análisis

José Luis Gioja, un líder para el revuelto peronista

Estuvo a punto de dirigir el bloque de diputados, será vicepresidente del cuerpo y es fija también para presidir el partido. Reacomodamiento de fuerzas en tiempos turbulentos. El único obstáculo.
sábado, 5 de diciembre de 2015 · 09:31

Unos no se quieren ir del todo, otros no se animan a aparecer. Unos especulan con revaluarse después de un hipotético incendio, otros gestionan territorios y le sacan el cuerpo a la idea. Ese revuelto es el peronismo de estos días, desplazados de los tres presupuestos más importantes del país (Nación, Bs. As. y Capital) y recalculando la manera de tomar envión para intentar el regreso.

Necesita, salta a la vista, un piloto de tormenta. Que sea capaz de unificar los enfoques, los discursos y los intereses. Que es, esto último, la piedra angular sobre la que todos coinciden: la necesidad de revertir la situación. No abundan los nombres, en medio de la tormenta perfecta y la sistemática instalación de postulantes sin pinet. Al de Gioja lo pronunciaron hasta los más insospechados: lo hizo esta semana Carlos Kunkel, ultra K que suele aún recordar aquellos encuadres setentistas entre los Tendencia como él y los Guardia.

Pero hubo un solo asunto por resolver, al fin y al cabo el orientador de cada uno de los movimientos políticos que viene dando Gioja en los últimos tiempos y que no tiene relación con motivos políticos: la familia.

Se conoce que el gobernador saliente está acomodado en la casa de calle Güemes de un modo que le será difícil empardar en Buenos Aires, tanto por su recuperación personal luego del accidente como por la comodidad para su esposa y familia. Cualquier irrupción en cargos resonantes supondrá una mudanza: hay espacios que requieren presencia efectiva en la Capital Federal, tal es el caso de jefe de bancada y hasta de vicepresidente.

Más el primero que el segundo. El jefe de bloque es el que enhebra los acuerdos, el que decide si bajar o no bajar, si acordar o no acordar, y luego define su propio discurso de cierre. Más aún en la situación en la que estará la Cámara Baja a partir de la renovación de la próxima semana: sin mayoría de parte de nadie y un quorum de 129 legisladores (la mitad más uno de los 256), el que más se le acerca será el bloque del FpV con unos 95 diputados y detrás aparece Cambiemos con 90, el resto son aliados cruzados o del  Frente Renovador massista. Habrá que negociar duro, entonces, primero para sesionar y luego para construir mayorías y aprobar leyes.

Aún peor, en los dos bloques más importantes tendrán su dinámica propia, con tires y aflojes. El del FpV estará dividido en dos bandos nítidos: los alineados estrictamente a CFK por vía de sus organizaciones como La Cámpora –que tendrán nada menos que más de 40 diputados- y los alineados con el PJ más clásico relacionado con los gobernadores provinciales. Que deben gestionar y por lógica tendrán oídos abiertos a eventuales llamados presidenciales, como lo demostró el caso de La Rioja en la última sesión ordinaria con una ausencia en pleno. También Cambiemos tendrá su dinámica, porque de los 90, apenas la mitad son del PRO y el resto son radicales, lo que los pone también en situación de negociación permanente.

Volviendo al PJ, ambos sectores aparecen en pugna por los espacios, pero sin romper lanzas. Los más, referenciados en CFK exclusivamente, impulsaron al abogado laboralista Héctor Recalde para el cargo de jefe de bancada, mientras los gobernas llevaron estampado el nombre de Gioja. Definió Cristina y no hubo cicatrices por su determinación de seleccionar a quien le merece la mayor cercanía ideológica y en consecuencia mayores garantías para salir con las espaldas cubiertas. Tampoco nadie que pusiera en discusión el liderazgo de CFK para decidir en esa ocupación de cargos. Al menos por un par de razones: la situación personal de Gioja por esa necesaria mudanza, y la certeza de que pronto se volverán a encontrar nuevamente a resolver cargos y con el paso del tiempo como testigo.

Quedó entonces Gioja como vicepresidente de Diputados, un cargo no menor ni en jerarquía ni en espacios de poder, sí en el manejo del cuerpo a cuerpo legislativo que se viene. Los que lo impulsaban señalaron motivos claros: que Gioja mantiene ascendiente tanto en los dirigentes más relacionados con el kirchnerismo que serán diputados (De Pedro, Larroque, Kicillof hasta Máximo y De Vido) y con el sector de los jefes  provinciales (Urtubey, Alperovich, el riojano Casas, o hasta su propio sucesor Sergio Uñac). Mientras que Recalde mantiene ajustada sintonía sólo con el primero de esos espacios.

Cristina prefirió la garantía de que no se volverá atrás con sus conquistas de gestión puniendo el tapón en Diputados, lo que hubiera considerado en riego ante las urgencias provinciales de relacionarse y en un punto aflojar ante el gobierno de Macri. Habrá modo de revisar su fue un resolución sabia. Lo que sí quedó claro en ambos espacios es que la mejor manera de pensar en volver es afinar la convivencia entre todos, aún en la diversidad.

Igual, como los liderazgos no se imponen sino que germinan por su propio peso, el abanico entero de legisladores y dirigentes peronistas encuadran a Gioja como uno de los hombres de referencia en toda negociación política, tanto interna en dos sectores bien definidos, como con el gobierno de Macri. El nuevo rol opositor impone un libreto distinto que deberán aprender a interpretar con el paso del tiempo.

La próxima estación de esta revisión de cargos peronistas será en marzo, cuando se decida la nueva cúpula partidaria del Consejo Nacional. Se descarta que el actual presidente, el jujeño Eduardo Fellner, dejará el cargo. Fue goleado en su distrito por el radical Gerardo Morales y se le cavaron los motivos como para pretender quedarse al mando de una fuerza en crisis y con ganas de despegar.

Tampoco hay margen para que su sucesor resulte un exponente de la más estricta interpretación del solfeo kirchnerista. Deberá ser sin dudas alguien que puede combinar en dosis justas la impronta del gobernó que se retira –al que, por ahora, no encuentran motivos de desconocer y calculan que, por el contrario, el paso del tiempo le jugará a favor), pero también contemple el interés de los jefes provinciales que han ganado en más de la mitad de las provincias y que necesitan una marquesina donde sacar lustre a sus laureles.

Nuevamente, nadie más indicado que Gioja. Ya lo anticipan desde ambos lados que en marzo habrá que volver a pasar el peine, pero que de movida no han y nadie mejor perfilado que el sanjuanino para ejercer la presidencia de la mayor estructura partidaria del país. Que en tiempos como los que se vienen, con el ejercicio de la trinchera opositoria, será un sillón para sacarle filo.

Para que cierre la ecuación hará falta un ingrediente escencial: el postulado quiera tomar la posta. Igual que pasó con los cargos en Diputados, el humor va de menos a menos, siempre inclinándose por la vocación irrefrenable por salir a la cancha. Es lo que ocurre con los líderes: que no se pueden quedar quietos un minuto, y esa carencia a veces suele hacer peor a la salud que la agitación contraindicada.

Alcanza con revisar el contexto. Le sonó la campanita a Gioja para pasar a otro nivel, lo hizo, pero de ahí a pensar en un reposo absoluto parece haber una eternidad.

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