Guano por marihuana: la avivada que desató un asesinato en el Barrio Lebensohn
Fue en mayo de 2001. Todo comenzó cuando “El Loco Pedro” fue a reclamarle a “Luis de la Ñata” el por qué le había vendido guano en vez de marihuana. El pleito se resolvió con un tiro en la cabeza.
Aquella discusión vino porque le vendieron “gato por liebre”. O, mejor dicho, guano por marihuana. Y lo que fue una avivada o una treta de mal gusto trajo cola. El pleito entre “El Loco Pedro” y “Luis de la Ñata” podría haberse resuelto con una charla o con la devolución de la plata, pero ni el convicto ni el dealer dieron el brazo a torcer y la disputa acabó con un disparo mortal en la cabeza de uno de ellos.
Ajuste de cuentas, tituló el matutino local de ese entonces. Es que el asesinato de Pedro Rodolfo Morales, apodado “El Loco Pedro”, en la tarde del sábado 5 de mayo de 2001, tuvo los condimentos de la droga y la historia de dos chicos malos que quisieron arreglar cuentas en una esquina del barrio Lebensohn, en Chimbas.
“El Loco Pedro” conocía de sobra a Luis Armando Llanos, alias “Luis de la Ñata”. Los dos tenían 26 años en ese entonces. Ambos resultaban caras repetidas en el ambiente y no eran amigos, pero existía respeto entre ellos. Al menos hasta los días previos de ese fatídico fin de semana.
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La foto capta con crudeza el cadáver del joven de 26 años tendido sobre la vereda, rodeados por los jefes policiales. Foto de Diario de Cuyo.
Morales había estado cumpliendo una condena por robo a mano armada y hacía tres meses que gozaba de salidas transitorias del Servicio Penitenciario Provincial. Llanos no registraba condenas en su prontuario, pero contaba con varias caídas en la Policía. En esa época supuestamente vendía droga al menudeo en su casa del barrio Lebensohn y “El Loco Pedro”, en ocasiones, se iba del barrio Ferroviario —más conocido como Villa La Puñalada— hasta Chimbas para comprarle algo de marihuana.
Los amigos contaron después que Morales le había comprado un envoltorio de droga a Llanos, pero éste le jugó una mala pasada. La versión decía que, en vez de marihuana, le entregó un bolsa con guano. La picardía o la provocación de “Luis de la Ñata” enfureció a “El Loco Pedro”, que juró cobrársela.
El viernes por la tarde lo fue a buscar al barrio Lebensohn y tuvieron un primer cruce, en el que no faltaron las amenazas de los dos lados. Ese día, Morales se marchó sin obtener respuesta, pero prometió volver. El sábado en la mañana aparentemente se volvieron a ver.
Ese mismo sábado, alrededor de las 18, Morales regresó a buscar a Llanos. “El Loco Pedro” andaba acompañado por su amigo Juan Ramón Herrera en su ciclomotor Daelim 50 cc y en su cintura llevaba un revólver. Preguntó por “Luis de la Ñata” a unos jóvenes que estaban en la calle General Acha, cerca de Patagonia, y lo fueron a llamar.
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El crimen ocurrió en esta zona del barrio Lebensohn.
“Luis de la Ñata” salió solo, confiado y también desafiante. Los dos caminaron hasta la esquina para apartarse. De lejos miraban Herrera arriba de la moto y, más allá, los amigos de Llanos, entre ellos dos jóvenes de apellido Tallata y Cantero, que estaban alertados de que en cualquier instante se armaba la batahola.
Nadie sabe con claridad qué se dijeron. Se notaba que discutían. Al parecer, Llanos propuso devolverle el dinero o le entregó en manos 20 pesos, pero no hubo arreglo. En un momento dado Pedro Morales se levantó la campera para mostrar el revólver que calzaba en la cintura, con la clara intención de apretar al otro muchacho.
“Luis de la Ñata” ni se mosqueó; también tenía una carta guardada. Cuando “El Loco Pedro” creía tener dominada la situación, este sacó otro revólver del bolsillo de su campera y le largó el fogonazo. El disparo fue directo a la cabeza, a una distancia aproximada de 15 centímetros. El proyectil impactó arriba de la oreja derecha de Pedro Morales, quien sintió el impacto y se desplomó sobre la vereda.
En esos segundos se produjo la desbandada. Luis Llanos escapó por calle Patagonia, mientras sus amigos corrieron en distintas direcciones. El único que se quedó allí, aunque no por mucho tiempo, fue el amigo de “El Loco Pedro”. Ramón Herrera se acercó a auxiliarlo, pero, cuando vio que estaba muerto, le sacó el arma de la cintura y huyó en el ciclomotor.
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Así titulaba Diario de Cuyo. La crónica policial fue escrita por el periodista Eduardo Manrique.
En el camino, Herrera arrojó el revólver en el canal Benavidez. Minutos más tarde llegó a la casa de Morales y le entregó la moto a Zulma González, la madre. Ahí le contó que le habían disparado en la cabeza a “El Loco Pedro” en el barrio Lebensohn y que el autor del ataque era “Luis de la Ñata”.
