a una decisión que considera enmarcada en los
beneficios para las economías regionales. Y que Massa empleó para desgastar a
Macri, más a tono con sus candidatos antimineros de Mendoza y La Rioja que con
Basualdo.
La otra jugada de Massa que descolocó a Basualdo
fue su postura respecto del 15% de coparticipación que reclaman las provincias.
Es un cuento largo porque viene de un fallo de la Corte en beneficio de 3
provincias que CFK extendió al resto por decreto antes de irse y que Macri
retrotrajo por DNU apenas asumir. En la comisión parlamentaria de seguimiento
de los DNU, el único legislador de Massa cortó la cadena de afinidades con
Macri y amagó insistentemente con votar en contra, aunque luego corrigió y lo
hizo a favor bajo la promesa de la presentación de un plan para devolver
esos recursos. Pero Basualdo nunca estuvo en línea con ese camino inicial. Pese
a que el propio Adolfo, también integrante de la bicameral de seguimiento de
los DNU, también amagó con el mismo camino que los massistas.
No es que Basualdo desconozca el valor que tiene
para las provincias una suma de semejante calibre en el caso que se fuerce a
retroceder a Macri en el Congreso–que para San Juan representan unos $2.500
millones anuales-, sino que prefiere la cautela en el hecho de que sea el
Parlamento quien lo frene, y en el impacto que esa decisión pueda tener en las
cuentas públicas nacionales.
El Adolfo –ahora líder del bloque del Peronismo
Federal que dispone de 7 asientos en el Senado, entre ellos el de Basualdo-
tiene más hilo en el carretel: representa, justamente, a una de las provincias
que le ganó el pleito a la Nación en la Corte, y que recibirá desembolsos
forzados vía judicial, le gusto o no a Macri. Igual, también ha guiñado no uno
sino los dos ojos en más de una oportunidad. En ese grupo, cada vez más
separado de Massa, se encuentra ahora el senador sanjuanino que hizo una
excelente elección en último turno electoral de San Juan con casi un tercio de
los votos efectivos.
Además, su afinidad con Macri está apoyada en pura
lógica. Provienen ambos del mundo empresarial, manejan mismo tipo de afinidad,
merodean la misma calidad de interlocutores. Y piensan muy parecido respecto
del modelo de país. Hay que buscar para encontrar, si uno pretendiese hacerlo,
alguna crítica de Basualdo al rumbo económico del país emprendido por Macri en
los dos últimos meses. Por el contrario, lo único que descubre ese archivo
reciente es una sintonía detrás de la otra.
Que a la vez es recíproca. Está presente el gesto
presidencial de traer a Barreal a Basualdo para la foto oficial del fin de las
retenciones mineras, pero ese es apenas uno de los innumerables movimientos
mutuos. También están los esfuerzos desde la Nación por no producir en San Juan
ninguna parábola que deje desairado al senador en la provincia, luego de una
pulseada inicial ya resuelta entre Basualdo y Cáceres midiendo quién de los dos
tiene más largo el alcance a los despachos nacionales. Ese chisporroteo ya
quedó en el olvido, han mostrado desde los dos sectores evidentes señales de
convivencia apuntaladas por una demarcación razonable: cada uno tendrá su vía
de acceso, con el compromiso de que el avance de uno no será a costillas del
otro.
Ya se produjo la llegada de un basualdista puro al PAMI,
en una voltereta que de todos lados se encargan se asegurar que no impone
compromisos políticos pese a que la evidencia está allí, para quien guste
decodificar. Habrá otros nombres en proceso de aterrizaje: no es Hugo Ramírez,
recientemente anunciado para el PAMI nacional, pero quien supo ser hombre
fuerte de Macri en San Juan tiene muy buenos lazos con el senador. La grilla es
grande y hay lugar para todos.
Otra novela son los intendentes basualdista, en
pleno arrime con la gestión nacional y tácito desmarque del resto. Marcelo
Orrego y Fabián Martín gobiernan distritos grandes, y cualquier mano nacional
que puedan recibir será bienvenida. Ya se vieron algunas fotos suyas en los
despachos nacionales que manejan fondos, nadie podrá atribuirlas a la casualidad
ni al viento Zonda. Por ese lado Basualdo traducirá las simpatías, sus
jóvenes jefes comunales son la reserva estratégica para su agrupación política,
y para esa supervivencia es esencial que les vaya bien. Se conoce de sobra: sin
recursos, a nadie le va bien.
Pero no hay nada que defina mejor la natural
simpatía del senador con las acciones presidenciales que el modo en que se
refirió a cada uno de sus pasos, incluida su relación con San Juan. Resumida en
una frase que ahora cualquier comentario: "Yo hubiera hecho lo mismo”.