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Historias del Crimen

Una trama de amistades peligrosas, un asalto y el asesinato del vendedor de carbón en la Benavidez

Una noche de 1996, tres delincuentes tomaron por asaltaron a un vendedor de carbón y lo mataron. Más tarde se supo que los ladrones conocían a un empleado y a una amiga de la mujer de la víctima.

Por Walter Vilca

Nunca se acreditó con certeza si fue una entregada, pero sí que existió un plan para ejecutar el atraco y una averiguación previa sobre las actividades de las víctimas. Uno de los delincuentes era cuñado de un empleado del vendedor de carbón y otro ladrón era pareja de una chica que había entablado cierta amistad con la mujer del comerciante.

O sea, los delincuentes manejaban información sobre Gustavo Oscar Vélez, de 27 años, y Soledad Ávila, la pareja cordobesa que vendía bolsas de carbón y leña en el cruce de avenida Benavidez y Ruta 40, del lado de Concepción, Capital. Ambos venían periódicamente a San Juan a ofrecer su mercadería. En ese lugar estacionaban su camión con acoplado y levantaban una carpa y su puesto de venta.

Algunos vecinos de la zona ya los conocían, además traían con ellos a un par de empleados y contrataban algún que otro changarín de Concepción para que los ayudaran con el fraccionamiento del carbón y las ventas. Eso explica de por qué la noche del viernes 28 de junio de 1996, Gustavo Vélez y su pareja estaban acompañados por dos de sus empleados cuando fueron rodeados por tres asaltantes.

El atraco

Dos de los ladrones los encañonaron con armas tipo revólveres. El tercer delincuente se mantuvo a distancia como haciendo de campana y casi que no intervino en el amedrentamiento. Al primero que empujaron y arrojaron al piso fue a Vélez. Después se la agarraron con la chica, su otro blanco, que también acabó tirada en el suelo, boca abajo.

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El escenario. Así se veía el puesto de venta del comerciante cordobés asesinado. Foto de Diario de Cuyo.

El escenario. Así se veía el puesto de venta del comerciante cordobés asesinado. Foto de Diario de Cuyo.

Los changarines cerraron sus puños y amagaron con irse contra los delincuentes, pero bastó que los apuntaran para que desistieran de la peligrosa acción. Con las bolsas de carbón apiladas en la esquina y la poca luz, pues eran las 20 horas, el atraco pasó inadvertido para los automovilistas y peatones que transitaban por ese conocido cruce que divide a Capital con Chimbas.

Vélez suplicaba y les juraba que no contaba con un peso, pero los delincuentes lo insultaban de arriba a abajo y lo encañonaban exigiendo toda la plata. La chica rezaba por dentro suyo. Los ladrones no perdieron ni un segundo y revisaron todo, así fue que vaciaron los bolsillos del vendedor de carbón y un bolso.

Se estimó que se apoderaron de 3.000 pesos de la época. Ahí, Vélez vio que se le esfumaba todo lo que había ganado en la última semana. Sintió que el esfuerzo de días de trabajo y trasnochadas en la calle se le iban de un solo manotazo, entonces le hirvió la sangre y sus ruegos se transformaron en pura bronca.

Un disparo mortal

Los nervios lo traicionaron. Cuando aún tenía enfrente a los asaltantes, se paró y se abalanzó sobre uno de ellos. Del otro lado no tardaron en jalar del gatillo. En esos instantes se escucharon dos disparos

Soledad corrió buscando refugiarse. En cambio, Gustavo Vélez largó un quejido, se encogió y quedó paralizado. Uno de los proyectiles había impactado en el costado izquierdo de su pecho.

Los asaltantes hasta tanto cruzaron la ruta y se perdieron por los pasillos de la vieja Villa Costa Canal. Vélez trataba de mantenerse en pie, mientras Soledad y sus empleados lo tranquilizaban y gritaban pidiendo auxilio.

La bala impactó a la altura del pulmón izquierdo del comerciante. La herida la provocó la muerte horas más tarde.

Esa noche Gustavo Oscar Vélez ingresó al Servicio de Urgencias del Hospital Guillermo Rawson con esa herida de bala en la zona del hemitórax que lo tenía muy comprometido. Los médicos decidieron intervenirlo quirúrgicamente, pero la hemorragia y el daño pulmonar agravaron el cuadro de salud del comerciante que, finalmente, falleció en los primeros minutos del sábado 29 de junio de 1996.

Los policías de Seguridad Personal de la brigada y la Comisaría 2da de Concepción se convencieron de que los autores del mortal atraco pertenecían a las villas ubicadas en los alrededores de la ruta 40 y la avenida Benavidez. Se tiraron muchos nombres de personas con antecedentes por delitos contra la propiedad.

Las sospechas

Soledad Ávila y sus empleados aportaron descripciones de los delincuentes, pero parece que no alcanzaban para individualizarlos. El 4 de julio, los investigadores detuvieron a un joven de apellido Montiveros. Según las versiones policiales, la pareja de Vélez miró un álbum de fotos con posibles sospechosos y dijo que la fisonomía de éste coincidía con la del ladrón que disparo contra el comerciante.

El problema fue que durante el allanamiento en el domicilio del sospechoso no encontraron ninguna arma ni dinero. Además, el muchacho presentó testigos que afirmaron que la noche del 28 de junio estuvo en otro lugar.