La mujer se fue en un remis hasta ese barrio en Chimbas y con sus propios ojos confirmó lo que no quería ver. Su hijo Pedro Rodolfo Morales se encontraba tirado en la vereda de una casa y con un balazo en la cabeza. Esa zona ya era un hervidero y estaba toda la Policía. Los testigos apuntaron directamente contra Luis Armando Llanos, alias “Luis de la Ñata”, quien había desaparecido.
El informe del médico forense Patricio Tascheret confirmó que el joven recibió un solo disparo en la cabeza. No había golpes ni señales de pelea en el cuerpo de Morales, precisó. El dermotest en sus manos dio negativo, o sea que éste no había accionado ningún arma. Eso descartó la pelea o un enfrentamiento a tiros. En cambio, recibió un certero y mortal balazo en el cráneo, como si lo hubiesen ejecutado.
Llanos buscó refugio para ganar tiempo en esas horas en que los policías de la Comisaría 17ma y la Brigada de Investigaciones de la Central de Policía lo buscaban por todos los rincones. Los amigos de “El Loco Pedro” también habían desatado su propia cacería. Esa misma noche entraron a los tiros a una casa de Concepción e hirieron al dueño de la propiedad pensando que allí estaba “Luis de la Ñata”.
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Un fotógrafo de Diario de Cuyo tomó la imagen cuando el médico legista y los jefes policiales revisaban el cuerpo de la víctima.
A los días, el prófugo logró salir de la provincia y cambió su nombre por el de Rubén Armando Moreno para que no lo reconocieran. Vivió casi en la clandestinidad durante un año y ocho meses, hasta que la Policía Federal lo capturó en Buenos Aires, en noviembre de 2002. No le quedó otra que volver a San Juan responder por el crimen de Morales.
Llanos reconoció ante la Justicia que había disparado, pero sostuvo que lo hizo para defenderse. Dijo que Morales había llegado alterado, que lo amenazó y que incluso le gatilló primero, aunque el tiro no salió. Según su versión, forcejearon y, en esos manotazos, el arma se disparó.
Ese relato empezó a resquebrajarse a partir de los testimonios del joven que acompañaba a “El Loco Pedro” y de sus propios amigos, que presenciaron el asesinato en el barrio Lebensohn. Las coincidencias entre ellos dibujaron una escena muy distinta a la que intentó instalar “Luis de la Ñata”.
Ramón Herrera afirmó que Pedro Morales solo se levantó la campera para mostrar el arma, pero jamás la sacó ni apuntó. Incluso contó que “El Loco Pedro” le había dicho antes que no tenía balas. Aseguró que vio discutir a ambos, que escuchó el disparo cuando giró la cabeza para mirar a un grupo de muchachos que se acercaba y que encontró a su amigo ya tendido en el suelo. Además, relató que, mientras Llanos escapó con el revólver en la mano, él sustrajo el arma de la víctima y después se deshizo de ella.
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Otro titular de Diario de Cuyo daba cuenta de otros episodios de violencia como consecuencia del asesinato.
Los amigos de Llanos también derrumbaron su coartada. El testigo de apellido Tallata contó que Morales nunca empuñó un arma y que el único que disparó fue “Luis de la Ñata”, a muy corta distancia. Algo similar relató Cantero, otro de los presentes en el crimen. Este joven habló de un forcejeo y hasta de dos disparos, aunque su versión se cayó frente a las pericias y a la inspección ocular.
Luis Armando Llanos fue juzgado en febrero de 2004 en la Sala Segunda de la Cámara Penal y Correccional por el delito de homicidio simple. La abogada defensora Silvina Gerarduzzi -hoy fiscal- buscó en vano sostener la teoría de la legítima defensa. Durante el debate se impuso la teoría de la fiscal Alicia Esquivel, que argumentó que “Luis de la Ñata” estaba esperando a la víctima con un arma y le disparó con la clara intención de matarlo. Afirmó que no hubo forcejeo y que lo baleó casi de forma alevosa.
El 26 de febrero de 2004, el tribunal condenó a Luis Armando Llanos a 9 años de prisión por homicidio simple. Los jueces Ernesto Kerman y Juan Carlos Peluc Noguera concluyeron que el disparo que mató a Pedro Morales no respondió a un forcejeo ni a un acto defensivo. Para ellos, la evidencia pericial y los testimonios de Herrera y Tallata demostraron que la víctima murió de un tiro directo, efectuado a centímetros de su cráneo.
El voto disidente correspondió al juez Félix Manuel Herrero Martín, quien no compartió la valoración probatoria de sus pares y sostuvo que aún persistían dudas sobre la secuencia del enfrentamiento. Pese a esa discrepancia, prevaleció la postura mayoritaria y se declaró la responsabilidad penal de Llanos que terminó confinado en el penal de Chimbas por largos años.
FUENTE: Sentencia de la Sala Segundas de la Cámara en lo Penal y Correccional, artículos periodísticos de Diario de Cuyo y hemeroteca de la Biblioteca Franklin de San Juan.