Un violento enfrentamiento vecinal que incluyó ráfagas de disparos, agresiones con piedras a las fuerzas de seguridad y hasta la utilización de un animal peligroso como arma defensiva terminó con una condena. El hecho, ocurrido en el interior de la Villa del Sur, en Chimbas, se resolvió mediante un procedimiento de juicio abreviado.
Los imputados, identificados como Macarena de Los Ángeles Carrizo y Sergio Daniel Quiroga, admitieron su responsabilidad en los hechos ante las autoridades judiciales. Tras el acuerdo entre las partes, ambos fueron condenados a la pena de 2 años de prisión condicional tras ser considerados coautores del delito de tenencia de arma de guerra. Al tratarse de una pena menor a los tres años y carecer de antecedentes que dicten lo contrario, los imputados recuperaron la libertad.
La resolución fue homologada por el juez de Garantías, Alberto Caballero. Por el lado del Ministerio Público Fiscal, la acusación estuvo liderada por el fiscal Adrián Riveros junto a la Eliana Roca, mientras que la defensa técnica de los procesados corrió por cuenta del abogado particular, el doctor Pardo.
Una lluvia de balas y un ataque canino
El caso se originó a partir de una feroz disputa entre bandas y vecinos en las calles de la populosa barriada chimbera. Los disturbios escalaron rápidamente a un tiroteo abierto, lo que motivó el desplazamiento urgente de efectivos policiales de la Comisaría y de unidades de apoyo para contener la situación.
Al arribar al lugar, los uniformados fueron recibidos con hostilidad. Lejos de deponer su actitud, un grupo de personas comenzó a arrojar piedras de gran tamaño contra los móviles policiales, provocando daños materiales en los patrulleros.
En medio del tumulto y las detonaciones, el personal policial individualizó a los sospechosos. Fue en ese momento cuando se produjo uno de los episodios más tensos: para evitar ser aprehendido, el imputado Sergio Daniel Quiroga no dudó en utilizar a un animal como defensa y soltó a un perro dogo de color blanco directamente contra los policías, instigándolo a atacar para facilitar su resistencia.
Pese a la peligrosidad del animal y la agresividad del entorno, los efectivos lograron controlar la situación, reducirlos y secuestrar un arma de fuego que no contaba con la debida autorización legal, elemento que finalmente encuadró la imputación penal como tenencia de arma de guerra.