Los flashes de los fotógrafos debían apuntar a las dos detenidas que venían entrando a Tribunales, pero en lugar de eso todos ampliaron su cuadro un poco más. Es que lo que llamó la atención fue esa figura que casi siempre suele pasar desapercibida en los procedimientos policiales, la de las policías que trasladaban a las presas. Dos de ellas trabajan en una de las divisiones más complejas de la Policía de San Juan y la tercera como efectiva en la alcaidía de Tribunales.
La seriedad ante todo es lo que las caracteriza y a pesar de trabajar en un ambiente rodeado de hombres, todos las respetan como pares. Hace dos semanas dos policías fueron captadas por varios fotógrafos que las retrataron escoltando a Yamila Campos, la mujer acusada de vender a su bebé y a Carolina Castro, la presunta compradora.
Era el tema de la semana y eran esas dos detenidas las que todos esperaban, pero en lugar de ser ese el tema de conversación entre los trabajadores de prensa, la belleza de las dos policías que las trasladaban se robó todos los comentarios.
Las efectivas trabajan en una de las divisiones más complicadas de la Policía de San Juan y es Seguridad Personal. Ahí ambas cumplen un papel muy importante debido a que es una sección que toma los casos más sensibles como las violaciones, secuestros y todo tipo de delitos contra la integridad de las personas.
Ellas dos, rubias y altas están siempre impecables con jean, tacos y muy bien maquilladas pero no tienen problema en correr y ensuciarse de ser necesario. De hecho lo han demostrado en reiteradas oportunidades y una de ellas fue pieza clave para detener al "Manochanta” Nicolás Anapan, quien cayó hace un mes por abuso sexual gracias a que una de las chicas de Seguridad Personal se hizo pasar por clienta del brujo para poder atraparlo.
La tercera policía que se robó todas las miradas hace un año es una efectiva que se desempeña en la alcaidía de Tribunales. La uniformada, que ronda los 30 años, fue quien estuvo a cargo, por más de dos semanas, de custodiar a dos de las asesinas más implacables que ha conocido San Juan.
Se trata de Rosa Videla y Noelia Corvalán, las condenadas por apuñalar 160 veces a Cristina Olivares. La agente que se encargó de custodiarlas cada uno de los días que duró la audiencia se robó la atención, una vez más, de todos los que asistieron al histórico juicio.
El característico uniforme azul, los borcegos y el pelo recogido no evitaron que más de uno de los que estaba ahí por las homicidas, decidiera voltear pero para mirarla a ella. Seria, inmutable, a cara lavada pero con un rostro privilegiado fue la encargada de mantener a raya a
Corvalán y Videla. Además mantuvo el orden en la Sala I de la Cámara Penal, donde el aire se cortaba con cuchillo. Los ánimos estaban caldeados y los familiares de Cristina Olivares pedían, con justa razón, una pena ejemplificadora.