análisis

Ballotage: en San Juan, otro partido

No será lo mismo que en la provincia gane Scioli o Macri. Tampoco la relación provincia-Nación. Ni siquiera el armado del futuro equipo de gobierno provincial. Los matices locales que conviven con la elección del presidente. Por Sebastián Saharrea
sábado, 21 de noviembre de 2015 · 10:58
Se vota una elección histórica en el país, sin antecedente y de resolución impredecible. Surgirá un presidente nuevo, también una dimensión del cambio: si con el bisturí a fondo de la mano de Macri, o preservando el ADN de los últimos años con Daniel Scioli. Salga el sol por donde salga, en San Juan habrá factores propios, íntimos y de pago chico, en una elección  de rango exclusivamente nacional.
Será la última del año, al fin. Hasta las buenas costumbres, entre ellas las de votar, llegan a la saturación por su excesivo ejercicio. San Juan irá a las urnas tres veces este año, hay distritos que lo hicieron cinco. Democracia al máximo. Habrá presidente este domingo por la noche, y con él una certeza más afilada sobre el futuro. Aflojarán tensiones y tironeos, seguramente. Retornará cierta calma chica de fin de año, sin factores políticos a cara o cruz, más allá del armado del nuevo gobierno y de las consecuencias de sus primeros pasos. En San Juan habrá consecuencias notables también, con el disparador de la boleta que cada sanjuanino introduzca al cuarto oscuro.
Se pintará un país en su geografía de color naranja y amarillo. Cada canal, cada diario, hará su ejercicio territorial desplegando qué provincia fue para Scioli y cuál para Macri, con independencia de la suma a nivel país, que será lo que verdaderamente importa para definir al nuevo presidente.
Hay motivos sólidos para sostener que en esas opciones cromáticas, para la dirigencia sanjuanina no resulte indiferente que la provincia aparezca de naranja (o azul, si prefiere los colores del FpV y no los del candidato Scioli) o de amarillo. Se insiste en remarcar la independencia de quien resulte presidente, más allá lógicamente de que cada uno pretenda ver llegar al suyo. Pero para el oficialismo local, peronista y sciolista hasta la médula, no resultará indistinto que en el territorio gane Scioli aunque el presidente resulte Macri.
Se juega un gran partido, el de la presidencial. Y se juegan además infinitos pequeños partidos, de lo que resulta que si cada uno gana el suyo, también lo hará la general. Pero la general no se puede digitar desde San Juan más allá de su granito de arena: es apenas el 1,5% del padrón nacional. La resolución en cada distrito tendrá luego su propia lectura, probablemente no lo sea el 23 de noviembre, sí unos días más adelante para ordenar el tablero peronista.
En ese tiempo posterior será el momento de mirar de reojo las cifras de cada uno en su patria chica, las provincias. Así sea ganando la Presidencia o perdiendo, será un dato útil para demostrar quién manda en su propio territorio, y en consecuencia quién tiene los mejores argumentos para prevalecer en la disputa de los espacios, que en definitiva es eso de lo que se trata la política. También, lógico, para qué se utilizan esos espacios que se conquistan con el voto. Pequeño detalle.
Por eso es que importan hasta los más pequeños detalles, muchos de ellos gestuales. El acto de entre semana en el queScioli cerró su campaña en San Juan es uno de ellos, denota compromiso y pulso, lo que tendrá su correlato luego si Scioli es presidente. El resultado local es otro, si gana Scioli el bonaerense abrirá paso a que sea agradecido en la gestión. Y si gana Macri será utilizado en la reorganización peronista posterior, en la que los triunfos provinciales no son poca cosa para definir en qué hilera de asientos se sienta cada cual.
Otro aspecto central de dimensión provincial que se juega en el ballotage de este domingo es cómo será la relación con la Nación. Que no es un tema menor, habrá que repasar la historia. Desde la más reciente hasta la más remota, para reflexionar sobre el valor de ese vínculo y su peso en la diaria de la calle.
Desde los tiempos Wbaldino-Duhalde de hace apenas 12 años hasta la historia de intervenciones de los Cantoni con Yrigoyen hace más de 80, en San Juan hay larga bibliografía para sostener algún fantasma sobre lo que ocurre cuando los colores y los intereses son distintos. Reforzada con los años más recientes, claramente los más provechosos en la larga historia de San Juan en esa materia, apoyados en la afinidad entre Gioja y Néstor o Gioja y CFK.
