Historias del crimen

La caucetera que murió baleada en una fiesta de cumpleaños

La chica bailaba en el patio de una casa donde realizaban la fiesta y se desplomó tras recibir un disparo. El responsable fue un joven que momentos antes protagonizó una pelea. El hecho ocurrió una madrugada de julio de 1998.
domingo, 7 de febrero de 2021 · 09:07

“Yo tiré al foco, no a ella”. Esa fue su explicación, lo que no pudo justificar cómo fue que el balazo atravesó el cuerpo de esa chica que murió la madrugada del 12 de julio de 1998. Una joven que bailaba en un cumpleaños en el pueblito de Bermejo y cuya vida quedó trunca por la inconciencia de este muchacho.

El recuerdo de Eva Ramona Benegas todavía ronda el pueblito caucetero, distante a 111 kilómetros de la Capital sanjuanina. Como debe perdurar en la memoria de Francisco Nicolás Domínguez, aquel joven que ahora debe tener 46 años y que, por aguar la fiesta de una familia vecina de Bermejo, asesinó a esa chica que en ese entonces tenía 19. Ni siquiera se conocían, que estuvieran allí esa madrugada fue una casualidad.

La noche del 11 de julio de 1998 hacía frío y en un domicilio de Bermejo se habían dado cita la familia Marín junto a sus parientes y algún que otro amigo para celebrar los 50 años de doña Isabel, la dueña de casa. Eva llegó como una invitada más con su hermana Edith, novia de uno de los hijos de la cumpleañera. Como es costumbre, y también por la helada, pusieron unas carpas y rodearon el patio con unos plásticos para hacer más íntimo el encuentro.

El homicida. Este es Domínguez, autor confeso del disparo mortal. La foto gentileza de Diario de Cuyo.

Hubo comida, bebidas y música. Llegaron los brindis y cuando menos lo pensaron se armó el baile. La fiesta no pasó desapercibida para los vecinos, en especial para un grupo de jóvenes que esa noche andaba tomando y buscando divertirse. Entre ellos estaba Francisco Nicolás Domínguez, que fue uno de los hizo la punta para encarar hasta la casa de los Marín e intentar ingresar a la fiesta.

Los frenaron en la puerta. Es que era una fiesta familiar, le aclararon. Pero los muchachos estaban envalentonados por el alcohol y ahí vino el primer encontronazo entre un sobrino de la dueña de casa y Domínguez. La cumpleañera quiso evitar conflictos y los dejó pasar, al fin al cabo eran vecinos.

El baile continuó y adentro siguió corriendo la bebida. Domínguez, que se encontraba borracho, la siguió y volvió a tener otro cruce con el sobrino de la cumpleañera. Se largaron unos manotazos, pero los separaron. Eso molestó tanto a los dueños de casa y a sus hijos, que para poner fin a los problemas decidieron correr al grupo de jóvenes, entre ellos a Domínguez. Eso fue ya en la madrugada del domingo 12 de julio de 1998.

Pusieron de nuevo música y la fiesta se reanudó, dejando atrás el mal momento. Los revoltosos no tuvieron otra alternativa que marcharse. Francisco Domínguez también se alejó, pero no se calmó. Furioso por lo sucedido, creyó que esto no podía quedar así. Entonces buscó la manera de tomar revancha y tuvo la desgraciada idea de caminar hasta la casa de un amigo, a quien le pidió prestada una carabina calibre 22. Le mintió que era para ir a cazar al otro día.

Movido por la bronca que tenía y con el único objetivo de arruinar la fiesta de los Marín, se paró a 30 metros de la casa dónde se realizaba el cumpleaños y empuño el arma de fuego en dirección a los toldos. Después diría que su intención era disparar contra uno foco y asustar a los participantes de la fiesta. En esa temeraria acción fue que efectuó el disparo casi a ciegas. De seguro que, en ese momento, no supo adónde fue a impactar el balazo. Al foco no le dio. Él sólo se marchó.

Nadie escuchó el estruendo dentro del baile. Con la música y el bullicio, no se percataron. Pero algo extraño ocurrió en ese instante. Eva, que baila en el patio de tierra, de pronto empezó a tomarse el pecho. “Agarrame, me siento muy mal”, la dijo al joven que se hallaba a su lado. Ahí cayó al piso. Todos se acercaron a ver qué le pasaba, no entendían qué tenía. Supusieron que sólo era un desmayo o, en el peor de los casos, un ataque al corazón. Levantaron sus brazos, trataron de darle aire y le pusieron un algodón con loción en la nariz para hacerla reaccionar, pero la chica no respondió.

De forma urgente la cargaron en una camioneta y partieron al hospital de Caucete. La chica iba sin aparentes signos vitales. Una vez que llegaron a la guardia, un médico constató que ya estaba muerta. Y cuando la revisaron descubrieron que tenía un impacto de bala que le había atravesado el pecho.

Los policías de la Seccional 9na arribaron de inmediato al hospital y tomaron nota de la tragedia. El médico legista y luego el forense certificaron que la chica murió producto de ese balazo que ingresó por la espalda. Los testigos afirmaron que no vieron quién disparo. Eso sembró la sospecha que el tiro provino de afuera de la casa. Lo que sí dijeron todos fue que un rato antes habían tenido problemas con un grupo de jóvenes que no estaban invitados a la fiesta, que provocaron una pelea y que los corrieron.

Los investigadores policiales tomaron ese dato como fundamental. Con esa pista fueron al poblado y empezaron a entrevistar a los jóvenes que protagonizaron el incidente, de ahí surgió el comentaron que el más enojado era Domínguez. En el pueblo ya se había enterado de la muerte de la chica.

Los policías fueron a buscar a Domínguez, que no supo qué decir y finalmente confesó que era él quien disparo. Eso sí, dijo: “yo tiré al foco, no a ella”. En su casa encontraron la carabina. El mismo 12 de julio de 1998 en horas de la tarde, el muchacho fue esposado y trasladado en calidad de detenido frente a sus tres pequeños hijos y su mujer. No tenía antecedentes penales, en aquel entonces el muchacho trabajaba en la cámara frigorífica del Control Fitosanitario de Bermejo.

Francisco Nicolás Domínguez se sentó en banquillo de los acusados de la Sala I de la Cámara en lo Penal y Correccional en mayo del 2000. Llegó imputado del delito de homicidio simple y, aunque su abogado defensor intentó de todas formas cambiar la calificación para que lo condenaran por homicidio culposo, no alcanzó para salvarlo de la cárcel. El tribunal lo condenó a 8 años de prisión por homicidio simple con dolo eventual.

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