OPINIÓN

Con Scioli, ¿vuelve la promoción industrial?

Lo admitió su principal referente económico. En San Juan, apenas subsisten un par de proyectos. Cómo es el plan que elabora el candidato sin enojar a nadie. Por Sebastián Saharrea.
domingo, 04 de octubre de 2015 · 09:21
Por Sebastián Saharrea
 
Quien lea a Miguel Bein decir que los sistemas de estímulo fiscal a la industria es lo único en lo que, a su criterio, tenía razón Milton Friedman (el padre de los Chicago boys, germen de lo que se entiende como neoliberalismo) podrá ver retornar una discusión que dejó huella en el país y especialmente en la región, con varias bibliotecas de cruces vecinales.
 
Es Bein el hombre a quien lleva Scioli ante auditorios empresarios cada vez que debe explicar su modelo, y sin que se descuente que será el próximo ministro de Economía sí se asume que se trata de su referente. Por eso se presta tanta atención cada vez que habla, lo que dice y lo que no dice, este economista que ocupó cargo en la presidencia de Alfonsín, que contrasta siempre con la visión neoliberal ensayada por los gurúes macristas (Espert, Broda, Melconián) y que es frecuente ganador de la compulsa del Banco Central sobre los pronósticos anuales.
Entre lo que dijo en público –que suele ser diferente a lo que se dicen en privado- el fin de semana pasado en una entrevista con Página 12 sobre la industria figuró lo que se percibe como un avanzado plan de reactivar la promoción industrial. Es más, fue eso lo único que respondió a la pregunta más general del periodista sobre "qué haría en materia de política industrial”.
 
La respuesta de Bein deslizó lo que evidentemente se trata de una visión avanzada, y hasta puede suponerse conversada. Fue directo Bein al asunto de la promoción, sin escalas. Y dijo lo siguiente, textual: "Mi opinión personal es que los regímenes de promoción que tienen incentivos extraordinarios necesitan dos cosas. Una son cupos fiscales. Y los cupos tienen que ser fijados por el parlamento en las leyes de presupuesto. Eso es lo único del neoliberalismo que encontrará en mi cabeza en materia de pensamiento económico. Es lo único en que Milton Friedman tenía razón. Y la otra es que tiene que haber programas de integración donde el no cumplimiento signifique en serio la salida del régimen de las empresas que no cumplen. Y esto, por ejemplo, en el sector automotor no pasó”.
 
Se cubrió el economista al agregar el prefijo "mi opinión personal”, igual la lectura correcta debe ser percibida entre líneas. Un presidencial como Scioli, autodefinido como industrialista, en una señal evidente en favor de un régimen que así como ha generado un cierto microclima de desarrollo en sitios puntuales, también fue un ring de combate entre los beneficiarios y los que no, autoproclamados ellos como perjuicatarios aunque sin poder probarlo. 
 
Como lo hizo sistemáticamente Mendoza con los beneficios de su vecina San Juan, mereciendo el tema los principales bofetones de una relación por momentos fratricida. Con Mendoza clamando por el fin de la promoción sanjuanina bajo argumento de que eso funcionaba como un espanta empresas para los interesados en los vecinos del Sur.
 
Podrá entenderse entonces que el sencillo acto de volver a hablar de la promoción implica en sí mismo un ejercicio cercano a la locura, muy especialmente en tiempos de campaña en los que un postulante suele decir a todos que sí con cara de poster. Por eso puede entenderse el delicado equilibrio de Bein con las palabras en este paisaje de brasas ardientes: lo que sirve en un lado termina perjudicando en otro, siempre hablando de objetivo de contar porotos.
 
Pero no es la promoción clásica la que revolotea en la cabeza del sciolismo, cuentan los interlocutores sanjuaninos. Ninguna que se parezca a aquel desacople violento de los 80 en los que el acta de reparación histórica identificó a cuatro zonas del país perjudicadas por el diseño unitario nacional y aún en tiempos militares consiguió generar cupos fiscales para premiar con quita de impuestos. Fue el esquema que benefició a San Luis, Catamarca y La Rioja, además de San Juan, y que puso a patalear al resto.
 
Y que enseguida mostró las debilidades de las que se aferraron sus críticos y los interesados de desmotar el sistema. Las fábricas con rueditas, el primero de sus vicios: deformación consistente en montar galpones en las zonas promocionadas simulando haber trasladado la fábrica, cuando en realidad lo que traían era el producto terminado que salía a despacho desde una zona promocionada. Y del objetivo de la ley que era generar actividad en las zonas perjudicadas, minga.
San Juan padeció el cierre del sistema porque fue junto a San Luis una de las dos provincias del acta que intentó poner en funcionamiento de manera aplicada al sistema. Pasados los años 80 plagados de desbordes y desviaciones, hubo un período pródigo en los endemoniados 90 en muchos aspectos de vida económica, menos en éste. Hubo muchas plantas que se mudaron a San Juan atraídas por la promoción, y otras tantas locales que también aprovecharon el beneficio. Pruebas a la vista, la actividad no fue en esos tiempos ninguna mentira, se pudo ver con sólo caminar la calle.
 
