dictadura, poder y educación en debate

Dos periodistas sanjuaninos debaten el caso Micaela y la actuación de CFK

El caso de Micaela Lisola, la alumna que denunció censura en el colegio de la Universidad Católica cuando quiso hablar del Día de la Memoria, sigue levantando polvareda. Después de ser un tema analizado por Cristina Fernández en cadena nacional criticando a la rectora Isabel Larrauri, dos periodistas sanjuaninos opinan a favor y en contra de un episodio que parece tener mucha tela para cortar.
sábado, 9 de junio de 2012 · 10:48

Aprendiendo una lección

Por Gustavo Martínez Quiroga
Canal 5 Telesol

No todo se puede esconder siempre bajo la alfombra. La  fórmula de ocultar, silenciar e invisibilizar no dio resultado en este caso. El hecho era demasiado gordo como para esconderlo.
No hubiera trascendido el ámbito del colegio si simplemente le hubieran reconocido a Micaela su derecho a expresarse. No hubiera traspasado los límites de la Universidad Católica, si la directora se hubiese dado la posibilidad de revisar la sanción cuando se lo pidió la madre de la alumna amonestada. Tal vez, no hubiese trascendido las fronteras provinciales si la ministra de Educación hubiese escuchado a los pocos periodistas que denunciábamos la gravedad del asunto y en lugar de callar y ocultar, hubiese repudiado de inmediato la sanción, sino por injusta, al menos por desproporcionada en relación a la supuesta falta.
Como siempre, los funcionarios reaccionaron cuando el tema ya era noticia nacional, más de 2 meses después de ocurrido el hecho. Recién ahí, la rectora de la UCC informó que se podía revisar la sanción. Recién entonces, la ministra Cristina Díaz accedió a reunirse con las partes, aunque no a formular declaraciones. Las amonestaciones fueron levantadas, pero ya era demasiado tarde. El papelón era inevitable.
Cristina se sintió identificada con Micaela. Ella también  militaba en su escuela católica secundaria. Le emocionó la idea de comparar la frase de Néstor Kirchner sobre no abandonar los ideales con la de esta “nena” y, siendo los Derechos Humanos una política de Estado, sintió la necesidad de expresarlo. Muy mal parados quedaron todos los que habían minimizado el caso. Especialmente la rectora Isabel Larrauri, vinculada con la dictadura de Videla y paradójicamente a cargo de la formación de los policías que nos brindarán seguridad a los sanjuaninos.
Está claro que el proceso de enseñanza-aprendizaje ya no puede ser unilateral ni verticalista. En este caso la lección no debe ser aprendida por la alumna sino por las autoridades que tienen la responsabilidad de impartirle educación.




Fue un golpe bajo

Por Osvaldo Benmuyal
Canal 5 Telesol

Con el respeto que merece la investidura presidencial, creo humildemente que la doctora Cristina Fernández debe llamarle seriamente la atención a quienes la asesoraron para cometer tamaño error por la cadena nacional. En primer término, tanto la Mandataria como la comunidad toda, debemos conocer los detalles del hecho. Determinar si se trató de un acto de indisciplina de la alumna o de una censura por parte de las autoridades del colegio. Aún nadie ha podido determinar eso. La Presidenta dio por sentada la segunda opción.
Viniendo de la máxima autoridad de la Nación, significó que San Juan estuvo en boca del país signado por la imagen de una educación que no permite la libre expresión de los educandos. Victimizó a la alumna y condenó a una autoridad escolar. Rescató que las amonestaciones habían sido retiradas y mostró fotos en blanco y negro de la doctora Larrauri en un acto de época militar, sugiriendo que la idea que aplica al frente del colegio de la UCC es coincidente con la dictadura. Esto es gravísimo. Seguro nadie le comentó quién es la doctora Larrauri. Una profesional de probada capacidad intelectual, de firmes convicciones y de carrera impecable.
Ella intercedió para que fueran retiradas las amonestaciones. También hay que decirlo, ella no fue quien actuó cuando en marzo ocurrió todo. La directora del colegio no es Larrauri y fue ella a quien la Presidenta le bajó el pulgar. La cuestión de las fotos no significa nada. No demuestra ni certifica que fuera parte del proceso militar ni que comparta la metodología de la censura y de la muerte. Por mi profesión, yo tengo fotos hasta con Schoklender y eso no significa que quiera matar a mis padres. Fue un golpe bajo.
Por otro lado, debemos cuidar a Micaela Lisola. Es una niña valiosa, vigorosa y al parecer muy convencida, por eso deseo que no la empujen y la obliguen a dejar su adolescencia. Habrá tiempo para tribunas, aplausos y arengas. No creo que lo sucedido en la cadena nacional redunde en beneficio de su personalidad. El silencio de Larrauri es difícil de entender pero seguramente es una muestra más de su grandeza. Como dicen los criollos, la carreta vacía siempre hace más ruido que la que va llena. 

 

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