HISTORIAS DEL CRIMEN

La pelea de borrachos en Pocito: uno dio una trompada y el otro respondió con 14 puntazos

El hecho comenzó en la puerta de un bar, una madrugada de febrero de 1966. Discutieron y uno llamó a pelear al otro, pero éste lo atacó de una manera brutal. Nunca quedó en claró que originó la disputa.
domingo, 26 de diciembre de 2021 · 08:59

Una herida cortopunzante de 15 centímetros a la altura de la cervical. Otro tajo de 13 centímetros que le rebano la arteria carótida. Un tercer corte de 15 centímetros en el abdomen. Otro puntazo fue en el pecho, además de lesiones cortantes en el hombro, brazos y hasta en las piernas.

En total se contabilizaron 14 heridas de arma blanca en el cadáver de Domingo Zenón Bastías, el pocitano que una noche de febrero de 1966 fue atacado brutalmente por su supuesto amigo y vecino “El Loro” Vega. Los más memoriosos de Villa Aberastain recuerdan ese salvaje asesinato a la salida del antiguo bar de don Blas Alonso en la calle Fray Justo Santa María de Oro.

Para algunos, el crimen fue consecuencia de una discusión de momento entre dos borrachos, pero todavía se tejen otras historias sobre este sangriento asesinato. Como el del enfrentamiento por una deuda o la venganza por la infidelidad con la mujer de ellos. Pero nada de eso se habla en la causa judicial, más que de la correteada de Paulo Rafael Vega a Domingo Bastías y ese final atroz a metros de la plaza departamental.

Alcohol de por medio

Eso fue el domingo a la madrugada, pero ambos venían de una agitada jornada con vinos y cervezas de por medio. El sábado 12 de febrero de 1966 había partido de fútbol en el predio del Club Atlético Pocito. Muchos amigos y vecinos se dieron cita en la cancha, como era tradicional. Y más tarde en el bar del club, donde nunca faltaba el desfile de bebidas alcohólicas, entre charlas, bromas y las partidas de truco. Uno de los que estaba era Paulo Rafael “El Loro” Vega, de 34 años.

El asesino. Este era Paulo Rafael Vega, conocido como "El Loro". Foto publicada por Diario de Cuyo.

La tarde pasó rápida como esos tragos, hasta que se hizo de noche. José Mario Aballay, uno de esos parroquianos, declaró en la causa que entre las siete personas que compartían la mesa se tomaron, por lo menos, un cajón de cerveza y un cajón de vino. Alrededor de las 23, Vega y un par de amigos abandonaron el club y se dirigieron al viejo bar de Blas Alonso, situada en la calle Fray Justo Santa María de Oro, a metros de Vidart, para seguir la farra.

En el bar

Allí se encontraron con el dueño del local y otros conocidos, entre ellos Domingo Zenón Bastías, de 53 años y vecino de Villa Santa Marta. Las rondas y los brindis continuaron. Los testigos afirmaron que en esa reunión no vieron discusión alguna ni un mínimo gesto que hiciese sospechar que Vega y Bastías tenía un problema. Así estuvieron hasta que Alonso anunció que cerraba el local y los invitó a retirarse.

Algo pasó en los instantes previo. Y aunque nadie sabe qué hubo entre ambos, se sospecha que Vega y Bastías cruzaron algunas palabras antes de salir del bar. Porque mientras el primero se alejaba empujando su bicicleta en compañía a José Segundo Vargas, Bastías que, en principio tomó en otra dirección, volvió tras sus pasos y largó con tono de amenaza: “A vos te voy pegar”, dirigiéndose a “El Loro” Vega. Ahí nomás le tiró una trompada, que no llegó a tocarle.

Vega afirmó que no contestó la agresión, que no quiso pelear y empezó a caminar con Vargas por calle Fray Justo Santa María de Oro y después doblaron por calle Rawson. Se iba a su casa, según su declaración en sede judicial. Pero en ese trayecto fueron alcanzados por Bastías, que volvió desafiante a buscar a Vega. Este se paró y le aclaró: “Yo no le quiero pelear. ¿Por qué me querés pegar? ¡Vamonos, hombre!”, con la intención de persuadirlo.

