Historias del crimen

“El Cuti” y “El Botija”, dos hermanos sanjuaninos unidos por el delito y el despiadado gusto por violar

Las vidas de Jorge y Leonardo Castro están ceñidas por sus historiales delictivos, pero más que nada por las brutales violaciones que cometieron. Ambos están presos, uno de ellos deberá permanecer entre rejas hasta 2040. Por Walter Vilca
domingo, 16 de junio de 2019 · 22:17

“El Cuti” y “El Botija”, dos apodos que dicen poco para algunos y mucho para otros. Dos apodos que son sinónimos de delincuencia. Dos hermanos sanjuaninos unidos por su historia marginal y criminal, pero sobre todo por ser autores de dos de las violaciones más brutales que se conocieron en la provincia.

Ellos son Jorge Leonardo “El Cuti” Castro y su hermano Alejandro Gabriel, “El Botija”, dos jóvenes que provienen de una familia humilde de Santa Lucía y que, por el destino cruento de los que no tienen oportunidades en la vida, se adentraron al mundo de la droga y la delincuencia desde chicos. En la Policía los conocen bien.

El antisocial

Cuentan que “El Cuti” era apenas un adolescente cuando empezó a caer en las comisarías. En enero de 2000 tuvo su primera causa penal seria: robo doblemente agravado y fue condenado a 3 años y 6 meses de cárcel. A principio del 2003 recuperó su libertad y en junio de ese año volvió a prisión con una condena de 7 meses por el delito de amenazas. El mayor de los Castro fraguaba su fama de incorregible. Pero nada comparable con lo que hizo la noche del 10 de abril de 2004, cuando se encontró con un vecino y amigo de la villa Colón y le propuso tomar unas cervezas.

El otro hombre, de más de 50 años, lo hizo pasar a su rancho de adobe y prendieron una radio para escuchar música. “El Cuti” estaba exaltado, bebía cerveza y bailaba solo. Su amigo tomaba un trago de vino para acompañarlo. En un momento, el joven delincuente salió un rato y regresó algo alterado. Parecía estar drogado. Le pidió plata al amigo, pero éste le dijo que no tenía más. Entonces, “El Cuti” agarró un ladrillo y con total desprecio le partió la cabeza. Después se le fue encima y continuó dándole trompadas hasta dejarlo casi inconsciente en el piso de tierra. Como una bestia, arremetió contra su amigo que estaba indefenso y boca abajo. Sin nadie que lo detuviera, le sacó parte de la ropa a ese hombre y lo violó en reiteradas oportunidades.

El pobre vecino quedó muy herido mientras que “El Cuti” Castro se fue como si nada. Al otro día, la víctima pidió ayuda a unos conocidos de la villa, que lo encontraron en un estado deplorable. Es que estaba desfigurado y tenía gran parte del cuerpo con sangre. Pese a la vergüenza, él no se calló y contó con bronca y humillación que “El Cuti” le había pegado y violado. Esa gente llamó a los policías de la Seccional 29na y de inmediato tomó intervención un juez, que recibió la denuncia y ordenó las medidas para recolectar pruebas. A las horas apresaron a “El Cuti”, quien no parecía mostrar remordimiento.

En mayo de 2005, los jueces Arturo Velert Frau, Raúl Iglesias y Eduardo Gil de la Sala I de la Cámara Penal y Correccional llevaron a juicio a Jorge Leonardo Castro por el delito de abuso sexual con acceso carnal. No hubo contemplación para el joven de  24 años. El informe psicológico y ambiental sobre el delincuente no dejaba mucho margen: lo calificaron como una persona con rasgos psicópatas, con una evidente conducta antisocial y violenta. En síntesis, un “inadaptado social crónico”, según el expediente. La sentencia en su contra fue de 15 años de cárcel. Según fuentes judiciales, a esa pena le unificaron otra por amenazas y daños,  por lo que le aplicaron una condena única de 17 años y 6 meses de prisión. Ese castigo lo cumpliría en octubre de 2021.

Adentro del penal de Chimbas, su vida no cambió demasiado. Su incontenible comportamiento siempre le trajo problemas con sus compañeros de pabellón. Estando entre rejas agregó dos condenas más a su prontuario en 2005, cada una por 1 año de prisión, por amenazas y lesiones. En 2006 amenazó de muerte a un penitenciario y le dieron 2 años más de cárcel.

Los castigos y la vida en presidio lo calmaron  por un tiempo, pero en 2011 volvió a hacer muestra de su violencia y agredió a otro interno. “El Cuti” sigue preso, aguardando la oportunidad para poder recuperar la libertad, pero nadie sabe lo que le deparara su desdichada suerte.

