Impecables, pefumaditas, con sus minishorts y puperas que no dejan lugar a la imaginación, las chicas trans le ponen color y calor a la zona roja sanjuanina que, desde hace unos meses, parece haber vuelto a cobrar vida. Según ellas es porque "hay menos plata” y tienen que trabajar mucho más que antes.
El trabajo sexual de la zona de Santa Fe, entre Rawson y Jujuy, había mermado en los últimos años y se veían menos chicas trans trabajando. Pero hace unos meses eso cambió. Cada vez hay más de ellas ofreciendo sus servicios sexuales y en la hora pico, entre las 12 y las 2 de la mañana, hasta tres o cuatro por cuadra.
"Es porque hay menos plata y por ahí el dinero que antes juntábamos en dos horas, ahora tardamos seis horas en conseguirlo”, cuenta una que pide reservar su identidad y cuyo "nombre artístico” comienza con N. Los días más fuertes son los viernes y las chicas trabajan mucho en el boliche donde también "levantan” y hacen negocios.
Según N, "los clientes están más ratas y esos (dice mientras señala un auto de alta gama que pasa por la zona), son los que más piden regateo”.
A los pocos minutos llega otra con una llamativa peluca rubia y a diferencia de N que está vestida de verano, su amiga eligió ropa un poco más abrigada. La "rubia” tampoco quiere que su nombre salga en la nota y se identifica con la letra A.
Rápidamente entra en confianza y empieza a contar sobre las tarifas y sobre cómo ha repercutido la disminución del consumo en el trabajo sexual.
"El proxeneta ya no existe y desde que nos legalizaron trabajamos más tranquilas. Siempre está el boludo que viene y se pasa toda la noche dando vueltas a la manzana y nos mira. Yo no sé de dónde sacan tanta plata para la nafta”, dice A y suelta una carcajada.
N, por su parte, trabaja tres días de la semana y si hace falta más "para pagar la olla”, lo hace.
A poco de comenzar la entrevista una camioneta Kangoo se para sobre Caseros y se lleva a N.
Según las trabajadoras sexuales esa zona de calle Santa Fe es territorio de las trans "porque los taxiboy se ubican en la Plaza Aberastain”, cuenta A.
Las dos admiten que la noche ya no está tan violenta, que no hay persecución y que la policía no las molesta como antes. "Gracias a que Cristina nos legalizó ya no hay tanta violencia. Sí robos y lo de siempre, pero entre nosotras nos cuidamos”, relata A.
Para evitar la competencia desleal las chicas tienen una tarifa unificada y se ponen de acuerdo con los precios así "ninguna se hace la viva y cobra más barato”.
Dos cuadras más allá está María González. Ella no tiene problema en mostrar su cara y dar su nombre. Es fanática de Cristina y la menciona todo el tiempo "desde que Cristina nos legalizó se terminó la persecución”, dice. Además de trabajar en la noche, María, trabaja en la Municipalidad de Rawson "pero cuando me falta para el puchero vengo”, asegura.
Se hace tarde y pasadas las 12 la noche se empieza a poner más fría. "¿No me llevan para allá que tengo que entregar unos p reservativoss?", pide María. En un kiosco devenido en bar ubicado sobre Santa Fé y Rawson, María se baja, saluda cariñosamente y nos pide que volvamos.
Las tarifas, acordadas
Para no perjudicarse entre ellas, las chicas que trabajan en la zona roja sanjuanina tienen tarifas establecidas. "Tratamos de tener todas los mismos precios para no jodernos entre nosotras” cuenta N. Es así que pasar un momento con las chicas puede costar entre $150 y $500, dependiendo del tiempo y el tipo de servicio que pida el cliente.
Por trabajar toda la noche cada una puede llegar a llevarse a su casa entre $3000 y $4000. "Eso antes lo hacíamos en dos horas, ahora nos tenemos que quedar hasta las seis de la mañana”, cuentan.