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HISTORIAS DEL CRIMEN

Caso Matus: del balazo de un policía al hallazgo de su cuerpo atacado a tiros, quemado y mutilado

Sucedió el 6 de julio de 1996. Un verdulero ambulante desapareció una noche y al otro día fue encontrado asesinado en la Costanera, Chimbas. Juzgaron a dos personas, pero eran inocentes. Nunca se esclareció el caso.

Por Walter Vilca 10 de abril de 2022 - 09:01

Cómo es que en una provincia chica como San Juan una persona aparezca ejecutada a tiros y atacada de una manera brutal, y todo quede en la nada. Pero pasa. Y es el caso de José Nicolás Matus, el verdulero de Concepción del cual se perdieron rastros la noche del 6 de julio de 1996 y al otro día fue encontrado asesinado a balazos y con su cuerpo quemado y mutilado en un margen del río San Juan en Chimbas.

Su asesinato se suma a otros crímenes, como el de la psicóloga María Rosa Pacheco de Balmaceda en 1996 o los de la abogada Ana Gómez y su hija adolescente en 2002, que aún continúan impunes. El homicidio de José Nicolás Matus es uno de esos casos intrigantes, con hipótesis nunca profundizadas y con una mala investigación por parte de la Policía que dejó sospechas.

El “Nico” Matus era un vecino de Concepción que salía todos los días en su vieja camioneta Siam a vender verdura en la calle. Con hijos y esposa, con los que vivía en la Villa San Francisco. Un tipo muy normal; eso sí, de carácter fuerte, de “no callarse” y de plantarse cuando lo buscaban. Pero no era un delincuente.

La bala policial

Hay un dato que no pasa inadvertido en toda esta historia y es un episodio que vivió la mañana del 24 de enero de 1996, cuando abandonaba la feria municipal de Capital en su camioneta. Salía de comprar verdura y fue detenido por dos policías de la División Tránsito porque su camioneta no llevaba chapa patente, la tarjeta verde y el rodado estaba algo destartalado.

La víctima. Matus, el día que denunció públicamente al policía que lo baleó. Foto de Diario de Cuyo.

Existen dos versiones sobre lo sucedido ese día. La de los uniformados, que aseguraron que Matus no llevaba ni siquiera la documentación del vehículo, que quisieron labrarle un acta de infracción. Y que el verdulero se enfureció, que escapó a toda velocidad y que entonces tuvieron que perseguirlo.

Lo que afirmaron esos policías fue que el vendedor ambulante huyó hasta su casa en calle Alem, que luego éste y otros hombres los enfrentaron. Primero dijeron que fueron atacados a golpes. Después aclararon que sólo intentaron agredirlos. Y que allí, el agente de apellido Rodríguez sacó su arma para defenderse y le pegó un balazo en la pierna izquierda a Matus.

El verdulero dio otro relato totalmente distinto. Contó que los policías le pidieron una coima, que eso generó la discusión y que se negó a que radiaran su camioneta porque tenía toda la mercadería en la caja. Que por eso decidió ir hasta su casa para descargar la verdura y sacar la documentación que le pedían, que entonces los uniformados lo siguieron y uno de ellos le disparo apenas bajó de su camioneta.

La víctima. Este era José Nicolás Matus, el verdulero asesinado. Foto de Diario de Cuyo.

Acusaciones cruzadas

Hubo acusaciones cruzadas. En la Policía señalaron que Matus evadió al control policial y cometió el delito de atentado y resistencia a la autoridad. El verdulero salió por un diario local criticando duramente el accionar policial y denunció en la Justicia al uniformado que lo hirió. Incluso inició una demanda civil.

Un hijo de Matus contó que desde ese día la vida del verdulero no fue la misma y posteriormente tuvo cruces con otros policías. Con el tiempo, públicamente el caso pasó al olvido. Hasta que cinco meses más tarde, el 7 de julio de 1996, el nombre de José Nicolás Matus volvió a ser noticia.

Una persona que la tarde de ese día caminaba por el costado norte de la avenida Costanera, cerca de calle Cipolletti, encontró un cadáver quemado en uno de los ingresos al río San Juan. A las horas, los investigadores policiales confirmaron que ese cuerpo pertenecía al del verdulero Matus. Gladys Cepeda, su mujer, lo reconoció. Lo andaban buscando desde el día anterior.

Una ejecución

Había sido asesinado de una manera atroz. Su cuerpo estaba partido en dos y quemado. El experimentado médico forense Alejandro Yesurón estableció que Matus fue ejecutado la noche del sábado 6 de julio de 1996, la misma noche que desapareció. Tenía un balazo entre las cejas, otro tiro en el ojo izquierdo y un tercer disparo en la zona de la nuca. Por el diámetro de los orificios, todo indicaba que los proyectiles eran de una pistola 9 milímetros. Otro dato revelado fue que una vez muerto, prendieron una fogata y quemaron su cadáver con la aparente intención de borrar los rastros para que no lo identificaran. Y que la acción del fuego había provocado el desmembramiento del cuerpo.

La zona. El cadáver fue hallado en las márgenes del río San Juan.

Su familia estaba desconcertada. Su mujer y sus hijos relataron que Matus salió a pie el sábado en la tarde y que dio a entender que no se demoraba demasiado. “Preparen la cena, que ya vengo”, les dijo. De ahí no supieron más nada de él. Ellos no dudaron a recordar el episodio que el verdulero tuvo con los policías, el balazo que recibió y la denuncia contra los uniformados.

