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Historias del Crimen

El joven enfermo mental de Caucete, el asesinato de la madre de su novia y una muerte en la soledad

Es la historia de Diego Carmona. En 2003, tras una discusión, baleó a su novia y asesinó a la madre de ésta. Nunca fue juzgado debido a su enfermedad mental. En 2019 lo encontraron muerto en su casa.

Por Walter Vilca

Su pasado decía que ese muchacho no estaba bien. Le habían dado de baja del servicio militar voluntario. Sus caídas en la Policía por desórdenes en la vía pública. Sus repentinos cambios de hábitos, como el aferrarse a la Iglesia. Sus supuestas adicciones. O esa obsesiva relación con su novia y los continuos maltratos hacia ella.

Todo era al extremo en él. Para muchos, un joven normal que se ponía violento por el consumo de las drogas o las malas juntas. Pero Diego David Carmona tenía un grave problema, que nadie lo vio o no lo tomaron en serio hasta esa noche del domingo 6 de abril de 2003.

Como otras tantas veces, el joven de 25 años empezó con los reproches a Natalia. Parecía que buscaba cualquier excusa para discutir con su novia e incluso golpearla. Esa noche ambos se encontraban en el domicilio de la hermana de Carmona, a sólo dos casas de la vivienda de la joven, en el interior del barrio Felipe Cobas, en Caucete.

Un vecino que pasaba por la calle vio a través de la ventana que Diego amenazaba o le pegaba a Natalia, entonces caminó hasta la casa de la muchacha y avisó a la madre lo que estaba pasando en la casa de los Carmona. Lucía Delego, que conocía bien a Diego, no iba a dejar que otra vez humillara o lastimara a su hija.

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El homicida. Este era Diego David Carmona, el caucetero que mató a la madre de su novia. Foto de Diario de Cuyo.

El homicida. Este era Diego David Carmona, el caucetero que mató a la madre de su novia. Foto de Diario de Cuyo.

La mujer salió a los trancos hacia la casa de sus vecinos, dispuesta a sacar a como dé lugar a la joven de las manos de Diego Carmona. Se acercó y desde la vereda llamó a Natalia, exigiendo que saliera de inmediato. Ahí mismo le largó un reto a Diego, que seguía maltratando a la joven en el interior de la casa. Al parecer, él también insultó y le gritó algunas cosas a la mujer de 49 años, mientras no soltaba a la muchacha.

En ese instante, él explotó: “Ya me tienen cansado las dos”, gritó. Diego Carmona agarró de los cabellos a su novia y la sacó a la rastra a la vereda. Para ese entonces empuñaba en una de sus manos un revólver calibre 38, que nunca se supo cómo y de dónde la sacó.

Un ataque desalmado

Entre los gritos de uno y de otro, se oyó el estampido del disparo. En ese segundo Lucía Delego pegó el alarido y se desplomó sobre la cuneta de la manzana H, en el Sector 5del Barrio Felipe Cobas. Después se escuchó la segunda detonación. Con ese mismo desprecio con que atacó a su suegra, Diego tomó de atrás a su novia y le largó un balazo al cuerpo.

Por esas casualidades, en esos momentos había salido a la puerta el hijo de Lucía Delego y un amigo policía que lo visitaba. Ese agente, al escuchar los tiros y al observar a la mujer tendida en el piso, salió corriendo al encuentro del agresor, a la vez que desenfundó su pistola. El cuñado de Carmona también se asomó a la puerta de su casa y empezó a gritar: “¡Qué hiciste! ¡Qué hiciste!”.

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La víctima. Lucía Delego, la mujer asesinada en 2003. Foto de Diario de Cuyo.

La víctima. Lucía Delego, la mujer asesinada en 2003. Foto de Diario de Cuyo.

Aquello era pura confusión y caos. Diego observó que venía el policía y empezó a correr. El agente alcanzó a efectuar unos tiros al aire para ver si el joven se detenía, pero la agilidad de este último pudo más y le sacó una gran distancia que le permitió escapar.

El policía volvió hacia donde estaban las mujeres heridas, que eran auxiliadas por sus familiares y los vecinos. Por Lucía Delego no se podía hacer nada, el disparo en el pecho había sido fulminante y mortal. A la que trasladaron fue a Natalia. La chica de 22 años recibió un disparo que le atravesó parte del pecho, pero que increíblemente no le dañó ningún órgano vital.

Prófugo

Diego Carmona se esfumó en la oscuridad de la noche y deambuló por las fincas y los campos de Caucete durante todo el lunes 7 de abril. La foto con su rostro circulaba por todas las comisarías y las divisiones de la Policía de San Juan. El juez Agustín Lanciani, a cargo del Segundo Juzgado de Instrucción, había librado la orden de captura contra el joven para que lo buscara en toda la provincia por el delito de homicidio.

Sólo, sin un peso en los bolsillos y nadie que le diera amparo, caminó hasta casi el límite con 25 de Mayo y pasó la noche debajo de unos arbustos. Luego dijo que no pudo dormir. A cada rato escuchaba los tiros y volvía a su mente esa escena de su novia herida y la madre muerta.

En la madrugada del martes 8 de abril de 2003, el joven a regresó a escondidas a su casa en el barrio Felipe Cobas y se reencontró con su madre. Él juró que no sabía lo que había hecho. Ella le pidió que se entregara a la Policía.

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Capturado. Este es una de las imágenes tomadas de Carmona tras su fuga. Foto de Diario de Cuyo.

Capturado. Este es una de las imágenes tomadas de Carmona tras su fuga. Foto de Diario de Cuyo.

