Sonrisas desafiantes: las similitudes del acusado de acuchillar 30 veces a su ex con un polémico femicida
Los protagonistas de la nota no sólo fueron acusados de brutales ataques en perjuicio de la madre de sus hijos, sino que tuvieron reacciones llamativas cuando enfrentaron a las autoridades. Casualidad o reacción de manual, entre un mar de posibilidades.
Las imágenes se repiten, aunque los finales -por ahora y afortunadamente- no sean los mismos. De un lado, el sujeto recientemente acusado de propinarle 30 puñaladas a su ex pareja en Santa Lucía y del otro, el siempre polémico y sentenciado a prisión perpetua, el femicidaAriel Omar Pérez.
La sonrisa socarrona, los gestos de incredulidad, la indignación por lo que se dice de ellos y hasta una actitud desafiante frente a fiscales y jueces aparecen como un patrón común en estos protagonistas de dos causas judiciales que conmocionaron a San Juan.
Es que las reacciones de Maximiliano Exequiel Alé, que fue imputado por homicidio en grado de tentativa y que está sospechado de haber acuchillado en el rostro y en el cuello a la madre de sus hijos, ofreció un comportamiento que hizo recordar al temido "Guascazo", el hombre que asesinó a Yanina Pérez en la puerta del cementerio de Angaco en febrero de 2024.
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Ambos se sentaron frente a las autoridades judiciales acusados de brutales ataques contra mujeres con las que habían mantenido vínculos afectivos. Y en ambos casos, lejos de mostrarse abatidos o conmovidos por el daño causado, ofrecieron conductas que llamaron poderosamente la atención por su frialdad y desconexión con la gravedad de los hechos.
En la audiencia de formalización del jueves último, Alé se mostró más preocupado por lo que se decía de él que por el estado de la madre de sus hijos, a quien según la acusación del Ministerio Público la apuñaló con una violencia demencial y aunque no la mató la dejó severamente herida.
Sentado frente al juez de Garantías Sergio López Martí, que casualmente también debió juzgar al femicida, el imputado exhibió sonrisas socarronas cuando era responsabilizado por el ataque, gestos de indignación ante la caracterización de su conducta y muecas de incredulidad cuando la fiscal Florencia Pons relataba episodios previos de violencia y amenazas.
Mientras la representante de la UFI CAVIG detallaba que habría llegado a decirle a la víctima “si no sos mía, no sos de nadie”, Alé negaba con la cabeza, se mordía el labio y se llevaba las manos a la cara. Incluso cuando se exhibieron imágenes del estado en que quedó la mujer -material cuya difusión fue restringida por respeto a la víctima-, el acusado permaneció impasible, con la mano apoyada en la barbilla, sin mostrar reacción alguna.
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Una actitud inquietantemente similar fue la que durante meses protagonizó Guascazo, incluso el día que recibió la máxima condena. Desde el inicio del proceso, el sujeto que purga pena tras las rejas se convirtió en una figura polémica en Tribunales por sus reacciones impredecibles: sonrisas en momentos clave, miradas desafiantes al fiscal, gestos de incredulidad frente al relato de los hechos y estallidos de furia que incluyeron insultos, golpes a un micrófono y la expulsión de la sala por orden judicial.
En una de las audiencias más recordadas, Pérez reaccionó con risas cuando se mencionaron amenazas previas contra Yanina Pérez y se mostró desafiante ante la hipótesis fiscal que sostenía que quería retomar el vínculo con la víctima. Rodeado por personal policial, alternó el ceño fruncido con sonrisas burlonas, en una escena que fue interpretada por la familia de la mujer asesinada como una nueva forma de violencia. Finalmente, fue castigado y lejos de arrepentirse dijo con frialdad que lo haría de nuevo.
La diferencia entre ambos casos es tan clara como estremecedora. Pérez concretó el femicidio: asesinó de ocho puñaladas a Yanina Pérez y fue condenado a prisión perpetua. Alé no logró su objetivo, de milagro, según remarcó el Ministerio Público, y hoy enfrenta una acusación por homicidio agravado en grado de tentativa, mientras cumple prisión preventiva en el Penal de Chimbas.
Sin embargo, el paralelismo en sus gestos y actitudes frente a la Justicia vuelve a poner en debate un aspecto inquietante de este tipo de causas: la ausencia de empatía, el desprecio por el sufrimiento de las víctimas y una postura casi provocadora ante quienes los señalan como responsables de hechos de extrema violencia.