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Historias del Crimen

El peón de San Martín que despertó junto a la mujer de su amigo y fue asesinado a hachazos

Sucedió en agosto de 1967 después de una tremenda borrachera. Al dueño de casa no soportó ver a su amigo durmiendo al lado de su mujer y lo masacró a golpes con la filosa hoja de una herramienta.

Por Walter Vilca

Habían perdido la noción del tiempo a consecuencia de la borrachera. No sabían ni cuántos vinos se vaciaron y menos en qué momento se fueron a dormir. Nicolás sólo recordó que despertó despeinado y trasminado de alcohol en el piso de tierra de esa sala que servía de cocina comedor. Miró a su alrededor y no vio a nadie.

El peón rural se levantó perezosamente y, aún mareado por la resaca, caminó hacia el único dormitorio del rancho. La primera imagen le resultó borrosa, entonces frunció el ceño y miró fijamente sobre la cama. No lo podía creer. Lucas, su amigo, roncaba desparramado en una vieja sábana y pegado a su mujer, que parecía muerta del profundo sueño.

Preso de su bronca y de la sorpresa por lo que veían sus ojos, pegó el grito. Le largó unos insultos a Lucas. También llamó a Alida buscando despertarla, pero ni la mujer ni el otro hombre se movían. Zamarreó y tironeó de la camisa a su amigo, pero no hubo caso.

Un brutal ataque

Con cada segundo que transcurría, Nicolás se desesperaba más. Parecía que todavía no se le pasaba la curda y le brotaba la rabia. Hasta que no aguantó su impotencia por la falta de respuesta y fue a la cocina, tomó su hacha y ahí descargó su ira. Dos de los golpes con el filo de la hoja de acero fueron directo a la cabeza de Lucas. Otro dio en la espalda y un cuarto hachazo impactó en el hombro del indefenso changarín.

La sangre quedó esparcida sobre el colchón y el cuerpo mismo de Lucas Ramón Pereyra, la víctima de ese trágico suceso de la mañana del domingo 27 de agosto de 1967. Nicolás Luciano Guzmán, su amigo y homicida, tiró el hacha al lado de cama y empezó a dar vueltas con la cabeza gacha dentro de la casa de adobe situada en la finca Los Pinos, en la calle Nacional de San Martín.

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Tremendo. La fotografía publicada por Diario de Cuyo muestra la cama donde encontraron asesinado al peón rural Lucas Ramón Pereyra. En el piso se ve el hacha empleada para cometer el asesinato.

Tremendo. La fotografía publicada por Diario de Cuyo muestra la cama donde encontraron asesinado al peón rural Lucas Ramón Pereyra. En el piso se ve el hacha empleada para cometer el asesinato.

Alida recobró la conciencia un rato más tarde y saltó de la cama espantada cuando vio al otro hombre a su lado, todo ensangrentado. Su marido no dijo nada, seguía mirando al piso. Ambos eran pareja de hacía 8 años, Guzmán venía de un matrimonio anterior.

Masacrado

Esa mañana, Alida se trasladó a la casa de un vecino y le pidió que llamara a la Policía. Los uniformados de la Comisaría 19na, bajo las órdenes del oficial Juan Maldonado y el comisario Héctor Storniolo examinaron a simple vista al cadáver y constataron que el obrero rural Lucas Ramón Pereyra tenía destrozada la cabeza y se encontraba sin signos vitales.

Alida manifestaba signos evidentes de su estado alcohólico. La mujer explicó lo poco que sabía, aseguró que ella dormía pesadamente y no presenció el asesinato. Confirmó que los únicos que se hallaban en la casa eran Nicolás Guzmán, Lucas Pereyra y ella, y que estuvieron tomando desde el viernes 25 de agosto. Recordó que su marido y el amigo mantuvieron una discusión en algún momento del encuentro, pero aclaró que no llegaron al extremo de tomarse a golpes y eso fue lo único que vio.

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El homicida. Este era Nicolás Luciano Guzmán. Tenía 47 años cuando perpetró el asesinato. Foto de Diario de Cuyo.