De esos tiempos a ahora lo que hubo fue una verdadera implosión del sistema, a caballo de los sistemáticos ataques políticos mendocinos que llegaron al extremo de manejar la agenda de esa provincia con la guerra al sistema que beneficiaba a sus vecinos. Se puede afirmar que ganaron los más grandes: los que pusieron de ejemplo a las manzanas podridas del esquema para petardearlo y eliminar el sistema. La fácil, como suspender el futbol por cuatro o cinco imbéciles. Salvo que en este caso, con una alta carga de interés estratégico de los poderes menducos. Que ya habían conseguido filtrar a algunos departamentos de su provincia en una extensión de los diferimientos impositivos turísticos, pero que no se entusiasmaron tampoco.
 
Lo que quedó en San Juan es apenas un par de plantas que siguen administrando cupos fiscales: Dilexis –la ultra mentada fábrica de galletitas ex Sasetru que fue emblema político a principios de siglo y parece haberse olvidado de San Juan para operar a otro rango- y Rafo. La primera obtuvo su cupo de manos directamente del entonces senador José Luis Gioja, cuando éste era postulante a la gobernación y consiguió el beneficio durante un breve interinato del entonces presidente Duhalde. Y la planta de medicamentos enclavada sobre la ruta 40 en el acceso Sur sigue disponiendo de algún remanente también, pese a las denuncias en su contra que le hizo el propio gobierno nacional por una presunta subfacturación de sus ventas al exterior.
 
Hay algunas también que han planteado recursos de amparo ante la justicia federal para que le sean reasignados cupos remanentes. Hubo algunas empresas a las que le devolvieron el beneficio por esa vía en San Luis, avanza en San Juan según se rumorea con una empresa dedicada al rubro oxígeno. Buena metáfora, la de un tubo de oxígeno, para un sistema que está a las boqueadas.
 
Entre el resto, hay de todo. Varios casos célebres de despedida una vez agotado el cupo: los casos más resonantes fueron Cepas, que dejó una mole sobre la Rastreador Calívar, y Aros Daneri. Otras que se quedaron, como Taranto.  Otras que no tuvieron otra que mantenerse en San Juan, entre otras cosas porque son sanjuaninas. Según un cálculo de la Unión Industrial local, el 85% de las beneficiarias sanjuaninas se quedaron operando una vez agotados los cupos promocionales. Muchas de ellas esperando que pase el sofocón y que se restablezca un sistema promocional que en líneas generales arrojó buenos resultados, incluso con chantadas y especulaciones del otro lado del plato.
 
Una de esas largas esperas fue el decreto 690 de la actual administración nacional que fue anunciado y nunca implementado luego de la reaparición de las presiones cruzadas. Se trató de un fallido intento de reasignar viejos cupos no utilizados, no de crear nuevos cupos fiscales. Pero ni así consiguió avanzar.
 
Hasta esta aparición de Bein. Que, atenti, conviene no confundirse y soñar con una reedición del sistema clásico de una acta de reparación que designe a un puñado de territorios para ser beneficiados. No hay hilo en el carretel para siquiera discutir a nivel nacional una cosa así.
 
Los intérpretes locales del referente económico de Scioli calculan que lo que busca Bein es retornar a un sistema
de estímulo, pero sin consagrar en ningún altar a un mecanismo de premios excesivos o discrecionales, como fue el viejo sistema en el ocaso, pese a que lleven la misma definición: promoción industrial.
Claro que hay muchas maneras de promocionar. Que puede ser como el del pasado reciente, o puede ser con otras matrices, identificando zonas con mayor generosidad y más apertura: no provincias enteras sino distritos en la mayoría de las provincias. Tampoco abriendo indiscriminadamente la gama de actividades a promocionar, sino siguiendo la hoja de ruta de cada línea de producción y sus necesidades. Es decir, un mecanismo más sensato, que tampoco reabra heridas internas. 
 
Es eso lo que se perfila en el equipo de Scioli. Según los que interpretaron las palabras de Miguel Bein y también según los que estuvieron con Pepe Scioli –hermano y presidente de la Fundación Dar, hombre fuerte del equipo presidencial- cuando estuvo por San Juan.
 
Se sabe, los industriales locales no la pasan bien, como los del resto del país. Pero se ilusionan ante el esquema que se abre en la provincia: parece haber pasado el excesivo protagonismo de la minería –industria también, pero que juega su propio partido- y la agricultura no es precisamente gran generadora de empleo. Sueñan por eso en volver al centro de la escena.
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