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Historias del Crimen

El jubilado de Chimbas que asesinó a un chico de un balazo por unos duraznos

Una tarde de 1988, tres adolescentes se metieron a un baldío a sacar duraznos de los fondos de una propiedad en Villa El Salvador. Uno de esos chicos, de 14 años, recibió un disparo mortal.

Por Walter Vilca

Nada sucedía si se llevaban un durazno o una docena. ¿Qué tan grave era? ¿Qué amenaza podían representar tres adolescentes que casi eran unos niños? Si se trataba de una travesura, un juego inofensivo o la inocente picardía de unos chicos que querían comer unas frutas.

Pero no, Pedro Eleuterio Lagos se dejó llevar por sus acostumbrados arranques violentos. El jubilado tenía mal genio. A poco de que oyó el murmullo y el ruido de las ramas del árbol del durazno en el fondo de su casa, caminó a tomar su arma larga. De nuevo en el patio, continuó escuchando voces o vio que alguien se asomaba sobre la pared.

Él siempre sostuvo que apuntó al cielo. El estampido y el grito que se sintieron en esas milésimas de segundos, dijeron otra cosa. Ahí mismo también se escuchó la dura caída de algo del otro lado de la medianera.

Danielito se retorcía en el piso del baldío. Se tomaba del cuello mientras la sangre se escurría entre sus dedos. Ese dolor desesperante fue igual que el espanto que sacudió a sus dos amigos, que escaparon despavoridos sin entender qué ocurría.

Un disparo mortal

Habían pasado minutos de las 16 horas del martes 20 de diciembre de 1988. Después vinieron los gritos y lamentos de los vecinos que salieron a la calle al oír el disparo y se encontraron con el adolescente tirado en el baldío, ahogándose en sangre y en su inevitable muerte.

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Tremendo. El cuerpo del chico yace cubierto con una manta, muy cerca de ahí el padre se lamenta. Foto de Diario de Cuyo.

Tremendo. El cuerpo del chico yace cubierto con una manta, muy cerca de ahí el padre se lamenta. Foto de Diario de Cuyo.

Daniel Horacio Aguirre no alcanzó a ser auxiliado. El chico de 14 años falleció en el baldío, pegado a la pared de adobe de ese inmueble situado en calle Entre Ríos, 50 metros al norte de avenida Benavidez, en la conocida Villa El Salvador de Chimbas.

Dentro de la propiedad era como si nada pasara. Pedro Eleuterio Lagos no se daba por enterado que acababa de matar a ese jovencito con su destartalado rifle. O prefería hacerse el desentendido, cuando sabía que le había pegado un balazo a la persona que estaba arriba de la pared.

No transcurrió mucho tiempo para que el jubilado tomara noción que la situación afuera resultaba alarmante. Los gritos, las sirenas y los insultos dirigidos hacia su casa anunciaban que se le avecinaba la noche.

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Gran revuelo. Los policías custodiaron la casa del jubilado detenido. Foto de Diario de Cuyo.

Gran revuelo. Los policías custodiaron la casa del jubilado detenido. Foto de Diario de Cuyo.

A cuadras de allí, en la Villa Echeverría –hoy desaparecida-, los papás de Danielito escuchaban horrorizados lo que contaban Marcelo y Carlos. Los amigos del chico, de 15 y 12 años, narraron llorando a Rosario Miranda y a Basilio Aguirre que Danielito había sido herido de bala y estaba tirado en un baldío frente a la avenida Benavidez. Les suplicaron que vayan a verlo. Por el miedo a que lo culparan a ellos, también les juraron que no estaban haciendo nada malo, que solamente se metieron a un baldío a sacar unos duraznos.

Los padres de Danielito corrieron esas seis cuadras que separaban la Villa Echeverría con Villa El Salvador, cruzaron el canal y la avenida Benavidez y llegaron exhaustos al baldío. Unos policías los frenaron antes de entrar al predio. Los rostros de los uniformados lo decían todo. Fueron sinceros: “No pueden hacer nada”, les dijeron. Danielito estaba muerto.

