Historias del crimen

El asesinato en la vieja Villa Montes Romaní por una pelea entre cuñados

Todo hubiese quedado en una discusión, pero no fue así. Uno fue a reprocharle al otro por qué le pegó a su hermana y se desató un enfrentamiento en el que uno terminó muerto. El crimen fue en febrero de 2001.
domingo, 9 de agosto de 2020 · 09:25

Fue un domingo al mediodía. La familia se reunió a almorzar, ahí vieron que la chica tenía los labios hinchados y moretones en el rostro. Su mamá y sus hermanos le preguntaron qué le había pasado y ella, que primero no quería hablar, terminó por contar que su novio le había pegado. Como era de suponer, la bronca estalló. “El Porteño”, el mayor de los hermanos, salió furioso a los pasillos de la villa a buscar a su cuñado el “Chato” Cejas, pero no lo encontró. El conflicto estaba desatado y el encuentro pendiente. Tarde o temprano se iban a cruzar. Y así fue, al otro día los dos se vieron las caras. Las palabras sobraron. Dicen que se golpearon, que uno correteó al otro. A los minutos se escucharon los disparos y lo que era un problema entre cuñados que se hubiese solucionado de otra forma, acabó en un asesinato a plena luz del día dentro de la antigua villa de Trinidad, en la Capital sanjuanina.

Eran las 13.30 del lunes 5 de febrero de 2001 cuando un desvencijado Ford Falcón se detuvo sobre el costado sur de calle Pedro de Valdivia, a metros de Mendoza. Marcelo Baquel junto al vecino que lo acompañaba bajaron rápido y gritaron pidiendo que alguien los ayudara, que llamaran a la ambulancia. La gente se arremolinó en el lugar, todos miraban azorados. En el asiento trasero del auto había un muchacho tendido, sin reacción y con un hilo de sangre en el pecho.

Los primeros policías que llegaron descubrieron que esa persona no tenía signos vitales. Al rato lo confirmó un médico del servicio urgencias. Estaba muerto, tenía un balazo en el tórax. Baquel y su amigo fueron esposados y llevados de inmediato a la Seccional 3ra, mientras éstos trataban de explicar a los uniformados que no tenían nada que ver con el crimen, que sólo estaba ayudando y llevando a ese otro vecino de la Villa Montes Romaní al Hospital Guillermo Rawson.

Hacia la verdad

Todo era confusión, pero con el correr de los minutos, a partir de los relatos de otros vecinos y los parientes del fallecido, empezaron a aclarar lo sucedido. El muerto era Héctor Osvaldo Ortiz, apodado “El Porteño” y de 28 años, que vivía en una de las casillas frente a la calle Huaco de la famosa Villa Montes Romaní –ahora desaparecida-, detrás del barrio Bardiani. Y tal como había relatado Baquel y el otro vecino, lo único que hacían ellos era trasladar a “El Porteño” Ortiz al hospital, pero quedaron varados a las pocas cuadras porque al Ford Falcón se le acabó la nafta. Los investigadores establecieron también, en base a los testimonios, que el autor del asesinato era el propio cuñado de “El Porteño”, David Marcelo Cejas. El “Chato” Cejas, conocido en la Policía por sus antecedentes.

En el auto. Esta foto retrató el momento en que la víctima yacía en el auto. Fuente: Diario de Cuyo

Roberto González, hermano de “El Porteño” Ortiz, relató cómo habían sido las cosas. Era el testigo casi presencial del asesinato. Él mismo contó que el problema empezó el domingo a la madrugada por la golpiza que el “Chato” Cejas le dio a su hermana Silvana Ortiz, que hasta esa noche era la novia. Al parecer, la chica había decidido cortar la relación y Cejas se enojó, no lo aceptó. Y de puro violento y resentido, la tomó de los pelos y le dio algunas trompadas a la salida de un baile.

La joven también declaró. Dijo que sabía que sus hermanos se iban a molestar y tratarían de arreglar cuentas con Cejas, entonces prefirió no decir nada sobre la paliza para evitar problemas mayores. Esa noche ella regresó a su casa y se acostó a dormir. En horas del mediodía, cuando se reunió con su madre y sus hermanos en el almuerzo, no pudo ocultar las marcas en su rostro. Tenían los labios hinchados y moretones por las trompadas que le había dado su novio. Fue imposible que no le preguntarán qué le había pasado y la joven no tuvo que otra que contarles.