Desde el inicio, en la Policía descartaron que el asesinato tuviese relación con aquel hecho y centraron la investigación en el entorno mismo del verdulero. El lunes 8 de julio de 1996, los policías de la Seccional 2da detuvieron a cuatro personas con la orden del entonces juez de instrucción José Alberto Nardi: una supuesta amante de Matus, un joven vecino apodado “El Lola” con el que había tenía problemas y el chatarrero Francisco Luis Córdoba y su hijo –del mismo nombre- de 18 años, que conocían al verdulero y mantenían una relación comercial.

La supuesta confesión

Los investigadores de la Seccional 2da apuntaron desde un principio contra los Córdoba bajo la hipótesis de que ambos tuvieron un altercado con Matus, a quien le debían 15 pesos por el alquiler de una carretela. Es más, decían tener la confesión del joven de 18 años. Además, aseguraban que la propia mujer del chatarrero supuestamente les declaró que escuchó a su marido y a su hijo reconocer la autoría del crimen.

De esa forma, los policías dieron por esclarecido el asesinato con los Córdoba como únicos responsables. La teoría fue que esa noche el chatarrero y su hijo estuvieron bebiendo con Matus, que discutieron y que más tarde lo llevaron ebrio en un vehículo hasta la Costanera, donde lo mataron a tiros y lo quemaron. Afirmaron que en la escena del crimen hallaron el trozo un lazo de la carretela, eso los involucraba.

La falsa acusación

El punto flaco de la pesquisa fue que, por otro lado, Francisco Córdoba negó rotundamente haber estado tomando con Matus la noche del crimen. Los análisis químicos demostraron también que la víctima no estaba alcoholizada cuando lo mataron. Todo se enrarecía. La familia del verdulero desconfió siempre de esa hipótesis policial. Uno de sus hijos aseguró que resultaba imposible que a su padre lo dominaran fácilmente, era rudo y experimentado con los puños.

La falsa acusación. Francisco Córdoba -a la izquierda- junto a su hijo durante el juicio. Foto de Diario de Cuyo.

Pero el juez Nardi se cerró con que eran los Córdoba y no trabajó otras posibles líneas investigativas. Fue así que los procesó por el delito de homicidio simple y los envió al penal de Chimbas. El chatarrero y su hijo pasaron 11 meses presos hasta que llegó el juicio a fines de mayo de 1997 en la Sala I de la Cámara en lo Penal y Correccional.

El debate reveló que no todo estaba claro. Francisco Córdoba reiteró que era inocente y volvió a decir que la noche del 6 de julio de 1996 no estuvo con Matus. Reconoció esa deuda de 15 pesos con el verdulero por el alquiler de una carretela, pero afirmó que no era para pelearse y jamás se le hubiese ocurrido matarlo. Nadie podía creer que por ese dinero alguien asesinaría a otra persona, más de esa forma.

Córdoba hijo dio otra declaración sorprendente en el juicio. Contó que firmó la confesión porque los policías de la Seccional 2da lo golpearon y lo obligaron a atribuirse el crimen junto a su padre. Esto contradijo las versiones de los policías de apellido Almaraz, Brizuela y Aballay, que habían asegurado que el muchacho dio una confesión espontanea. Lo mismo que la esposa de Córdoba, que supuestamente los involucró. Justamente, la mujer del chatarrero se rectificó al momento de declarar y contó que incriminó a su esposo y a su hijo porque fue presionada por los policías.

A foja cero

Esto puso en cuestionamiento la investigación. Es que empezaron a caerse las supuestas pruebas contra los Córdoba. El arma nunca apareció y nadie dio testimonio de que hubiesen visto a los acusados con Matus. Un vecino contó que esa noche fue a la casa del chatarrero y lo vio solo. Otros testigos confirmaron que el hijo estuvo con su primo y otros amigos en Desamparados por esas horas.

La defensora oficial Alicia Pontoriero pidió que declararan nula las declaraciones de los policías y que se los investigara por falso testimonio. Criticó la supuesta confesión del joven, dado que se había hecho sin asistencia de un abogado defensor y violando todos sus derechos. De igual forma, la declaración de la mujer del chatarrero.

La fiscal Alicia Esquivel intentó sostener la acusación, pero en el transcurso de las audiencias llegó a la conclusión de que no habían pruebas contra los Córdoba. El día de los alegatos finalmente desistió de los cargos contra el chatarrero y su hijo y pidió la absolución de ambos, tal como solicitaba desde el principio la defensora Pontoriero.

Un caso sin culpables

Los jueces Diego Román Molina, Arturo Velert Frau y Raúl Iglesias dieron por cerrado el capítulo oscuro contra los Córdoba y el 5 de julio de 1997 dictaron la absolución del hombre de 41 años y su joven hijo. Limpiaron sus nombres y decretaron su inmediata libertad después de casi un año de detención por un asesinato del que eran inocentes. La resolución puso en tela de juicio el accionar policial, las falencias de la investigación y la posible negligencia del juez Nardi, el mismo que años más tarde se jubiló antes de afrontar un jury de enjuiciamiento por morosidad judicial.

Libres. Francisco Córdoba y su hijo se abrazan con su familia el día que fueron absueltos. Foto de Diario de Cuyo.

“No han investigado bien…Seré pobre, pero tengo educación y sé qué es bueno para mis hijos”, expresó Francisco Córdoba al Diario de Cuyo, a la salida de Tribunales. Su pesadilla culminaba y no quería polemizar, pero le quedaba el sabor amargo de haber sido inculpado de un asesinato en el que nada tenía que ver. Ese día lloró al abrazarse con su familia.

Los policías continuaron trabajando. Y el asesinato de José Nicolás Matus siguió naufragando entre las evidentes mentiras y las verdades que jamás salieron a la luz. La familia de Matus aquella vez pidió que esclarezcan el caso. Pero ya pasaron 26 años, ahora solo es un terrible recuerdo y prefieren no hablar, aunque sostienen la sospecha inicial.

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