Caída la pista de un obrero golondrina que
había desaparecido de San Juan, tratándose de un joven tucumano que fue hallado
sano y salvo, la investigación por el crimen del hombre NN hallado calcinado en
Albardón tomó un nuevo giro: la voz en el teléfono que dio aviso a la Policía a
través del 911.
¿Quién fue el que avisó? ¿Cómo dio con el
cadáver calcinado en medio de una huella casi intransitable que ya nadie usa?
Fueron algunas de las preguntas que se hicieron los policías que tienen el
misterioso caso en sus manos y que no saben para dónde ir.
Fue entonces cuando se pusieron a ver quién
avisó en las últimas horas del sábado 21 de enero al sistema de emergencias.
Pero, al menos en lo investigado hasta
ahora, no surgen pistas que transformen a esa persona en un sospechoso. ¿Por
qué? Porque el hombre estuvo hablando más de 10 minutos con el 911, dando
detalles de cómo llegar al lugar, sin ningún apuro y sin ninguna duda.
Los investigadores piensan que, de ser una
persona vinculada al crimen, o si supiera de qué se trató todo esto, se habría
limitado a dar aviso en una llamada corta, como para simplemente pasar el dato.
Igualmente, la investigación tiene bajo
secreto al nombre de ese hombre que llamó al 911.
Sólo se sabe que es de sexo masculino; que
esa noche estaba acompañado de una chica; que conoce ese viejo camino que
conecta Albardón con la localidad jachallera de Mogna, por donde antiguamente
se vinculaban los pobladores antes de la existencia de la Ruta Nacional 40.
Agotadas las pistas para tratar de saber a
quién pertenece el cadáver hallado en la madrugada del domingo 22 de enero,
completamente calcinado, los investigadores interrogaron a ese hombre que horas
antes les avisó de la existencia del cadáver.
De todas formas, y a pesar de que
reservaron su identidad, esa persona está totalmente desvinculada de la
investigación por el crimen.
El caso sigue siendo un gran misterio. Es
que nadie denunció la desaparición de una persona de sexo masculino, de entre
40 y 50 años.
Por ese motivo los investigadores están
convencidos de que la víctima fatal debe ser una persona que estaba de paso en
la provincia, que no tiene familia o amigos. Entienden que, de lo contrario,
alguien ya habría avisado que falta a su hogar o que desapareció. Por ese
motivo es que aún siguen creyendo que podría tratarse de un obrero golondrina
que temporalmente llegó a San Juan a trabajar en tareas del campo.
De lo que no tienen dudas es que se trata
de un crimen macabro. Creen que el hombre fue asesinado en otro lugar, llevado
a la huella en Albardón y prendido fuego.
La autopsia determinó que no le encontraron
rastros de un disparo ni de huesos rotos. No tenía las manos atadas y tenía
hasta su calzado puesto.
Al no haber encontrado en el lugar
recipientes de combustibles, también descartan que el hombre se hallado quitado
la vida a lo bonzo.