Cuenta pendiente

El que más se enfureció fue Héctor, que siempre protegía a sus hermanos menores, de modo que salió de la casa directo a buscar a Cejas. No pensaba dejársela pasar. Tenía con qué. “El Porteño” Ortiz era corpulento y alto, practicaba boxeo y trabajaba de seguridad en un boliche. Pero el  “Chato” Cejas tampoco era un tipo fácil, en la villa cargaba fama de pesado. En su prontuario contaba con 15 procesos penales, entre ellos una causa por homicidio culposo, otras tres por agresiones con armas de fuego y otra por tentativa de homicidio. Además, solía comentarse que andaba armado.

Ya se olía que aquello terminaría mal. “El Porteño y el “Chato” no se vieron ese domingo, pero el problema estaba en puerta. Sin embargo, el lunes al mediodía el encuentro se dio por casualidad en el pasillo de la villa. El otro hermano de la chica aseguró que “El Porteño” sólo encaró a Cejas para hablar, que nadie lo golpeó. Otros testigos señalaron que, en realidad, si le largó unas trompadas y se trenzaron unos segundos, pero el “Chato” salió corriendo.

El pleito no quedó ahí. Porque minutos más tarde apareció de nuevo el “Chato”, más envalentonado y con un revólver en una mano. Se paró en la puerta de la casa de los Ortiz y efectuó dos o tres disparos desafiando y provocando a “El Porteño”. Roberto, el hermano de éste último, afirmó que en ese momento no salieron. A los segundos, vieron a través de la ventana que aparentemente se le trabó el arma o se quedó sin balas. “El Porteño” aprovechó para salir la vivienda, dispuesto a enfrentarlo. En ese instante, “El Chato” le apuntó y largó un disparo de frente. El disparo le impactó centímetros arriba de la tetilla izquierda a “El Porteño”, que sintió el dolor en el pecho y retrocedió. Entró a la casa y le dijo a Roberto: “loco, me pegó un tiro…”, mientras trastabillaba.

A todo eso, el “Chato” Cejas emprendió la fuga y desapareció de la villa. Todos los vecinos salieron y auxiliaron a Héctor “El Porteño” Ortiz. Entre ellos Baquel y otro hombre, que desesperados lo cargaron en el Ford Falcon para dirigirse urgente al Hospital Guillermo Rawson. Lograron recorrer unas pocas cuadras hasta que el auto se quedó sin nafta y se detuvieron sobre la calle Pedro de Valdivia, pasando Mendoza. Fue en vano que pidieran ayuda. El muchacho murió en el asiento trasero del coche. El asesinato era un hecho y todos fueron rodeados por la Policía.

La detención

Los policías de la Seccional 3ra y la Brigada de Investigaciones salieron a buscar a David Marcelo Cejas, pero ese lunes no lo localizaron por ningún lado. Al otro día, alrededor de las 19, una patrulla del Comando Radioeléctrico lo halló caminando por Villa Unión en Chimbas. Estaba escapando con un amigo, llevaba una muda de ropa en una bolsa. La sospecha fue que pensaba viajar fuera de la provincia. Con la detención del “Chato” Cejas, el caso fue esclarecido. Los testigos lo señalaron como el autor del disparo. El mismo después lo confesó.

En noviembre de 2002 fue enjuiciado en la Sala II de la Cámara en lo Penal y Correccional. En su declaración ante el tribunal, juró que no fue su intención asesinar a Ortiz. Afirmó que “El Porteño” y su hermano lo golpearon. Que él sacó un revólver para defenderse de esa agresión y que disparó al aire para amedrentarlos. En ese relato también señaló que “El Porteño” se le fue encima con una pala para pegarle, que él escapó y en eso que corría largó un tiro casi de espalda. Que no sabía que lo había herido y menos que ésta había muerto.

Su versión se derrumbó por los testimonios del hermano del fallecido y por los vecinos. La autopsia de la médica forense María Beatriz Vázquez fue clave para desvirtuar esos dichos. La especialista que examinó el cadáver de Ortiz explicó que el disparo fue de frente y a una distancia de 3 a 4 metros.

Sus antecedentes penales le jugaron en contra, entre ellos las causas por agresiones y ataques a otras personas. El informe psicológico también reveló que tenía un perfil violento, que no aprendía de su experiencia y era un antisocial. La fiscal Alicia Esquivel pidió que lo condenen a 18 años de prisión por homicidio simple. Y aunque la defensora oficial solicitó que consideraran el hecho como un homicidio culposo o a lo sumo con un asesinato con exceso en la legítima defensa, los jueces Ernesto Kerman, Félix Herrero Martín y Juan Carlos Peluc Noguera sentenciaron a David Marcelo “Chato” Cejas a 12 años de cárcel. En la actualidad, esa condena está cumplida y él está en libertad.

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