HISTORIAS

¿Quién es el colombiano universitario condenado por trata en San Juan?

Dijo que llegó a Jáchal a trabajar en una empresa de servicios mineros. Era el que recibía a las chicas, algunas colombianas, que su comunidad de compatriotas les mandaba directamente desde Mendoza. Por Gustavo Martínez Puga
martes, 6 de octubre de 2015 · 09:19

Se llama Carlos Hernando Cáceres Mantilla, tiene 43 años y es licenciado en administración de empresas. Nació en Bucamaranga, capital del departamento de Santander, ubicado 380 kilómetros al Noreste de Bogotá. Y terminó siendo uno de los principales protagonistas en la histórica condena por trata de personas con fines sexuales en la Justicia Federal ¿Cómo llegó desde tan lejos al departamento Jáchal, recostado sobre la Cordillera de los Andes? ¿Cómo terminó regenteando uno de los prostíbulos más despiadados de la provincia? ¿Quién es el colombiano al que todos veían llevar a las mujeres hasta la puerta del hospital de Jáchal y esperarlas afuera para regresarlas a ese oscuro lugar llamado Las Bóvedas, donde él vivía con ellas?

Cáceres Mantilla habló poco, muy poco, sobre su rol en la causa por trata que le iniciaron a él y a su pareja, Irma Gladys Castro, quien también terminó condenada a cinco años de prisión por el delito de trata de personas.

Incluso, el colombiano se negó a pronunciar palabra en las dos primeras indagatorias, en abril de 2012, tras caer en el golpe a los 16 prostíbulos que protagonizó el Juzgado Federal. Recién en el juicio que arrancó en abril último en el Tribunal Oral Federal aportó algunos datos, un tanto confusos.

Por ejemplo, allí dijo que llegó al país por su hermano, quien le dijo que aquí había posibilidades de trabajo. Dijo que "regularizó” su situación y empezó a trabajar en SOTUR S.R.L., una firma que se dedicaba al transporte minero en Gualcamayo. Dijo que se desempeñaba en una oficina de la empresa en Jáchal y en una finca donde se hacía mecánica a los vehículos.

Sin embargo, luego nunca acreditó en la Justicia Federal con algún papel (recibo de sueldo, contrato) que lo que decía era cierto. A pesar de haber dicho que estuvo unos ocho meses trabajando para la empresa de servicios mineros.

Sí admitió que vivía en Las Bóvedas, el prostíbulo disfrazado de whiskería ubicado en la entrada a la Ciudad de San José de Jáchal, una instalación que siempre había funcionado como hotel por horas para parejas. Ése lugar está a varios kilómetros del centro urbano.

Sin embargo, en ese punto se detenían directamente los micros de larga distancia que llegaba desde Mendoza con las mujeres que terminaban prostituyéndose.

Según la investigación judicial, una comunidad de colombianos radicados en la provincia vecina era desde donde proveían a Cáceres Mantilla de las mujeres. Ese hermano que citó el colombiano fue identificado como Germán Cáceres Castilla, quien fue el que le consiguió abogados particulares al principio de la investigación. Para ese otro colombiano hay una compulsa de la fiscalía federal para que se lo investigue.

En el 2012, cuando estalló el escándalo, Tiempo de San Juan contó la historia de una bella morena colombiana que llegó al país con la promesa de pasar a Chile para trabajar en un restaurante como cocinera y terminó prostituyéndose en Las Bóvedas, en Jáchal, captada por colombianos en la terminal de ómnibus de Mendoza.

En el prostíbulo jachallero las mujeres vivían y se les evitaba el contacto con el mundo exterior, según la investigación judicial. Y en Jáchal aún circulan los videos de Cáceres Mantilla llevando en su auto a las chicas para ser curadas de enfermedades sexuales en el hospital, donde el colombiano las dejaba en la puerta, las esperaba a que salieran y las llevaba de nuevo al prostíbulo.

Cáceres Mantilla reconoció que vivía en el prostíbulo, pero curiosamente negó saber conocer quiénes eran las dos colombianas que fueron encontradas en el lugar. En su defensa, dijo que el negocio era manejado por su mujer, que siempre creyó que la actividad era lícita porque había un policía de custodio y estaba habilitado por la municipalidad y por Leyes Especiales de la Policía.

Pero eso no le alcanzó para justificarse y el tribunal federal entendió que el colombiano con instrucción universitaria reunía todos los requisitos para ser condenado por el delito de trata de personas: captó, trasladó, recibió a personas con fines de explotación sexual.

Le dieron cinco años de un delito que tiene como castigo entre cuatro y ocho años. Como está detenido desde abril de 2012, de quedar firme esa pena, Cáceres Mantilla está en condiciones de tener salidas transitorias legales de la cárcel de Chimbas.



 

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