Dolor y bronca

Los uniformados de la Comisaría 17ma y del Comando Radioeléctrico cercaron el lugar. Trataban de mantener a la gente a distancia, pero los comentarios boca a boca de los vecinos arrojaba luz sobre el episodio y eso enardecía a los curiosos. “Fue el viejo Lagos”, murmuraban. El jubilado era un cascarrabias y cada tanto se mezclaba en discusiones con algún habitante del barrio, según testimonios actuales de algunos vecinos.

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El jubilado. Este era Pedro Eleuterio Lagos, el autor del disparo. Foto publicada en Diario de Cuyo.

El jubilado. Este era Pedro Eleuterio Lagos, el autor del disparo. Foto publicada en Diario de Cuyo.

Eso agitó más el clima tenso que se vivía en la esquina de Entre Ríos y Benavidez. Nadie entendía de por qué dispararían contra un chico, sólo por arrancar unos duraznos de un árbol que daba al baldío. La respuesta a esa pregunta se tradujo en la bronca y la reacción furiosa de algunos vecinos, que comenzaron a maldecir al jubilado y arrojaron piedras contra su casa de pura impotencia.

Otros policías ya estaban adentro de la vivienda interrogando al jubilado de 74 años. Lagos admitió que disparó, pero aseguró que largó un tiro al aire únicamente para asustar a las personas que intentaban meterse a su casa y desconocía si había herido a alguien. En el interior de la casa encontraron el arma utilizada, un viejo rifle marca Rubí Extra calibre 22 al que le faltaba la culata.

Un gran alboroto

En la calle el alboroto era descomunal. Las familias que conocían a los Aguirre y otros vecinos de las villas ubicadas del lado de Concepción se amontonaban buscando ver el cadáver del adolescente, cubierto con una manta.

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Daños. Uno de los patrulleros apedreados. Foto de Diario de Cuyo.

Daños. Uno de los patrulleros apedreados. Foto de Diario de Cuyo.

Las pedradas volaban y hubo quienes intentaban avanzar contra la casa de Lagos, amenazando entrar para tomar justicia por mano propia. Los jefes policiales prefirieron no arriesgarse y en un rápido operativo sacaron escoltado al jubilado y lo subieron con la cabeza tapada a un Ford Falcón.

La lluvia de cascotazos sacudieron al patrullero, que se alejó a toda velocidad y abriéndose paso con la sirena en dirección a la seccional de Chimbas. Otros móviles terminaron con los vidrios rotos. Atrás, retumbaron los disparos de las escopetas Ithacas de los hombres del Cuerpo de Infantería que formaron una línea de contención y dispersaron a los revoltosos.

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Traslado. El jubilado fue sacado fuertemente custodiado de la casa. Foto de Diario de Cuyo.

Traslado. El jubilado fue sacado fuertemente custodiado de la casa. Foto de Diario de Cuyo.

Al lugar llegó el juez de turno Juan Carlos Peluc Noguera junto con el médico legista de la Policía para examinar el cuerpo de Danielito. A los pocos metros, Basilio Aguirre se tomaba la cabeza, caminaba agitado de un lado a otro y de a rato se apoyaba a llorar contra la pared de adobe. Rosario no lo soportó. En un momento dado se desmayó y fue llevada lejos para que sus familiares la consolaran.

El médico policial constató que el chico fallecido presentaba una herida bala en el costado derecho de su cuello, sin orificio de salida. Horas más tarde lo confirmó el forense, que estableció que el proyectil calibre 22 ingresó a la altura del cuello, que el plomo continuó su trayectoria en forma descendente, atravesó el tórax, un pulmón y quedó alojada en la médula espinal. Eso explicaba de por qué el deceso del adolescente se produjo en cuestión de minutos.

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El arma. Un policía de civil retira el arma empleada en el homicidio. Foto de Diario de Cuyo.

El arma. Un policía de civil retira el arma empleada en el homicidio. Foto de Diario de Cuyo.

El silencio mezclado con el llanto incontenible de los padres y los seis hermanos de Danielito contagiaron a los vecinos de la calle Catamarca y la Villa Echeverría. Es que el chico tenía 14 años. Todos lo conocían porque, fuera del horario de la escuela, salía a vender semitas.