Pero hay una salvedad necesaria: no parece haber hilo en el carretel de la política nacional para jugar al juego de amigo-enemigo con consecuencias profundas. Más bien al contrario: si es que el favor popular se deposita del lado del PRO, llegará con sólo distritos propios. Que si bien son los más importantes cuantitativamente hablando (Capital y Buenos Aires), el tapiz nacional le mostrará que hay un país entero del otro lado que no se puede desbordar.
Lo que viene diciendo Macri es que no hará ninguna clase de discriminación, y hasta lo matiza con cierta victimización como jefe porteño y los supuestos efectos adversos desde la Nación. 
En San Juan ya hay una cosa clara: el gobernador será Sergio Uñac, peronista y en ascenso por juventud y proyección. Desde una óptica práctica, nada mejor que la irrupción de otro peronista como Scioli, de relación amistosa además. Permite pasar sin golpear las manos, efecto de gran valor para las provincias en los despachos porteños. Desde la óptica política, si el ganador resulta Macri el tapiz será distinto. No dramático, se espera, ni siquiera difícil. Hará falta un poco más de saliva para lubricar el diálogo, y buena predisposición, que se descuenta en dos dirigentes inteligentes como Sergio y Mauricio. Ya hubo aprontes para mostrar de modo gestual que no hay nubarrones que temer, ni de uno ni de otro lado. Este fin de semana se sabrá, queda claro que el voto tendrá influencia en el modelo a elegir no sólo de gestión nacional sino de vinculación con la Nación.
También importa en la decisión crucial de este ballotage cómo se acomodarán las piezas en la provincia el día después. Con un correlato importante en el proceso de definición de cargos: tanto entre el abanico de asientos importantes de reparticiones en San Juan que se deciden a nivel nacional, como en la propia grilla local.
Entre los primeros, es lógico. Ya hay lista de espera entre macristas y radicales por ocupar alguno de esos puestos centrales si es que gana Mauricio, en lo que sería un formidable traspaso de poder. Tampoco se descarta que haya algunos basualdistas en lugares clave, y ni siquiera que se mantenga a algún peronista a pedido del gobernador Uñac. Lo admitió esta semana Emilio Monzó, futuro presidente de Diputados si gana Macri y reciente huésped de Roberto Basualdo en su casa. Lo que sería una novedad, de esas de buen gusto.
También el resultado del ballotage y la identificación del nuevo presidente tendrán su influencia en el armado del gabinete provincial. Lo demuestra la cautela del gobernador electo Uñac de guardarse el anuncio formal, más allá de soltar los nombres que irreversiblemente serán los puntales de su equipo, gane el que gane.
Serán matices menores, pero igual habrá que contemplarlos. Porque en el actual equipo de Gioja hay un grupo generoso de dirigentes que postulan a encontrar un espacio en el hipotético armado nacional de Scioli, a caballo de la excelente relación del presidencial con el mandatario sanjuanino.
Hay varios, los nombres podrían ser encabezados nada menos que por Paco Alcoba, el ministro de Hacienda saliente que es mano derecha de Gioja. Pero hay más, como el actual ministro de Desarrollo Humano Daniel Molina, y una cantidad apreciable de funcionarios de segundas líneas. En mayor o menor medida, el esquema provincial deberá contemplarlos en algún sitio si es que el ganador es Macri, esa es la razón por la cual aún no ve la luz el armado definitivo del nuevo gobierno provincial.
Incluso el peso de José Luis Gioja estará sujeto al resultado del ballotage: él mismo lo aceptó en la entrevista que mantuvo con Paren las Rotativas (Telesol, viernes a las 22.30). Hay quien señala que en un eventual gobierno de Scioli podrá ocupar un sillón de los de mayor peso, pero hay también quien supone que tendrá más relevancia aún como diputado nacional si el que gana es Macri por su capacidad de tejer acuerdos con sectores políticos amplios.
Quedarán apenas 18 días entre la definición del ballotage y la asunción de las nuevas autoridades. Todas esas definiciones deberán darse, entonces, a la velocidad de un rayo.


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