Marie-Anne, la desaparecida de San Juan

Un repaso por el libro del periodista francés Philippe Broussard, hasta ahora es la investigación más profunda sobre el caso Erize, emblema de la represión en San Juan. Por Miriam Walter.
sábado, 24 de marzo de 2012 · 11:16

Por Miriam Walter
mwalter@tiempodesanjuan.com

“Yo no he hecho nada, no soy una terrorista. No me pasará nada aquí. No formo parte del club. Sólo quiero ser pobre entre los pobres”. Marie-Anne Erize le dijo eso a su madre Françoise, en su casa de la calle Sarmiento en Concepción, el 30 de mayo de 1976. El 15 de octubre de 1976, cerca de mediodía,  Marie-Anne sale de una bicicletería ubicada en Abraham Tapia y General Acha donde había llevado una bicicleta negra marca Peugeot a arreglar. Un hombre la aborda, después otros tres, vestidos de civil. Quieren llevársela. Ella grita, forcejea, pierde sus anteojos y un zapato. El bicicletero, Domingo Palacio, intenta interponerse, pero es inútil. Los hombres empujan a Marie-Anne en el asiento de atrás de un Ford Falcon, que arranca como una tromba perdiéndose en la ciudad. Así, la historia de la modelo franco-argentina cautiva desde las páginas del libro “La desaparecida de San Juan”, publicado en español el año pasado, que resume el trabajo del periodista francés Philippe Broussard, hasta ahora la más exhaustiva sobre el caso Erize, uno de los más emblemáticos de la represión en San Juan por sus repercusiones internacionales.
La reconstrucción de la historia de la modelo y militante de Montoneros cobra más sentido en estos días, cuando la Memoria, la Justicia y el Nunca Más resuenan fuerte en la Argentina que busca hacerle honor a la democracia destapando la verdad de los años de dictadura. Y más en San Juan, cuando se transitan los inicios del histórico megajuicio por los crímenes de lesa humanidad en la provincia perpetrados en los ’70, donde en el banquillo está sentado el ex militar Jorge Olivera, sindicado como el responsable del secuestro y muerte de la joven.
La obra de Broussard, que está agotada en las librerías locales, aparece como un testimonio valioso sobre el caso Erize, que todavía es un enigma a resolver. El rompecabezas ordenado que presenta el periodista francés le dedica especialmente a San Juan 2 de los 25 capítulos sobre la vida de la francesita, pero su historia en la provincia se visita intermitentemente no sólo en el título sino a lo largo de las 341 páginas del libro.
La investigación de Broussard relata que Marie-Anne Erize Tisseu nació en el seno de una familia franco-argentina que llegó al país gracias al jefe de familia diplomático, que ella vivió su infancia en pleno monte misionero, que fue finalista del concurso “Miss  Siete Días” y tapa de Gente en sus épocas de modelo en Capital Federal, que también fue estudiante de Ciencias Antropológicas en la UBA y que flirteó con varios universos: el del jet set, el de la miitancia social, el de la lucha Montonera y el de la persecución. Muchos episodios son revividos a partir de conmovedoras cartas que envió el autor a Françoise contándole sobre aspectos nunca antes hilados sobre la vida de su hija en Argentina y particularmente en San Juan.
La frase “no estoy en el club” refiriéndose a Montoneros, que Marie-Anne le dijo para tranquilizar a su madre la última vez que se vieron en Concepción, contrasta con la descripción de férrea militante –cercana a las filas del padre Carlos Mugica- de la joven, que establece el francés a partir de relatos de gente que la conoció bien en sus días en San Juan y otras provincias. “No digo que Marie-Anne haya cometido actos violentos, estoy convencido más bien de lo contrario. Pero militó mucho más de lo que usted cree –le escribió Broussard a la madre de la joven-. Su atracción por la causa peronista no se limitó a las actividades del Bajo Belgrano, a meriendas festivas o cursos de canto con los chicos de las villas. Desde 1972, año de una increíble efervescencia en Argentina, ella se encontraba en las primeras filas de la protesta”.
