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Historias del Crimen

La jubilada sanjuanina golpeada, abusada y quemada, a 10 años de un asesinato sin respuesta

Hilda Emilse Gómez García fue atacada por seis personas en su casa una madrugada de mayo de 2011. Murió días más tarde en una clínica producto de las graves heridas. Nunca esclarecieron el caso y sus hijos continúan exigiendo Justicia.

Por Walter Vilca

La noche del 27 de mayo de 2011, Mariela habló como otras tantas veces con su madre. Hilda estaba contenta, le contó que había comprado una mesa y un juego de sillas muy lindas y cómodas. Charlaron de muchas cosas, pero principalmente del cumpleaños de la mujer mayor. El 8 de junio cumplía 74 años y planeaban festejarlo con toda la familia. Se despidieron cariñosamente, prometiéndose continuar la conversación al otro día.

Aquella charla fue la despedida. La última vez que Mariela escuchó lúcida a su madre, Hilda Emilse Gómez García. Pasadas las 9 de la mañana del día siguiente, la llamaron por teléfono desde la Policía para pedirle que se presentara urgente a la sala de quemados del Hospital Marcial Quiroga. La docente jubilada se encontraba delicada, tenía golpes, algunos cortes y gran parte del cuerpo con quemaduras. Y aunque ella alcanzó a contar que la habían atacado, su cuerpo no resistió y 9 días más tarde murió.

El caso de la docente jubilada Hilda Gómez García es otro crimen impune, que la Policía y Justicia olvidaron entre los abarrotados expedientes. Muchos policías y el juez que investigaron el caso ya están retirados, pero el recuerdo de la maestra viene a la memoria de los sanjuaninos todos los meses de mayo y junio como una triste historia que no cierra con los años. También por el inexplicable motivo del crimen. Porque hasta la fecha persiste la pregunta sobre qué pudo hacer esa mujer de 73 años para que esas cinco o seis personas la agredieran de manera tan brutal.

No hacía mucho que Hilda había alquilado ese departamento en un pequeño consorcio de avenida España al 725 Norte, cerca de Pedro de Cortínez, en Capital. Allí pasaba sus días después de jubilarse. A veces bordando, leyendo y recibiendo las visitas de sus tres hijos y sus nietos. Su vida había sido la docencia y le costaba estar alejada de los chicos.

Mariela Cuello, su hija, recordó que “mi madre no tenía problemas con nadie. Era un ser muy especial, todos la querían”. La noche del 27 de mayo de 2011 hablaron por teléfono. “Me dijo que estaba sentada en una de sus sillas nuevas y que cosía unas servilletas y un mantelito. Siempre me daba consejos, esa noche me pidió que abrigara a las nenas que iba a hacer frío. Planeamos su cumpleaños y me acuerdo que le conté que habían prendido fuego un árbol al fondo de mi casa. Y ella me respondió con tristeza: ‘ay, hija. Pobrecito el árbol, debe haber sufrido mucho…’ Y pensar que esa madrugada te atacaron, te torturaron, te robaron y te prendieron fuego”.

Nadie preveía que esa sería la peor noche en la vida de Hilda. La Policía nunca dio una versión de lo que realmente sucedió la madrugada del 28 de mayo de 2011, pero en su momento se sostuvo que hubo una discusión entre la jubilada y una joven vecina que esa noche hacía una fiesta en su departamento en la planta alta.

Gómez García no pudo pegar un ojo por la música y la bulla. Se levantó alrededor de las 4 y reclamó a esa otra mujer que bajaran el volumen y cortaran con la fiesta.  Mariela Cuello afirmó que su madre se lo contó esa mañana que la vio moribunda en el hospital.

Tras ese cruce de palabras, Hilda volvió a su departamento. Pero según sus dichos, parece que la vecina y sus invitados se molestaron tanto que, para amedrentarla, primero le arrojaron unas botellas a su patio interno. Al rato se descolgaron y entraron a la fuerza a su departamento, mientras ella intentaba trabar la puerta.

Mariela repite que escuchó decir a su madre que los que ingresaron fueron su vecina junto a cinco hombres, que la golpearon, la manosearon y la torturaron provocándole cortes con unos trozos de vidrios. Ahí, rociaron algún combustible o líquido inflamable sobre su cuerpo y le prendieron fuego. También revolvieron todo, robaron dinero y otras pertenencias de la jubilada, agregó.

No hubo testigos del ataque. Ya amanecía cuando la jubilada se arrastró como pudo y logró tomar el teléfono para llamar a la Policía y pedir ayuda. Mariela y sus hermanos fueron comunicados de la grave situación de su madre en la mañana.

“Cuando fui al Hospital Marcial Quiroga, encontré a mi madre toda quemada. No podía contener mis lágrimas, no sabía qué hacer o decir. Quede paralizada. Qué te paso, pregunté, y me acerqué a ella. ‘Hija. La vecina de arriba’, me dijo. Le respondí, qué ella te auxilió. Y me contestó: ‘no, ella y cinco hombres me quemaron, me torturaron, me robaron, me manosearon’. Las dos enfermeras que acompañaban a mi madre escucharon todo eso”, indicó Cuello.

La jubilada en ese momento sufrió un paro cardiorrespiratorio. Las quemaduras eran tan severas que la pusieron al borde de la muerte. Esa mañana debieron trasladarla a una clínica privada del centro sanjuanino para darle una mejor atención y la internaron en terapia intensiva.

Ese mismo día los policías de la Seccional 2da de Concepción arrestaron a la joven vecina del departamento de arriba, que se hallaba en casa de sus padres. Estuvo algunas horas en la comisaría, pero el juez del caso dispuso que la liberaran. En la Policía afirmaron que no existían pruebas para atribuirle el ataque. Esto pese a que Mariela Cuello ratificó una y otra vez la denuncia en contra de esa chica. Es que su madre, estando internada en la clínica, le reiteró todo lo sucedido y la agresión de esa mujer y los cinco hombres, afirmó.

Hilda Emilse Gómez García no se recuperó nunca, permaneció en coma farmacológico durante días y la noche del 5 de junio falleció. “Mi madre murió en mis brazos y sequé sus últimas lágrimas con mis besos”, recordó dolida Mariela.

El caso pasó a convertirse en un asesinato, pero curiosamente la causa judicial no avanzó. “En ese tiempo, el jefe de la comisaría era un tal Marinero y el juez era Lanciani. Nunca hicieron nada. Todo se manejó mal, contaminaron todo el lugar. Ese día que encontraron herida a mi madre, fuimos al departamento. Adentro estaba lleno de policías y no preservaron ninguna prueba. Caminaban y tocaban todo, y un policía estaba sentado en el sillón”.

El dolor no cesó. Los hijos de Hilda Gómez García siguen afirmando que no quisieron investigar o hubo otros intereses para no esclarecer el crimen. “El juez jamás me llamó a declarar o para darme alguna explicación de cómo iba la investigación. El expediente fue archivado en un cajón o tirado a un tacho de la basura”.

Para estos meses, solo hay amargos recuerdos por lo sucedido con Hilda. Las fechas de aquel fatídico ataque, de su muerte y de su cumpleaños son esos días en que su familia reclama más que nunca por Justicia.

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