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Opinión

¿Hay un efecto Nisman en San Juan?

Igual que en todo el país, las fuerzas políticas de la provincia sacan cálculos y trazan estratégicas. La ilusión del factor inesperado y la pregunta: ¿puede afectar a Gioja un eventual sacudón contra CFK?

Por Redacción Tiempo de San Juan

Parece mentira que aún con el cuerpo caliente del desaparecido fiscal Alberto Nisman nadie se ponga colorado en diseñar sobre esa misma mesa el tablero político de este año decisivo.

Pero es así, y peor aún: cada paso, cada movimiento, no deja de estar cuidadosamente al amparo de ese interés por maximizar o minimizar –cualquiera sea el caso- los efectos del magnicidio sobre uno u otro bando. Conviene saberlo: nada que se haga dejará de haber sido medido, consultado o estudiado su impacto sobre los intereses de cada interlocutor. En criollo, caranchismo puro por sacar la mejor tajada, celebrar por lo bajo si las cosas se complican, contragolpear con tono fuerte, que la fiscal sea buena o mala según el propio interés, que no haya juez que se le anime, que las pericias dicen. 

¿Y la justicia?, ¿y la investigación? A quién lo importa. En realidad, ¿quién puede seriamente depositar esperanzas sobre un poder que se ha revelado claramente impotente ante cualquier investigación de las gruesas (la propia AMIA, con más de dos décadas de cruda impotencia, o algún otro magnicidio en el país donde también a los 20 años acaba de descubrir que al hijo del ex presidente lo asesinaron, y no se accidentó solo en un helicóptero)? ¿Cómo sostener la expectativa de que se haga justicia en medio del poder republicano (el judicial) que más atrasa, más contaminado y más corporativo de la República, y eso que el Ejecutivo y el Legislativo no se la hacen difícil?

Tal vez sea por eso que en el expediente sobre lo que le pasó al fiscal las cosas parecen estar bastante claras, pero nadie les cree: por el interlocutor (los jueces y fiscales) y por las expectativas que se fueron generando en la tele y los diarios que no coinciden con las pruebas. ¿Qué es lo que ya parece estar claro? Que Nisman se disparó solo, con un arma misteriosamente facilitada por su extraño colaborador Lagomarsino, y que indudablemente fue víctima de un ataque mafioso no convencional. Es decir, nadie entró a su departamento con guates y le disparó a mansalva, sino que le generaron las condiciones para que él solito lo hiciera. ¿Y quién pudo haber sido el autor de ese cinematográfico vacío para crearle las condiciones a Nisman para que él sólo apreté el gatillo? El expediente, la propia denuncia presentada por Nisman unos días antes, la inminencia de un Día D y todas las condiciones que rodean la causa son bien elocuentes, sólo hay que seguir el caminito. Preferimos entretenernos en cambio en las lateralidades de un papelito en el tacho de basura pidiendo la captura de CFK (sin que nadie se pregunte por qué fue a la basura y no a la denuncia), en la lamentable confusión de la fiscal sobre su existencia, en las repentinas vacaciones de la funcionaria o en una denuncia del fiscal malogrado que a duras penas sigue en pie porque ningún juez federal quiere hacerse cargo ante la falta de elementos para seguir adelante y la locura que sería mandarla a archivo. Nos seguirán diciendo que hay que esperar a la Justicia para que se avance, como un latiguillo cruel, mientras fiscales y jueces seguirán debiendo por años si pronuncian o no los nombres de los autores de tremendo acto mafioso. Aún 20 años después, como en la propia investigación de la AMIA.

No señor, lo único que cuenta ahora es determinar cómo queda armado el tablero político de cada a la cita central de este año. Y cada quien adapta su discurso, sus actos y su pose a esas recomendaciones. A repasar entonces.
Lo primero que está claro es que, sin quedar clara y ni siquiera insinuada la autoría del ataque por el interés oficial, la primera víctima política es la presidenta CFK y todo su ámbito de influencia. Primer punto a evaluar: arranca perdiendo por goleada, pero a medida que avanza la investigación y surgen elementos, la cosa puede ir cambiando como ya parece ir haciéndolo. Es un partido largo, con muchas incidencias, y como reza el refrán futbolero, a los partidos hay que jugarlos.

