Por Gustavo Martínez Puga
Un abuelo de la víctima fatal le había dado trabajo durante años a la madre de la pareja de dos jóvenes hermanos que ahora fueron procesados como homicidas. Entre los Murúa y los Ramírez la bronca venía desde hacía tiempo. Ahora la Justicia parece haber empezado a encaminar la relación: el juez Benedicto Correa, subrogando el Cuarto Juzgado de Instrucción, procesó al Pecka Ramírez y a su hermana como los autores de aquel disparo fatal.
El procesamiento es con prisión preventiva, por lo que el Peka Ramírez, de 22 años, y su hermana Micaela, de 19, estarán en prisión hasta que le hagan el juicio y se determine si son o no culpables del delito de homicidio simple por el que fueron procesados.
Además, el juez Correa les trabó un embargo de 200.000 pesos sobre los bienes de cada uno de los hermanos Ramírez.
En la resolución el juez Correa dejó en claro que la prisión preventiva tenía relación directa con la mala intención de los hermanos para con la Justicia, ya que se fugaron después de efectuar el disparo y cambiaron sus domicilios. Incluso, el Peka fue atrapado en Buenos Aires meses después en un allanamiento.
El crimen se produjo alrededor de las 20 horas del 23 de abril de 2015. Fue en la calle Benavidez al 3000 Oeste, departamento Rivadavia. Carlos Alejandro Murúa, a quien todos llamaban Mauro, vio quién le efectuó el disparo y los identificó ante la policía cuando agonizaba en una cama del Hospital Marcial Quiroga.
Ese relato, sumado al testimonio de los dos hombres con los que se encontraba Murúa al momento de la agresión, simplificó el trabajo de la policía a la hora de esclarecer el crimen.
Murúa falleció días después, a consecuencia del balazo del revólver calibre 32 que recibió en el estómago, el cual le perforó órganos vitales.
El comerciante, padre de dos nenas chicas y de una beba por nacer al momento del crimen, conocía muy bien quién le disparó, ya que antes había sufrido un robo en su comercio y también responsabilizó al Peka.
Esa tarde del crimen, Murúa escuchó un ruido a vidrios rotos en la puerta de la casa en la que se encontraba con dos personas que le estaban haciendo una construcción. Salió. Y se escucharon tres estruendos de un arma de fuego. Uno de ellos pegó en su camioneta Peugeot Partner, otro fue al aire y el tercero le dio en el estómago.
La víctima y las dos personas con las que estaba vieron a los hermanos Ramírez pasar en una moto marca Cerro, de 125 centímetros cúbicos. A la mujer se le escuchó decir "Murúa chupa p…”.
Según concluye el juez Correa en su fallo, los hermanos Ramírez rompieron uno de los vidrios de la camioneta para hacer salir a Murúa. Cuando lograron el objetivo, le tiraron a matar. Y, según la resolución, quien efectuó los disparos fue Micaela.
La frase
"Disparar con un arma de fuego en tres oportunidades, a una corta distancia, con un arma de calibre 32, logrando impactar a la altura del abdomen de la víctima una las deflagraciones, constituyen actos por demás idóneos desde el punto de vista objetivo para causar el resultado muerte”. Benedicto Correa, juez.