La despedida de soltero, la maratónica borrachera y la partida de truco que terminó en un asesinato en Trinidad
Una noche de 1974 un grupo de jóvenes se reunió en Chimbas para la despedida de soltero de un amigo. La fiesta siguió en cuatro bares hasta que terminaron jugando al truco en Trinidad, donde una pelea inesperada acabó en tragedia.
“Truco”, gritó José Arias, todo sobrador. Narciso Rearte respondió sin inmutarse: “Quiero” y, sin demora, agregó “retruco”. El primero se mantuvo firme y redobló la apuesta con un “¡quiero vale cuatro!”. Hubo un silencio, tanto que éste se levantó para tomar un sorbo a modo de festejo cuando el otro, envalentonado, cantó con tono provocador: “¡Quiero! ¡Quiero!”, convencido de que sus cartas eran por demás buenas.
José Rafael Arias lanzó una puteada mientras terminaba de ponerse de pie y golpeó la mesa, rabioso por la malograda jugada de truco. Su sobrino Juan se lamentaba mirando al piso; en cambio, Narciso Rearte y Cecilio Silvera se reían a carcajadas y chocaban los vasos de vino celebrando la victoria de la pareja.
Roberto Verderrama, que era ajeno a esa partida pero acompañaba a Rearte y a los Arias, no soportó ver perder a sus amigos y, de arrebatado nomás, le tiró los naipes en la cara a Rearte. Lo que hasta ese instante había sido un simple juego de cartas se transformó de golpe en una escaramuza inesperada, con empujones, gritos y trompadas que volaron de un lado a otro dentro del bar Tacurú, en la esquina de Mendoza y Comandante Cabot, en Trinidad.
image
Ya casi era la siesta del sábado 2 de marzo de 1974 y el alboroto sacó de quicio a Vicente Alcalde, el dueño del bar, quien los echó: “Si quieren pelear, vayan a la calle”, dijo tajante. Cecilio José Silvera tomó del brazo a su amigo Narciso José Rearte y juntos salieron a la vereda. Ambos eran de Villa San Damián, Rawson. Juan Vicente Arias hizo lo mismo en compañía de su tío José Rafael Arias y su amigo Roberto Ramón Verderrama, pero el lío continuó afuera.
Todos estaban muy borrachos y nadie entraba en razón. Rearte no quería irse. La tenía con Verderrama y no paró hasta que le pegó una trompada que le dio en el ojo izquierdo. Juan Vicente Arias, que buscaba frenar la pelea, también recibió otro golpe en la boca por parte del muchacho de Rawson.
De ahí en adelante todo fue precipitado. Rearte escapó hacia el sur por calle Mendoza, con Arias y Verderrama por detrás persiguiéndolo. Silvera, intentando evitar lo peor, trató de frenarlos, pero solo logró sujetar a José Rafael Arias.
Hasta tanto, Juan Arias y Verderrama dieron alcance a Rearte a unos 25 metros del bar. Este último se vio acorralado. Eran dos contra uno, entonces se sacó el cinto para revolear hebillazos y con la otra mano levantó una piedra. Al primero que enfrentó fue a Arias, a quien le lanzó una pedrada en la cabeza y provocó que le saltara la sangre del cuero cabelludo.
titulo
El titular de Diario de Cuyo en relación al suceso.
Fue allí cuando Arias, enceguecido por la bronca y el dolor del peñascazo, sacó un cortaplumas que cargaba en uno de los bolsillos del jean. Rearte lo vio venir, pero no pudo esquivar el puntazo que se incrustó en el costado izquierdo del tórax. Aunque sintió el ardor en el pecho, corrió buscando escapar, cruzó la calle y a los metros cayó al piso.
Silvera y un vecino, Manuel Eduardo Martín, se acercaron a socorrerlo y descubrieron que tenía una profunda herida en el pecho. Ambos subieron a Rearte a un auto y lo trasladaron a la guardia del Hospital Guillermo Rawson, donde murió al poco de ingresar.