El ataque

Apenas terminó de hablar, Bastías le pegó un golpe de puño en la boca y lo tumbo en la calle. “El Loro” Vega, según la causa, en esos segundos se puso de pie, metió la mano en uno de sus bolsillos y sacó su sevillana. Según él, de ahí en más, se le nubló la mente. El amigo sí recuerda bien qué pasó, pues el testigo contó que Vega enloqueció y le lanzó un puntazo directo al cuerpo de Bastías.

Bastías sintió el ardor de la filosa hoja metálica incrustándose en su piel y corrió procurando escapar. “El Loro” no se conformó con amedrentar a su vecino, comenzó a corretearlo por calle Santa María de Oro. Los testigos revelaron que el mayor de los hombres intentaba huir y protegerse detrás de los árboles, pero el otro se le acercaba y le tiraba puntazos.

Fue como una cacería. Vega persiguió un largo trecho a Bastías. En acción desesperada, éste último se metió al jardín de la casa de don José Ochoa sobre calle Vidart, a metros de Santa María de Oro, pero Vega le dio alcance y continuó dándole puntazos sin ninguna contemplación. El dueño de casa oyó los gritos y se asomó por una ventana. Escuchó que alguien decía: “¡Te voy a pegar la última, mierda! Luego vio salir caminando al “El Loro” Vega.

Heridas mortales

Cuando don Ochoa abrió la puerta y camino al jardín, encontró a Domingo Zenón Bastías moribundo y todo lleno de sangre. Segundos más tarde no se movió más. No hubo chances siquiera de llevarlo al hospital. Mientras tanto, Vega recogió su bicicleta y se marchó a su casa. Él mismo después confesó que entró a su domicilio y, cuando observó sus manos y su ropa manchadas con sangre, decidió dirigirse a la comisaría.

En el camino se cruzó con el agente Sixto Silverio Díaz, a quien le llamó la atención que Vega estuviese empapado en sangre. El policía lo paró y preguntó que le había sucedido. El obrero rural respondió consternado que acababa de herir con una sevillana a su vecino Bastías e iba a entregarse a la seccional. De hecho, le mostró el arma blanca. A decir verdad, contó una parte, no relató que tan grave había sido la agresión ni los puntazos que propinó al otro hombre. Incluso, una vez que llegaron a la comisaría, aseguró no recordar lo ocurrido con Bastías.

Para ese entonces, otros policías ya estaban en la entrada de la casa de Vidart frente al cuerpo sin vida de Domingo Zenón Bastías. El propio hijo de don Ochoa, que era médico, constató las heridas cortopunzantes que presentaba la víctima. En total 14, de las cuales 5 fueron mortales debido a que afectaron órganos vitales. Uno de los cortes casi lo degolló.

Paulo Rafael Vega fue acusado del delito de homicidio agravado por ensañamiento, pero esa calificación fue discutida por su abogado. La defensa apuntó su estrategia en hacer ver el hecho como producto de una pelea entre dos personas muy alcoholizadas y sostuvo que el acusado no estaba consciente al momento de cometer el crimen. El fiscal del caso que, en principio pedía prisión perpetua para al imputado, finalmente solicitó 15 años por el delito de homicidio simple.

“Fue brutal”

El juez llegó a la conclusión que Vega se encontraba ebrio, pero no lo suficiente como para perder la noción de sus actos. Así también descartó el ensañamiento. Y aunque reconoció que su “acción fue tumultuosa, feroz y fruto del enojo” y que el ataque en sí “fue brutal”, su acción no fue fría, calculadora y no se cumplió el requisito de la crueldad para encuadrar el crimen con el agravante del ensañamiento, de acuerdo a la sentencia.

El 13 de marzo de 1967 se conoció la sentencia contra Paulo Rafael “El Loro” Vega. El magistrado valoró como atenuante la falta de antecedentes penales y el hecho de que viviera en “un ambiente moral bueno”. Así fue que condenó al obrero rural y padre de cinco niños a la pena de 10 años de cárcel.

Del caso ahora sólo quedan recuerdos y las versiones que rondan acerca del motivo que llevó a tremendo asesinato. “El Loro” Vega purgó su castigo y a los años regresó a la Villa Aberastain. Algunos lo recuerdan haberlo visto ya anciano y se cree que ya murió.

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