El más violento

Alejandro Gabriel “El Botija” Castro continuó la tradición de su hermano mayor y sacó su peor versión. Con sólo 17 años, en 2004, ya hacía su primer ingreso al penal de Chimbas por el abuso sexual de una niña. Aquella vez le dieron 3 años de prisión y al tiempo lo enviaron a Buenos Aires a un instituto de menores para corregir su conducta. En 2006 regresó a la cárcel de Chimbas con una condena de 1 año de prisión por golpear a otra persona. Estuvo medio año en el penal y, a poco de salir, cayó detenido en la Seccional 13ra por lesiones. No estuvo muchos días ahí, pues no aguantó el encierro y se fugó de la comisaría.

Su derrotero no encontraba rumbo. En 2008 fue detenido en tres ocasiones por causas de abuso sexual, robo y atentado y resistencia a la autoridad. En diciembre de ese año, cometería uno de los ataques más brutales. Fue el viernes 28 de ese mes, para una familia de Santa Lucía la peor de las noches. Hacía calor. Y “El Botija” entró agazapado por la ventana de un departamento del primer piso de un barrio de monoblocks.

El ataque fue alevoso y a traición. El dueño de casa despertó por la pedrada que recibió en la cara. Totalmente mareado y sin entender nada, alcanzó a levantarse y ya tenía un cuchillo en el cuello. Su mujer abrió grandes los ojos y logró ver a un desconocido en la oscuridad que insultaba y amenazaba con matar a su marido si no se callaba. También le dijo que iba a asesinar a su beba de 3 años que dormía en otra habitación.

Ese delincuente era “El Botija” y hablaba en serio. Con el cuchillo empezó a tajear al hombre golpeado y lo obligó a que se tirara al piso. Ahí le clavó un puntazo por la espalda que llegó a tocarle un pulmón. La mujer intentó agarrarlo, pero el ladrón también la hirió en el rostro. Ella lloraba, pero nada conmovía a “El Botija”, que rompió una de las sábanas y ordenó a la joven mamá que atara los pies y las manos de su pareja. Luego le tocó a ella. Cortó la remera que vestía la mujer y la maniató con la misma prenda. Cuando la tuvo dominada, la sometió sexualmente en la cama mientras su marido yacía y se quejaba del dolor casi al lado.

Igual eso no tranquilizó a “El Botija”, que minutos más tarde llevó a la chica al comedor y la violó de nuevo, en esta ocasión frente a la nena de 3 años que estaba despierta. Una vez que sació su perversidad, escapó por la puerta principal del departamento llevándose una remera del dueño de casa, dinero y el celular de la mujer.

Un vecino se cruzó de frente con el delincuente cuando éste huía. Luego vio salir a la mujer del departamento que pedía ayuda. Ese hombre salió en persecución detrás de “El Botija”, a la vez que otros vecinos llamaron a la Policía. Al rato, una patrulla empezó a buscarlo en las inmediaciones y lo atraparon en el Lateral de Circunvalación cuando escapa corriendo. Para entonces, el ladrón y violador había tirado las cosas robadas que más tarde fueron encontradas por los investigadores.

El juicio llegó en marzo de 2010. Alejandro Gabriel Castro, alías “El Botija”, de 23 años en aquel momento, fue sentenciado a 32 años de cárcel por los jueces Eugenio Barbera, Ricardo Conte Grand y Héctor Fili de la Sala III de la Cámara Penal y Correccional. Él nunca declaró y los delitos que le atribuyeron fueron los de robo agravado por el uso de armas, lesiones graves agravadas por alevosía y abuso sexual con acceso carnal, agravado por el uso de armas, todo conjugado en concurso real. Ese castigo hará que “El Botija” permanezca encerrado hasta diciembre de 2040. En teoría podría gozar de algunos beneficios como salidas transitorias en 2024 y la condicional en 2030, pero desde ya se le está negado todo por su mala conducta y sus reiteradas condenas.

A Alejandro “El Botija” Castro también le cuesta la convivencia con otros internos en el penal. En 2010, 2016 y 2018 abrieron causas penales en su contra por delitos de lesiones, amenazas y hasta de abuso sexual en perjuicio de otros reos, pero no hubo condena. Dicen que ahora anda más calmado, pero aclaran que no se confían de “El Botija” que, al igual que su hermano, tarde o temprano siempre vuelve a escena con su impredecible y su furiosa conducta.

 

 

Galería de fotos

Comentarios