Historias del crimen

El asesinato impune contra el repartidor de carne de Pocito

Apareció con un disparo, tirado al lado de su camioneta. Siempre quedó la duda si fue un simple robo o un ataque con olor a venganza por su actividad comercial. Sucedió en junio de 2001 y el caso nunca se aclaró. Por Walter Vilca
domingo, 14 de abril de 2019 · 10:05

Un disparo en medio del silencio de la noche. Un sereno que sale a la calle a ver qué pasa y a los lejos divisa una camioneta detenida en medio del camino de tierra, con la puerta del acompañante abierta, el motor encendido y las luces prendidas. Y lo más llamativo, una persona tirada en el suelo.

La escena quedó grabada para siempre desde la noche del 4 de junio de 2001, como el inicio de otro caso por un asesinato jamás resuelto: el del repartidor de carne sanjuanino Carlos Vera, de 41 años, quien fue ejecutado de un disparo en el pecho en la calle Pellegrini, al Norte de calle 5, en La Bebida, Rivadavia.

Mucho se ha dicho, pero poco se tiene hasta la fecha sobre el verdadero trasfondo que rodea el misterioso asesinato de este pequeño comerciante oriundo de Valle Fértil, que vivía con su mujer y sus tres hijos en el barrio Ceramista II de Pocito. No era un hombre adinerado, apenas hacía 6 meses que había comprado una camioneta Ford F-100 usada para mejorar su negocio de repartidor de carne. No es que poseía un frigorífico, Vera era un laburante surgido desde abajo que un día decidió trabajar por cuenta propia comprando carne a los distribuidores mayoristas para vender a pequeñas carnicerías de la zona de Rawson, Trinidad y La Bebida. Su cartera de clientes era de alrededor de 15 comerciantes a los cuales visitaba semana a semana llevándole la mercadería y luego pasaba a cobrarles.

Como hombre de Chucuma, era de tener un perfil bajo y de carácter muy tranquilo, afirmaban los que lo conocían. Había aprendido que en el oficio de vendedor era mejor ser comedido y entonces su norma era no tener problemas con nadie. Por eso resultó por de más extraño el destino que corrió el 4 de junio de 2001 en otro de sus atareados días de trabajo.

Su mujer recordó en aquel entonces que no había sido un buen día para Carlos Vera. Al mediodía regresó a su casa diciendo que le había ido mal en la cobranza, que nadie le había pagado. Nada raro quizás para los comerciantes que siempre saben que hay que esperar. Tras el almuerzo en familia, descansó un poco y a la tarde volvió a salir a la calle en su camioneta Ford F-100 con cámara frigorífica para continuar cobrando. Más tarde retorno a su hogar para buscar a su esposa y llevarla al Hospital Marcial Quiroga a visitar a una familiar que estaba internada. Ahí dejó a su señora a eso de las 20.30 y se despidió contándole que aprovechaba para darse una vuelta por La Bebida para visitar a unos carniceros. El último dato que se tiene de él fue que pasó por un negocio de esa zona y que estuvo unos minutos jugando al metegol con un joven. Después, es todo un misterio.

Aproximadamente a las 21 se escuchó ese estampido que retumbó en la calle Pellegrini, en cercanías de calle 5. El sereno del basurero provincial no se quedó tranquilo al escuchar lo que parecía un disparo y salió a la calle. Fue en esos momentos que se encontró con el cuerpo de hombre tendido boca abajo, al lado de una camioneta Ford F-100 con cámara frigorífica. No sabía que pasaba, pero no hacía muchos que había sucedido. El motor del vehículo estaba funcionando, las luces permanecían encendidas y la puerta del lado del acompañante estaba aún abierta. Al lado de la víctima había una calculadora.

Al rato llegó la Policía y un equipo de emergencia médica, que constató que esa persona no tenía signos vitales. Estaba muerto, de modo que no quisieron tocar más el cadáver. A la medianoche, el médico legista ante la presencia del juez Guillermo Adárvez, del Tercer Juzgado de Instrucción, examinó el cuerpo y confirmó que presentaba un mortal disparo de arma de fuego en el pecho. A través de la documentación hallada en el vehículo establecieron que el fallecido se llamaba Carlos Vera, el repartido de carne de Pocito.

El enigma en torno a Vera empezaba. Porque a medida que los investigadores barajaban posibles hipótesis, más entraban en un laberinto difícil de desentrañar. Si bien la víctima no tenía su billetera, lo que primero extraño fue que llevaba consigo su anillo de casamiento, su reloj pulsera y dentro de la camioneta había algo de 1.000 pesos, que no era una suma nada despreciable en esos años. Otro dato es que no se veía que hubiesen revisado la guantera o la cabina misma del rodado. Es decir que, por un lado se podía sospechar de un robo por la ausencia de su billetera, pero esa teoría se caía por el hallazgo de esa suma de dinero y las pertenencias personales que aún conservaba el cuerpo de la víctima.

Comenzó entonces a tomar fuerza la idea de que podía tratarse de un ajuste de cuentas, pero eso tampoco encajaba. Carlos Vera no era hombre de problemas, simplemente un comerciante que trataba de expandir su pequeño negocio de repartidor de carne. Su vida íntima tampoco mostraba puntos oscuros, como para suponer que hubiese tenido alguna amante. Esto último llevó a suponer otra hipótesis, quizás la de un posible ataque para amedrentarlo o un apriete de la competencia en el rubro. A lo mejor, suponían los investigadores, intentaron asustarlo o darle un escarmiento y “se les fue la mano”. El arma utilizada era un revólver calibre 38.

Todo podía ser, explicaban los pesquisas que no contaban con ninguna pista certera. Revisando los últimos movimientos del repartidor de carne, llegaron a dar con ese joven que había estado jugando con él al metegol un rato antes que lo mataran. Ese muchacho fue detenido, más porque contaba con antecedentes penales. Sin embargo, no le encontraron nada raro y su relato sobre qué hizo esa noche no mostró grieta alguna.

El tiempo fue sepultando todas las expectativas y la falta de una línea clara para encarar el caso, hizo que los investigadores no encontraran respuesta a tantos interrogantes sobre la muerte de Carlos Vera. La causa ahora duerme en tribunales, como otro caso sin esclarecer y con autores desconocidos.

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