Ceferino Amaya, el hombre que violó y asesinó a una nena de 2 años y que también mató a la madre de ésta, Myrian Adrián (ella era su pareja), en abril de 1997 y que enterró los cadáveres de ambas debajo de una cama en un rancho del asentamiento Pedro Echagüe, tuvo su tercera condena: esta vez, por abusar de una nena de tres años.
El sujeto reconoció haber abusado de la pequeña, pidió ir a juicio abreviado y junto con Fiscalía acordaron una pena de dos años de prisión. Faltaba la ratificación de la Sala I de la Cámara Penal y, el pasado miércoles, la jueza Silvia Peña Sansó de Ruiz decidió aceptar lo propuesto por Amaya y Fiscalía.
El caso, que fue exclusivo de Tiempo de San Juan, salió a la luz en enero de 2018, cuando una nena de tres años le contó a su papá que Ceferino, (pareja de la abuela materna de la nena), le tocaba sus partes íntimas.
Ante la tremenda confesión de la nena, el papá le pidió que utilizara un muñeco para mostrarle cómo y en qué partes Amaya le tocaba. La nena, tomó el peluche y con sus manos empezó a tocar la entrepierna del peluche. Eso fue motivo suficiente para que los padres de la menor realizaran la denuncia en ANIVI.
Tras la denuncia en ANIVI, los padres de la nena fueron amenazados por Amaya y su familia. Es por eso, que el doble homicida y violador también tiene una causa por el delito de amenazas. Luego de la denuncia, el joven y su esposa fueron amenazados por el propio Amaya Cortez (tiene otra causa por ese delito) y por la familia de su pareja. Ahora, llegó a juicio a la Sala I de la Cámara Penal. Según fuentes judiciales, ratificará un juicio
Amaya había sido condenado a perpetua el 22 de abril de 1998 por matar a su pareja, Miriam Adrián (24) y a la pequeña hija de esa joven, Magalí, de apenas 2 años.
En abril de 1998, un tribunal condenó a Amaya a reclusión perpetua por esa violación y el doble asesinato. Posteriormente, gracias a una conmuta, esa pena quedó en 25 años de cárcel y fue así que, después varios años de pasar encerrado a la sombra, salió del penal con la libertad condicional en 2014.
Ceferino Amaya parecía haberse tranquilizado. Sin embargo, volvió a meterse en problemas en enero último en la misma villa donde cometió aquel doble crimen. El presidiario fue denunciado por el presunto abuso sexual de la nieta de su novia o actual pareja.
Amaya parece que ni se sintió tocado, amenazó al padre de esa nena que presuntamente abusó. Este último hizo la denuncia el 26 de marzo de 2018 y se abrió otra causa penal en su contra, esta vez en el Tercer Juzgado Correccional a cargo de la jueza Mónica Lucero.