El homicida. Este era Nicolás Luciano Guzmán. Tenía 47 años cuando perpetró el asesinato. Foto de Diario de Cuyo.

El que trató de cubrirse fue Nicolás Guzmán, que en principio expresó que no se acordaba de nada. Pero cómo justificaba la presencia de ese cadáver masacrado sobre su cama y su hacha con sangre en el piso del dormitorio.

Los policías lo presionaron, le dijeron que sería mejor que confesara que igual lo iban a llevar preso. Ya en la comisaría de San Martín, Guzmán contó que con Pereyra mantuvieron una pelea.

Confesión a media

Según afirmó, en la madrugada del domingo estaban tan borrachos que discutieron y casi se van a las manos, pero finalmente se calmaron y decidieron irse a dormir. Pereyra se acostó sobre unas colchas en el suelo, mientras él y su mujer se acomodaron en la cama de dos plazas.

Siguiendo con ese relato, aseguró que en eso que intentaba conciliar el sueño, observó que su amigo se arrimó y buscó meterse a la cama, del lado donde dormía Alida. Eso lo enfureció, entonces increpó a Pereyra exigiendo que se marchara de la habitación, pero éste no entró en razón. Por el contrario, le respondió mediante insultos y burlas.

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La mujer. La pareja de Guzmán cuando era entrevistada por un periodista. Foto de Diario de Cuyo.

La mujer. La pareja de Guzmán cuando era entrevistada por un periodista. Foto de Diario de Cuyo.

Nicolás Guzmán describió que eso lo puso como loco y enfadado tomó el hacha, con la que golpeó varias veces a su amigo hasta dejarlo tendido en la cama. A modo de defensa señaló que Pereyra fue quien originó la pelea y que ambos estaban completamente ebrios.

La confesión encajaba con el cuadro que los policías encontraron en la casa de calle Nacional, pero debían determinar si la cronología de los hechos era tal cual los relataba Guzmán. Porque el escenario daba entender que la víctima estaba acostada o al menos sobre la cama cuando fue atacada. Por otro lado, se descartó un delito sexual o no encontraron rastros que respaldaran la sospecha de una violación contra la mujer por parte de Pereyra.

Condenado

Nicolás Luciano Guzmán fue trasladado a la cárcel como único acusado del crimen de Lucas Ramón Pereyra, de 46 años. En 1969 fue llevado a juicio en el Primer Juzgado del Crimen por el delito de homicidio simple.

El abogado defensor buscó hacer zafar a Guzmán con el argumento de que su estado de embriaguez le impidió comprender la criminalidad de sus actos o dirigir sus acciones y por esas circunstancias era inimputable. Además, puso énfasis en un dato no menor, que la pareja y Pereyra bebieron durante dos días seguidos y eso graficaba el estado en el que seguramente se encontraban.

Para la Justicia quedó acreditado que la víctima estaba durmiendo en la cama, cuando fue atacado a hachazos por su amigo.

El fiscal sostuvo la acusación y consideró que fue cierto que Guzmán se encontraba alcoholizado, pero no en un nivel tan grave como para hacerle perder la conciencia. Otro punto relevante que mencionó fue que la investigación reveló que Pereyra no alcanzó a defenderse, que estaba acostado e indefenso sobre la cama al momento que recibió los hachazos.

El 7 de octubre de 1969, el juez José Alejandro Hidalgo firmó la sentencia en la que condenó a Nicolás Luciano Guzmán a la pena de 10 años de prisión por el delito de homicidio simple.

Entre los fundamentos, dejó en claro que el estado alcohólico que presentaba el acusado al momento de cometer el asesinato no lo eximía de la responsabilidad en la autoría. En otra parte de su fallo, se interpreta que no le otorgó credibilidad al relato del procesado y en cambio dio por acreditado que Pereyra estaba durmiendo sobre la cama, al lado de la mujer, cuando lo atacó salvajemente.

FUENTE: Sentencia del Primer Juzgado del Crimen, artículos periodísticos de Diario de Cuyo y Tribuna y hemeroteca de la Biblioteca Franklin.

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