Él aparentemente no tenía pudor. Una tarde la encontró en la calle Abraham Tapia y con total desparpajo la abrazó, intentó besarla en la boca y le dijo que quería tener sexo con ella. Esa fue la premonición de lo que vino. El mismo hombre después fue a la casa de la chica y estando solos la ultrajó sexualmente. En los días subsiguientes continuaron los acosos y los abusos sexuales con acceso carnal de todo tipo que, sin que nadie se enterara, se fueron prologando durante dos años.
La dramática historia tuvo como víctima a una adolescente que sufrió esas perversiones desde los 14 años por parte de su propio tío, un joven de 25 años de profesión cocinero que estos últimos días fue procesado en el Primer Juzgado de Instrucción. El juez Alberto Benito Ortíz le dictó el auto de procesamiento, con prisión preventiva, por el delito de abuso sexual gravemente ultrajante y abuso sexual con acceso carnal en concurso real.
Los presuntos abusos se dieron en la casa de la niña y en el domicilio de este sujeto, que vivía en frente, en el departamento Pocito. No se puede brindar la identidad del supuesto pervertido sexual para proteger la víctima, pero se supo que es el hermano del padre de la menor.
La adolescente también estaba en riesgo porque no recibía atención de la madre, que supuestamente pasaba mucho tiempo fuera de la casa. Tanto es así que un informe del personal de la Dirección de la Niñez, Adolescencia y Familia derivó en que la jovencita fuera retirada de la vivienda y puesta en un hogar de tránsito para su cuidado.
La misma adolescente declaró a través de Cámara Gesell y contó que, cuando tenía 14 años y en ocasión que iba a educación física, se cruzó con su tío en la calle Abraham Tapia en Trinidad y éste directamente la abrazó y le quiso dar un beso en la boca. En esa oportunidad, el sujeto le dijo sin rodeos que quería que tuvieran sexo.
Pasados dos o tres días, el muchacho se presentó en la casa de la niña aprovechando que no estaba la madre y envió a su hermano menor a comprar. Cuando se quedaron solos, el sujeto se abalanzó sobre ella, la obligó a que le practicara sexo oral y la amenazó para que no se lo dijera a nadie.
La menor, envuelta en llanto, relató otros episodios similares en los que fue sometida con acceso carnal en su casa y en el domicilio de su tío, cuando sus abuelos no estaban.
El último ultraje se produjo en diciembre de 2017 y la niña no aguantó más. Se lo contó a su amiga, que buscó ayuda en sus profesores del colegio. Esas docentes localizaron a la madre y fue así que el caso llegó al ANIVI y a manos del juez Alberto Benito Ortíz, quien ordenó la detención del ahora procesado.
Los informes psicológicos confirmaron que la chica no miente en sus declaraciones y que tenía signos que revelaban un trauma propio de esos abusos sexuales. El informe médico también señaló que la menor habría sido abusada.