Esa línea poco a poco se fue desvaneciendo, a la par los policías al mando del juez Agustín Lanciani ahondaban la investigación en dirección a la hipótesis de la entregada o de posibles nexos entre los delincuentes y personas cercanas a las víctimas.

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Captura. El 11 de julio de 1996 detuvieron a otros tres sospechosos que resultaron ser los autores del mortal atraco. Foto de Diario de Cuyo.

Captura. El 11 de julio de 1996 detuvieron a otros tres sospechosos que resultaron ser los autores del mortal atraco. Foto de Diario de Cuyo.

Esa información se mantuvo en reserva hasta la concreción de los allanamientos del 11 de julio de 1996 en dos viviendas de las calles Catamarca y Sarmiento en Concepción, y en otra casa en la Remedios de Escalada, en Chimbas. En esos procedimientos detuvieron a Carlos Alejandro “Tortita” Corzo Vargas, de 25 años; a José Antonio Herrera, también de 25 y alías “El Payo”; y a José Luis Pastén, apodado “Yoyo”, de 21 años.

En uno de esos operativos incautaron un revólver, pero no era el arma homicida. El proyectil extraído del cadáver de Vélez indicaba que le dispararon con un revólver calibre 22 corto.

Los vínculos

En esos días trascendió que Herrera era cuñado de un empleado de Vélez, además la misma mujer de la víctima afirmó que conocía a “El Payo”, aunque aclaró que esa noche no lo reconoció porque siempre se mantuvo lejos y no le vio el rostro. Otra versión que circuló fue que la mujer o novia de Corzo Vargas mantenía amistad o había charlado un par de veces con la pareja del comerciante muerto.

Todo eso sembró la teoría de que esas personas actuaron de entregadoras, pero jamás se comprobó esa sospecha. Es posible que los ladrones fueron recopilando información con mucha discreción a través de estas personas y así pergeñaron el asalto, explicó un investigador de aquellos años.

En agosto de 1997, los tres acusados fueron a juicio en la Sala III de la Cámara en lo Penal y Correccional por el delito de robo seguido de muerte. El más complicado resultó ser el “Tortita” Corzo Vargas, a quien señalaron como el autor del disparo mortal contra el comerciante cordobés Gustavo Vélez.

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En el juicio. Pastén, Herrera y Corzo Vargas durante el juicio oral y público realizado en agosto de 1997. Foto de Diario de Cuyo.

En el juicio. Pastén, Herrera y Corzo Vargas durante el juicio oral y público realizado en agosto de 1997. Foto de Diario de Cuyo.

El fiscal Gustavo Manini pidió una pena de 16 años de prisión para este último. En cambio, para Pastén solicitó 12 años de cárcel. La presunción fue que el “Yoyo” tuvo un papel activo en el atraco junto al “Tortita” y que también portaba un revólver. A Herrera le atribuyeron el rol de campana en la maniobra, en razón a esto el representante del Ministerio Público Fiscal requirió un castigo de 11 años para él.

El abogado Horacio Merino, el defensor de todos ellos, recomendó que se abstuvieran de declarar al inicio del debate, pero antes que terminara el juicio cada uno por su lado hizo una breve declaración y confesó su participación en el atraco. Los tres coincidieron en afirmar que sólo fueron a robar, que nunca estuvo en sus planes efectuar algún disparo.

Confesión

En ese sentido, el “Tortita” Corzo Vargas se hizo cargo del asesinato. Aseguró que únicamente él llevaba un arma de fuego y sostuvo que Vélez lo enfrentó y que el tiro se le escapó en medio de ese forcejeo.

En la sentencia leída el 12 de agosto de 1997, los jueces Ricardo Conte Grand, Héctor Fili y José Enrique Domínguez condenaron a Carlos Alejandro Corzo Vargas a la pena de 15 años de cárcel. A José Luis Pastén y José Antonio Herrera les dieron 8 y 7 años de prisión, respectivamente.

El que menos tiempo estuvo preso en el penal de Chimbas fue “El Payo” Herrera. En el 2000 empezó a salir de la cárcel y ese mismo año fue acusado y después condenado a 6 meses de prisión por hurto en grado de tentativa. En 2001 le dieron por cumplida su pena.

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Muy joven. Esta es una foto de aquel entonces de Carlos Alejandro Corzo Vargas.

Muy joven. Esta es una foto de aquel entonces de Carlos Alejandro Corzo Vargas.

Al “Yoyo” Pastén le aparecieron otras causas como hurto de automotor, evasión y privación ilegítima de la libertad. Fue así que lo condenaron por estos otros delitos y le unificaron ese castigo con el del caso Vélez, quedando una única pena de 11 años de prisión. En 2004 empezó a gozar de las salidas transitorias.

En 2012 recibió otra pena de 1 año de cárcel por un caso de droga. Años más tarde fue acusado de amenazas y resistencia a la autoridad y robo seguido de muerte, pero luego fue desligado de esas causas.

En el caso de Carlos Corzo Vargas fue acusado y procesado por presunto homicidio en riña, daño, amenazas e incendio durante un violento motín dentro del penal de Chimbas. Esa causa no prosperó y en 2003 obtuvo los beneficios carcelarios. En 2007 le dieron por cumplida la condena por el asesinato del carbonero. Después estuvo preso por los supuestos delitos de amenazas y robo, pero no llegaron a condenarlo por esos hechos.

FUENTE: Sentencia de la Sala III de la Cámara en lo Penal y Correccional, artículos periodísticos de Diario de Cuyo y hemeroteca de la Biblioteca Franklin.

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