OPINIÓN

Túnel por Agua Negra: Al fin una buena

El anuncio de Daniel Scioli de llevar la obra al primerísimo escenario de la política nacional cortó una especie de mala racha. Terremoto incluido, cuyo impacto y reconstrucción demandará esfuerzos lógicos en Chile. Por Sebastián Saharrea
domingo, 27 de septiembre de 2015 · 12:02
En el mismo momento en que se movía el piso en el preciso lugar que será abrazado por el túnel, corría todavía la ventana temporal de un mes que se dieron a ambos lados de la montaña para tener ya un cronograma de licitación para el gigante. Como en el juego de la oca, le tocó al túnel la prenda de retroceder dos casilleros, pero los recuperó enseguida: esta semana, Daniel Scioli –uno de los principales aspirantes a la presidencia- anotó a la obra entre las prioridades de su hipotética gestión. Lo hizo en público y llamando las cosas por su nombre, gesto nada menor.
 
Recién entonces parecieron aflojar tensiones de los operadores a uno y otro lado que fatigan las líneas para que lo que se anuncia que se hará, y que tiene todo listo para hacerse, finalmente se haga. Y que no llegó hasta este lugar por arte de magia, sino por consecuencia de una larga cadena de peregrinaciones de ningún modo exenta de dificultades. Que se fueron sorteando, pero dejaron su estela en demoras y ansiedad.
 
El terremoto que todavía sacude a la región fue una de ellas, por absoluta lógica. Apenas el mes pasado pudo escucharse de parte del ministro de Infraestructura chileno –el De Vido trasandino- que una vez finalizadas las angustias para el trámite parlamentario en su país que no fue nada fácil, se abría ya el tramo definitivo de los últimos retoques antes de llamar a licitación.
Los tiempos políticos apuran. En diciembre deja sus funciones José Luis Gioja, verdadero factótum de que la cosa haya llegado hasta donde llegó, a punto caramelo. Resulta lógico y justo que sea él quien le baje la bandera al proceso licitatorio, después de haber transpirado durante años y recorrido la ruta San Juan-Santiago (con algunos desvíos necesarios, como Brasilia a ver a Lula) en infinidad de ocasiones.
 
Cualquiera puede afirmar que es un paso natural el que queda, y que no hay razón para retrocesos. También, que resulta tan corta la distancia hasta el punto soñado de disparar la licitación que no hay manera de suponer que no será antes de que el mandatario sanjuanino deje su lugar a su sucesor, el próximo 10 de diciembre.
Pero macana, si uno mira el almanaque notará que sólo faltan dos meses y medio para ese día, y la hoja de ruta histórica de las gestiones por el túnel demuestran que suelen existir imponderables no planificados que retrasan las fechas como un dominó aguas abajo, el último de ellos el terremoto sobre el que luego se particularizará.
 
Vale entonces hacer el ejercicio de remontar hacia atrás las hojas del almanaque. Se podrá hacer escala, a modo de ensayo enriquecedor, en los últimos días del año pasado, cuando el Senado argentino logró aprobar el acuerdo internacional con Chile para la construcción del túnel, lo que motivó una metafórica caravana porque era el paso clave para disparar el proceso.
 
Claro que faltaba apenas un "trámite”: la gestión en espejo del Congreso chileno, es decir que los transandinos hicieran lo mismo. Previsto para marzo de este año, el ejercicio se fue demorando, no por falta de voluntad chilena que en el caso puntual del túnel la hubo y sigue existiendo en un modo asombroso y desbordante de los cálculos previos. Si no porque, como en la vida misma, surgen otras urgencias.
 
Y Chile ha estado particularmente de turno para las catástrofes naturales a lo largo de todo este año, lo que naturalmente le quita gas a la planificación del gobierno para dedicar los esfuerzos a las urgencias. Se pueden contabilizar a título ejemplificador la conmoción interna que se vivió con la erupción del volcán en el Sur, que obligó al gobierno central a dedicar ojos exclusivos a la situación con evacuaciones masivas, y también las inundaciones en toda la franja central con los temporales de junio, que en San Juan azotaron fuerte pero del otro lado de la cordillera dejó varias decenas de muertos además de destrucciones muy importantes en viviendas de gente que quedó en la calle.
 
Todo eso ocurrió hace bien poco, puede explicar en buena parte por qué los poderes chilenos le sacaron el pie del acelerador a lo que se viene planificando por afuera para concentrarse en las urgencias. Pero a pesar de que Chile anduvo todo lo que va del año apagando un fuego tras otro de los desastres naturales, igualmente hubo voluntad para encontrar algún minuto en que se pudiera avanzar con el resto. 
 
En ese resto está el túnel más importante de ese país y de este país, Agua Negra. Y la definitiva aprobación en el Senado llegó recién en agosto, y lo hizo con un sabor muy especial: la decisión chilena de no sólo impulsar la construcción de este emprendimiento faraónico sino también de participar del financiamiento –uno 1.500 millones de dólares- que no estaban en los planes trasandinos.
 
Eso fue el mes pasado y en eso estaban los funcionarios de ambos lados de la cordillera cuando ocurrió el sacudón que aún pone a temblar a la gente. Alcanza con relojear las imágenes de los destrozos justo en la zona chilena que está en el mismo paralelo de San Juan –Tongoy, Coquimbo, La Serena, la exacta zona de influencia del futuro túnel- para comprender que habrá mucho terreno por recuperar de parte del gobierno, a lo largo de mucho tiempo, en infraestructura pública además de lo que haga cada particular.
 
Si bien son cosas diferentes que van por diferentes canales con el túnel, también resulta natural comprender que los esfuerzo prioritarios en Chile se enfoquen en devolver cierto confort a las familias que perdieron todo. Además del cambio de perspectiva y de ocupación que eso significa: el mismo Undurraga que el 2 de agosto se comunicó desde Santiago por teleconferencia con Gioja en San Juan y las autoridades de Coquimbo, señalando que se abre una ventana temporal de aproximadamente un mes para ya anunciar el proceso licitatorio, es el funcionario que está a cargo de la reconstrucción de la infraestructura pública dañada por el terremoto, sin ir más lejos las autopistas troncales que pasan por el lugar.
 
Por eso el anuncio de Scioli de elevar a rango prioritario nacional la obra fue una brisa de aire fresco, formulada por algunos cabuleros como el fin de la mala racha. Se insiste, no menor: la concreción de semejante obra demanda, de arranque, una gigantesca inyección en la demanda de mano de obra para los próximos 5 años como mínimo. La mayoría de ella, sanjuanina.
Se sabe la falta que hace y el poder multiplicador de la construcción en la actividad económica provincial. Que se lo diga un presidencial con chances a todo el país fue una buena –muy buena-, en medio de tantas pálidas.

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