De partida resulta unánime señalar entre los especialistas que miden los humores sociales que un estrago como el de Nisman tiende a afirmar los posicionamientos previos: para los opositores nítidos arraiga ese mismo espíritu, y para los oficialistas lo mismo pero a la inversa. Si se entiende que uno y otro espacio representan alrededor de un tercio cada uno, se está entonces ante la batalla por el tercio restante que son los que van y vienen, y que son los mismos que podrán decidir si el oficialismo no supera el 30% con ballotage y todo en octubre, o gana en primera vuelta. Cualquier lectura terminante al respecto quedará a mitad de camino y será, por lo tanto, apresurada.

Sí hay indicios sobre el impacto y sus posibles efectos. A nivel nacional se estima de partida en alrededor de un 10% el saldo negativo de CFK ante el petardeo de Nisman, habrá que ver si esos humores finalmente se traducen en las urnas. Se conoce bien también que estos impactos no suelen tener el efecto electoral dañino que sí tiene, por caso, un grave afectación al bolsillo. Nunca lo hizo: ni con el crimen del atentado AMIA propiamente dicho en 1994 ni con el crimen de Carlitos Menem en uno año después: en 1995, Menem obtuvo cómodamente su reelección. Esto, igual, es distinto: otros tiempos, otro esquema de poder, otra posición del gobierno ante los medios, otro humor. Se verá.

En San Juan, Gioja no dudó en encolumnarse rápidamente con el discurso del oficialismo. Un día antes de su operación, el gobernador utilizó palabras más livianas pero el mismo mensaje: que a Nisman lo necesitaban muerto, por lo tanto deslizando que fue una gigantesca operación para desgastar al oficialismo. Convaleciente Gioja, el vice Sergio Uñac puso el cuerpo en el encuentro del PJ en que salió a respaldar frontalmente al gobierno nacional ante el impacto, y luego fue a la Rosada para acompañar a Cristina el día que en cadena nacional salió con tapones de punta contando lo del tuit de un tal Lagomarsino, a quien no nombró.

La pregunta es: ¿puede un eventual sacudón en la imagen de la presidenta afectar también al gobierno de la provincia, más aún después de que éste se mostrara sin fisuras cercano a CFK? Respondió el consultor Maximiliano Aguiar en Radio Sarmiento esta semana que la imagen de Cristina en San Juan se parece a un electrocardiograma que sube y baja bruscamente con nada menos que 70 puntos porcentuales en el medio.
Calculó Aguiar que el costo en San Juan del caso Nisman para San Juan está en línea con lo que pasó a nivel nacional, de entre 5 y 10 puntos por debajo, pero que así como se desplomó puede también volver a subir. Futuro imperfecto el de la política, en el que algunos venden la paila con precisión quirúrgica, total después de nadie les pide rendición de cuentas.

Según Aguiar, la imagen de Gioja nunca copió la curva de la de Cristina. Es decir que cuando CFK subió o bajó precipitadamente, la del gobernador se mantuvo con apenas algunos movimientos leves. Donde la presidenta registra curvas prununciadas el gobernador interpreta con leves ondulaciones. Y que este caso no es la excepción.

Si esto es así, deberán esmerarse más entonces lo que pretenden inocular en San Juan el mismo ánimo que en Buenos Aires con el episodio Nisman, copiando los movimientos de sus referentes nacionales como Mauricio Macri y Sergio Massa. Igual, cada uno hace su juego.

Al que le calzó justo es a Eduardo Cáceres, designado por el PRO en la comisión de justicia de Diputados, ariete en la ofensiva parlamentaria de Bullrich y compañía. Las sombras del caso le permiten abrir juego, de ahí a que lo traduzca en votos son dos mangos aparte. Los massistas sanjuaninos, encabezados por Roberto Basualdo, aún no se pronuncian. El resto silencio.

Pesa también, calculaba un colega bien informado, si el impacto en la opinión pública también afecta a Scioli. El bonaerense, al igual que su colega sanjuanino, salió también a decir las mismas cosas que CFK pero con otro lenguaje. Conoce que cualquier movida que asome como una ola, es capaz de tapar a cualquiera.

Igual, la ola todavía no se produce pese a los esfuerzos de los que encienden los motores para apurar la marejada.
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