Mirada triste, rostro rasguñado y corazón destrozado. Secuelas del calvario que vivió Fausto Gabriel Vargas cuando quedó detenido al ser acusado por maltratar a su hijo. Durante siete días, el joven vivió en un calabozo y sin poder alimentarse adecuadamente por la depresión que le generaba estar en la subcomisaría.
Fausto contó que todavía no ve a su hijo desde que lo detuvieron. Sus ojos se ponen rojos al darse cuenta la necesidad que tiene con volver a reencontrarse con él y por cómo la sociedad lo juzgó sin saber cómo fueron los hechos. Además, dolido comentó que le cuesta conseguir trabajo y lo único que anhela es volver a estar con su hijo para volver a tener una vida normal.