Así, de manera sangrienta y fatal, terminaba una maratónica borrachera de dos amigos y su tío aquel marzo de 1974. Esa misma tarde los policías de la Comisaría 3ra de Trinidad detuvieron a Juan Vicente Arias, a su tío José Rafael Arias y a su amigo Roberto Ramón Verderrama, todos de Chimbas. El primero se hizo cargo de haber agredido a Rearte, pero aseguró que se defendió.
Los uniformados y el juez interviniente constataron que los tres se encontraban muy alcoholizados. Ahí contaron que venían tomando desde la noche del viernes 1 de marzo. A decir verdad, habían trasnochado y bebido durante 16 horas. Nadie entendía cómo estaban de pie.
El homicida venía de una trasnochada. Había empezado tomar en una despedida de soltero a las 22 del viernes y continuó bebiendo hasta las 14 del sábado 2 de marzo de 1974 en ese bar donde se originó el conflicto.
Juan Arias y Verderrama empezaron la farra ese viernes a las 22 con un asado y fiesta de despedida de soltero de un compañero de trabajo, de apellido Narváez, en Chimbas. Pasadas las 4 de la mañana, los dos se retiraron del encuentro en un auto y después cayeron al bar del antiguo Club Independiente, en la esquina de Mitre y Mendoza, en el centro sanjuanino.
Allí se unió a la ronda José Rafael Arias, tío de Juan, quien ya estaba “entonado”. Entre los tres liquidaron un vino, que solo sirvió para encenderles más sed. A las 5 de la mañana se trasladaron al famoso bar El Valenciano, sobre Tucumán entre Mitre y Santa Fe, para beber otra botella de tinto.
Cuando el sol ya se levantaba sobre la ciudad de San Juan, los Arias y Verderrama se fueron a recibir la mañana a uno de los locales del clásico y popular “Super” de calle General Acha, cerca de Córdoba. Y no pidieron un desayuno. Para seguirla, pidieron milanesas y otra botella de vino. No recordaban cuántos litros habían tomado; sí está claro que era el mediodía del sábado 2 de marzo cuando partieron al bar Tacurú en Trinidad.
Vicente Alcalde conocía a los Arias y, aunque los vio amanecidos y borrachos, les preparó una mesa. Los tres estaban tan embalados que almorzaron una pizza y empanadas regadas con vino. También pidieron los naipes y armaron una partida de truco entre ellos.
image
Esa última partido de truco se dio en un viejo bar que funcionaba en las calles Mendoza y Comandante Cabot, en Trinidad.
A esa hora arribaron al bar Narciso Rearte y su amigo Silvera, que se sentaron a beber en otra mesa. El alcohol contagió el buen clima dentro del salón y hubo chistes de una mesa a otra, hasta que los Arias invitaron a los otros parroquianos a compartir un juego de truco.
Desde el principio las partidas fueron en pareja. Al inicio jugaron Verderrama con José Arias y Rearte con Silvera. El juego se puso picante cuando los recién llegados ganaron la primera mano. Como al mayor de los Arias no le gustaba perder, invitó a su sobrino a reemplazar a su compañero para emparejar la partida.
Las rondas de vino y las apuestas de dinero recalentaron el ambiente en esa pequeña mesa, donde algunos parecían jugarse la vida. Fue ahí cuando cantaron “truco”, “retruco” y un “quiero vale cuatro” que desató la furia de los Arias y su amigo. Después vino la pelea dentro y fuera del bar, y ese mortal puntazo que acabó con la vida de Rearte.
Juan Vicente Arias quedó detenido y fue juzgado por el crimen, aunque por un hecho menos gravoso. El juez concluyó que el joven de 27 años no actuó con intención de matar y que la violencia surgió por una cuestión menor, propia del descontrol alcohólico de esa tarde. Aun así, entendió que hubo un uso desmedido del cortaplumas y calificó el hecho como un homicidio cometido con exceso en la legítima defensa, ya que la agresión inicial existió, pero la respuesta superó el límite permitido.
Con esa valoración y teniendo en cuenta la personalidad del acusado, la falta de dolo homicida y la prueba reunida en el expediente, el tribunal lo condenó a dos años de prisión con costas.
FUENTE: Sentencia del Poder Judicial de San Juan, recortes periodísticos y ejemplares de la Biblioteca Franklin.