El decisivo rol del presidente brasileño

El día que Lula dijo que sí

Su palabra fue la que hizo posible el avance, hace tres años y medio. Crónica de aquel momento fundacional, del único periodista presente. Por Sebastián Saharrea
sábado, 17 de marzo de 2012 · 17:28

No lo podían creer hasta que se abrió la puerta y del otro lado apareció un ventanal que dominaba todo Brasilia. Desde allí hasta el escritorio hay unos 10 metros, que Gioja y su delegación caminaron aún incrédulos. Y llegó el momento del saludo: nada de mano extendida ni formalidades, un abrazo como los que se dan los viejos conocidos atravesados por el afecto.
Así fue el primer contacto del encuentro en el que el gigante era el más petiso: Lula, presidente de una de las 10 potencias mundiales y un estadista regional inigualable pese a sus 165 centímetros, en la foto junto a José Luis Gioja, unos 30 centímetros más alto pero gobernador de una provincia de las más chicas de un país vecino. De esa cumbre sin equivalencias salió la plataforma donde se pudo apoyar el resto: las gestiones y el acuerdo definitivo firmado ayer por los presidentes de Chile y Argentina. Si no hubiera ocurrido, el resto estaría nublado, creer o reventar.

Fue el 23 de julio de 2008, un día que deberá quedar guardado en la memoria política de la provincia. Primero por el gesto: un gobernador de la provincia recibido en audiencia nada menos que por el presidente de Brasil será una cosa que difícilmente vuelva a ocurrir. Y después por el significado: fue la bisagra entre las juntadas folklóricas que eran hasta el momento las reuniones típicas entre sanjuaninos y coquimbanos, y que siempre terminaban haciendo chocar los vasos de vino y/o pisco por un futuro mejor, y este tablero de realización con firma presidencial incluida.

Lo primero que hizo Gioja ese día fue entregarle el poncho que le llevaba de regalo junto a un talero de mango de plata. Y Lula rompió el hielo como sólo él sabe hacer: se calzó la artesanía sanjuanina sobre el traje y revoleó el talero en señal de castigo a Marco Aurelio García, su asesor de asuntos internacionales que fue la puerta de entrada a la reunión por su relación con el entonces diputado sanjuanino Ruperto Godoy, presente en el encuentro junto al ministro José Strada.

Fueron unos 50 minutos de tono cordial y exploración del brasileño, resuelto con libros de fotos y un brief con toda la información sobre el túnel argentino-chileno que los sanjuaninos llevaban para difundir. Se lo habían hecho en la eficiente cancillería brasileña y se lo dejaron arriba de la mesa del escritorio. Él lo ojeó, hizo un par de comentarios y a la respuesta parecía que ya la tenía desde antes: vamos a apoyar.

No eran palabras huecas, era un funcionando mirando un poco más allá de los problemas habituales. Para Brasil, un túnel tan lejano y ubicado en una zona tan ignota puede servir para acortar la distancia con los principales mercados asiáticos de sus productos, ante lo saturada que está la ruta que pasa por Mendoza. Además, es una oportunidad para ofrecer actividad a las empresas brasileñas en el exterior, con el financiamiento del poderoso Banco Nacional de Desarrollo (BNDES). Camargo Correa, la poderosa constructora dueña del cemento que era de Amalita en Loma Negra, fue la primera en anotarse como interesada.

Y el Sí de Lula pronunciado aquella tarde de Brasilia –que incluyó fotos del mandatario en los diarios brasileños del día siguiente que habían sido distribuidas por la prensa del gobierno con el poncho puesto- no tardó en traducirse en hechos concretos. En marzo del año siguiente, Lula recibió a Cristina y le anunció que apoyaría la inversión brasileña en Argentina y el “túnel por Agua Negra”. Así, con nombre y apellido, refiriéndose al resultado de aquella reunión que había mantenido con Gioja.

Y desembolsó los 20 millones de dólares que hizo falta para hacer el estudio de ingeniería del proyecto, un soporte indispensable para poder convocar a la licitación internacional. Es el trabajo donde queda establecido el tipo de suelo y las características técnicas de las obras, sobre las cuales luego cada empresa cotizará.
Al año siguiente vino el propio Lula a San Juan para aquella recordada reunión de mandatarios del Mercosur en la que el brasileño se robó el protagonismo. Nuevamente hizo alusión a los avances que veía y al renovado apoyo de su país para la obra.

Y ahora, seguramente en la cancillería brasileña habrá alguien atento al protocolo firmado por Piñera y Cristina, que contiene el paso definitivo con el que Lula contribuyó de manera determinante. Especialmente su asesor en relaciones internacionales, Marco Aurelio García, un referente de la ciencia en la región, justamente el gestor de aquel acercamiento con Lula. Y que hoy sigue firme en su despacho, pero con otro presidente: Dilma evitó que se fuera.

 

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