El relato de los amigos

Aquella tarde del martes 20 de diciembre de 1988, Daniel y sus dos amigos estuvieron dándose unos chapuzones en el canal Benavidez. Ellos no conocían piletas. Cuando se cansaron, salieron del agua y se sentaron al costado de la avenida. Y como tenían hambre, uno de ellos propuso buscar algunos duraznos del árbol que daba a ese lote abierto. Las ramas se extendían por arriba de la medianera de la propiedad del jubilado.

Daniel y Marcelo hicieron la punta. Carlos, el más chico, ingresó al baldío, pero se arrepintió y los esperó casi en la calle. Temía que saliera el dueño de casa, conocía al jubilado por gruñón.

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Danielito. Este era Daniel Horacio Aguirre, el chico asesinado de balazos. Foto de Diario de Cuyo.

Danielito. Este era Daniel Horacio Aguirre, el chico asesinado de balazos. Foto de Diario de Cuyo.

¿Qué podría pasar más allá de un reto?, habrán pensado. Daniel trepó con ayuda de Marcelo. En el instante que llegó a la parte superior de la pared de adobe, se escuchó la detonación del arma de fuego. El balazo quebró una rama y en ese mismo instante impactó en el cuello del adolescente, que pegó un alarido y se desplomó de una altura de dos metros.

Esto fue lo que declararon los dos amigos de Daniel Aguirre. Lagos se mantuvo firme en su relato, aseguró que su intención no fue herir mortalmente al chico. Según su versión, ni siquiera lo vio y reiteró que disparó al aire con la idea de asustarlos para que se marcharan.

La condena y la revisión del caso

En parte pudo tener razón, pero era mucha casualidad que el balazo diera puntualmente en el cuello del chico. El juez que investigó el caso entendió que el jubilado tuvo en la mira al adolescente y que, al efectuar el disparo, actuó con dolo. Por esa razón lo procesó y lo dejó detenido.

El 5 de marzo de 1989, Pedro Eleuterio Lagos fue condenado a la pena de 10 años de prisión por el delito de homicidio simple. Para la familia Aguirre Miranda se hacía Justicia. Sin embargo, la sentencia fue apelada por la defensa y el caso pasó al tribunal de la Sala I de la Cámara en lo Penal y Correccional.

La postura de los camaristas fue otra, muy distinta a la del juez de primera instancia. Para el tribunal, objetivamente no existían dudas de la autoría material del crimen por parte del jubilado. Subjetivamente, no se cumplían los requisitos para encuadrar esa muerte dentro de un hecho doloso, es decir como un homicidio simple. Además, citaron antecedentes.

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Hoy. Así se ve el lugar donde ocurrió el fatal hecho que costó la vida a un chico de 14 años.

Hoy. Así se ve el lugar donde ocurrió el fatal hecho que costó la vida a un chico de 14 años.

En sus conclusiones expresaron que tampoco podían calificar el caso como homicidio con dolo eventual. Interpretaron que pudo ser cierto que el jubilado disparó al aire con la sola intención de asustar a los visitantes y que ni siquiera se representó la idea del grave daño que causaría. En todo caso, allí hubo una muerte producto de un accidente, de una acción negligente por parte del hombre mayor, señalaron.

Para los jueces Arturo Velert Frau, Diego Román Molina y José Raúl Iglesias las pruebas expuestas en el juicio no daban certezas y, al no haberlas, correspondía favorecer al procesado. Como consecuencia, el 19 de diciembre de 1991 ratificaron la culpabilidad de Pedro Eleuterio Lagos en la muerte de Danielito, pero cambiaron la calificación de homicidio simple por la de homicidio culposo. Eso significó que le bajaran la pena de 10 años de prisión a sólo 3 años de cárcel, de modo que el jubilado recuperó su libertad ese mismo día por el tiempo que llevaba entre rejas.

Los Aguirre Miranda nunca se recuperaron de la muerte de Danielito. Los vecinos que conocieron a la familia y todavía viven en esa zona de Concepción, contaron que Basilio “se volvió loco” y murió. Rosario falleció años después. El resto de los hijos del matrimonio se mudaron a otros lugares del Gran San Juan con el programa de erradicación de villa y no los vieron más.

FUENTE: Sentencia de la Sala I de la Cámara en lo Penal y Correccional, artículos periodísticos de Diario de Cuyo y hemeroteca de la Biblioteca Franklin.

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