La familia de Marie-Anne que vivía en Buenos Aires, recibió un día en su casa a la modelo y su novio, Daniel Rabanal. Cuando terminó la comida, Albert, el padre de Marie-Anne, le dijo a él “no quiero verlo más por aquí ni detrás de mi hija”. Fue inútil. La bella joven llegó a San Juan, cuando ya sentía el acoso de los militares en sus talones y después de que en febrero de 1976 Rabanal había caído preso en Mendoza. Ella ya tenía “nombres de guerra”: Lucía, Lobita y Gloria Ruth Goldemberg, este último, pseudónimo con el que recibía correspondencia de su familia en el kiosco de Alem y Rivadavia. Su madre le había armado todo un operativo para sacarla del país, ayudada por Miguel Reynal, entonces dueño de la aerolínea Austral y ex novio de la francesita. La iban a sacar en barco por Uruguay. Pero Marie-Anne le dijo a su madre: “Me quedaré en San Juan”.  Cinco meses después, fue secuestrada en la bicicletería.
Sobre el secuestro, aportó datos una mujer que presenció la escena, una kiosquera de los alrededores que dijo que los secuestradores eran “cinco o seis”. Según el juez federal de San Juan, Leopoldo Rago Gallo, entrevistado por Broussard, “habrían llegado en tres coches, dos Ford Falcon y un Renault 6 blanco”. Cuando el bicicletero preguntó a los secuestradores qué debía hacer con la bicicleta, le contestaron que “alguien” vendría “seguramente a buscarla”, luego un llamado anónimo lo alertó: “olvidate de lo que viste”.
Reconstituir los hechos es difícil, cita Broussard. Daniel Russo, quien a fue a buscar la bicicleta, murió baleado el 20 de octubre de 1976, Carlos Poblete y “Pichona” Poblete, dueños de una de las casas donde vivía Marie-Anne y superiores de ella en Montoneros desaparecieron, como así también Juan Carlos Cámpora que era propietario de otro de los lugares donde se refugió la francesita.
El 21 de octubre de 1976, pocos días después del secuestro, en la casa que habitaban los Erize en Buenos Aires cayeron cuatro Falcon verdes, de los cuales bajaron 15 hombres buscando armas. Uno de los uniformados, de bigote espeso, le dijo a Albert: “vamos a poner a su hija dos metros bajo tierra”. El 22 de octubre la familia recibió una carta anónima comunicando que la habían arrestado. Y así empezaron a rastrearla en las comisarías, asistiendo al Consulado y otros sitios, sin éxito. La madre escribió a parientes y amigos: “estamos convencidos de que la han asesinado”.
Broussard indica como “sospechoso número uno” del secuestro a Jorge Olivera, teniente en los ’70 en San Juan pero señalado como el “jefe de la represión” en la provincia por varias víctimas de la dictadura. En el libro se citan testimonios de Margarita Camus, del “Polaco” Moroy, y hasta de los hermanos Gioja. José Luis Gioja aportó que Olivera integraba los grupos “que nos interrogaban y torturaban hasta que nos desmayábamos”. César Gioja  dijo que en 1975 hasta cenó con el teniente porque su esposa era compañera de la señora de Olivera en la universidad y que luego, después del golpe de Estado estando el ex senador preso, sentía su presencia en la sala de torturas.
¿Qué le pasó luego a Marie-Anne? El destino trágico se reconstruyó con dos testimonios clave: el de Eloy Camus y el de Blas de la Fuente. El primero, nieto del ex gobernador local destituído en 1976, protagonizó e investigó los crímenes de lesa humanidad en la provincia y aseguró que en una conversación con el conscripto del RIM 22 Jorge Bonil, este le dijo que había asistido a una pelea entre Olivera y otro teniente, Cardozo, por quién tendría el “privilegio” de violar a Marie-Anne. Bonil desapareció luego, así que su relato no pudo nunca estar en tribunales.
El otro dato lo aportó  De la Fuente, un camionero que estuvo al servicio del RIM y que aseguró que después de octubre de 1976 habló con un soldado apellidado Arredondo, que le aseguró que habían violado a la joven en la Marquesita. Este último, un camping de las Fuerzas Armadas en Marquesado que se supone que fue el centro clandestino de detención más terrible en la provincia (fue recorrido hace unos días por testigos y el tribunal en el marco del megajuicio), porque allí mataban a los presos.   
Olivera zafó de la cárcel en Francia presentando un certificado de defunción apócrifo de la francesita. Allá, y en San Juan este año, dijo que nunca conoció a Erize y que en el RIM 22 era un simple teniente. Nunca accedió a hablar con Broussard. Los Erize siguen buscando el cuerpo de su hija y la historia de Marie-Anne todavía se está desmenuzando en los tribunales sanjuaninos.