Ese martes a primera hora de la mañana, Diego Carmona en compañía del abogado Oscar Zuleta se presentó en la Comisaría 9na de Caucete y entregó el arma homicida, un revólver calibre 38. Después fue trasladado a la Comisaría 1ra de Capital, por su seguridad. Se temía que una muchedumbre quisiera tomar venganza por mano propia y atacara a la comisaría, algo que no fue más que un rumor.

En esos días, el abogado Zuleta pidió al juez que sometieran al joven a una junta médica para evaluar su estado mental. Existían antecedentes de problemas de tipo psiquiátricos en él. Su controvertida vida también evidenciaba que tenía cierto desequilibrio.

En 1998 se alistó en el servicio militar voluntario en una unidad del Ejército Argentino en San Luis, pero al cabo de un año le dieron la baja por sus extraños comportamientos. Llevaba una vida turbulenta en Caucete. Tenía esos meses en que volvía a probar la droga o se metía en problemas con sus amigos. Y otros, era una persona totalmente distinta que participaba de las actividades de la parroquia Cristo Rey y buscaba refugio en la Iglesia.

Eso sí, nunca dejaba a su novia con quien tuvo una relación enfermiza de amor y odio por más de cinco años. Claro está que era una historia de sometimiento hacia la chica, que por miedo y por costumbre no podía romper con ese noviazgo. Discutían continuamente y Diego la maltrataba, según los testimonios. Eso desesperaba a Lucía, que en los últimos meses no aceptaba al muchacho y ni lo recibía en su casa por todo lo que sufría su hija a su lado.

Un cuadro peligroso

A Carmona se le realizaron una serie de estudios y el informe de la junta médica fue determinante. Le diagnosticaron “esquizofrenia paranoide de larga data”, un trastorno mental que lo convertía en peligroso para él y para terceros.

Esto lo puso en la situación de una persona inimputable ante la Justicia. Alguien a quien no podía someter a un proceso penal porque simplemente no estaba en su sano juicio y por tanto no tenía conciencia de la criminalidad de sus actos.

El viernes 25 de abril de 2003, Carmona fue trasladado de la Comisaría 1ra de la ciudad Capital al Hospital Mental de Zonda, hoy Hospital Dra Julieta Lanteri. Ahí estuvo medicado y bajo custodia policial, pero aguantó apenas tres días. El 28 de abril en horas de la noche, cuando el guardia se descuidó, rompió la malla metálica de la ventana de la sala de internación y escapó del nosocomio de Rivadavia.

Otra vez se disparó la alarma entorno a Diego Carmona. Después de que descubrieron la fuga, dispusieron una guardia policial en la casa de la exnovia. Existía preocupación por el joven frente a la posibilidad que buscara atentar contra la familia.

Tres juntas médicas evaluaron a Carmona y le dieron el alta en el Hospital Mental de Zonda en 2013. En ese entonces volvió a su casa en Caucete.

A las horas, Carmona cayó en la cuenta de que no tenía adónde ir. Como la primera vez que se profugó, estuvo dando vueltas, pero en el centro capitalino. El amanecer lo sorprendió en la esquina de Diagonal Don Bosco y avenida Rawson. Desde un teléfono público llamó a su madre y después a su abogado. Más tarde se entregó voluntariamente en la Policía junto al letrado.

Desde ese día, el hospital mental fue su hogar por un largo tiempo. Su trastorno lo convertía en una persona peligrosa si no se medicaba, pero mostró importantes en los años siguientes.

En la segunda mitad del 2013, obtuvo el alta en el hospital. Antes fue evaluado por tres juntas médicas que dieron el visto bueno para que retornara a su casa, con la condición de que estuviese bajo el cuidado de su familia y el estricto suministro de sus dosis.

El regreso y sus últimos años

Como no contaba con otro hogar más que el de su madre, en el barrio Felipe Cobas, volvió a estar cerca de la casa de su exnovia. Y eso trajo problemas tarde o temprano. En 2014, la chica denunció que Diego Carmona la hostigaba cada vez que la veía en la calle y amenazaba a su familia. Contó que llegó a lanzarle un ladrillo y a decirle: “Qué mirás mugrienta, ¿querés que te mate como a tu madre?”

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La última foto. Esta es una de las últimas imágenes de Diego David Carmona.

La última foto. Esta es una de las últimas imágenes de Diego David Carmona.

Hubo advertencias a Diego Carmona y a su familia por parte de la Justicia para que no molestará más a la otra familia. El tiempo luego apaciguó los ánimos y dejó atrás tanta violencia y el recuerdo de la tragedia del 2003.

Diego Carmona se recluyó más. No contaba con amigos y su único vínculo social era su anciana madre y sus hermanos. Dicen que pasaba sus días encerrado en su casa o su habitación.

En los primeros días de octubre de 2019, su madre viajó a San Luis a visitar a otro de sus hijos y Diego quedó solo en la casa de la manzana H, del Sector 5, del barrio Felipe Cobas.

El 8 de ese mes, la mujer volvió y se encontró con un olor nauseabundo en todo el hogar. Diego David Carmona, de 41 años, estaba cubierto con una colcha y sin vida sobre su cama. Llevaba cinco días de fallecido.

Los investigadores judiciales y policiales comprobaron que no presentaba lesiones en el cuerpo, más que el estado de descomposición producto de los días transcurridos. Además, encontraron dos blísters de psicofármacos vacíos en el piso. No había mucho que decir. Él mismo había ingerido esa cantidad de pastillas para intoxicarse y se acostó a esperar la muerte en soledad.

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