Baleado en la plaza

La extraña furia de un asesino

Un pintor de casas y experto en el arte marcial del Kung Fu, asesinó de tres balazos a quemarropa a un muchacho en la esquina de una plaza sanjuanina. Su enojo fue tal que se ensañó contra su rival y lo mató fríamente frente a parientes y amigos. Por Omar Garade.
domingo, 08 de abril de 2012 · 12:51

Por Omar Garade

Un caso extraño se vivió durante una madrugada del 2008, cuando un experto en artes marciales baleó a un joven en la plaza Hipólito Yrigoyen luego de una discusión. Extraño porque antes de que se produjera el ataque con el arma de fuego, los protagonistas se habían trenzado a golpes de puño  y al parecer de los testigos que presenciaron la pelea, el incidente terminó ahí. Pero esto no fue todo, el agresor se fue de la plaza hasta su domicilio, volvió y baleó a su oponente.

Es decir que el asesino además de pelear tanto verbal como físicamente con la víctima, continuó con su enojo por los menos 10 minutos más, que es lo que tardó en ir hasta su domicilio a buscar el arma. No se trató de un ataque de ira del momento,  durante el cual enceguecido por el enojo perdió el control de sus acciones y terminó matando, sino que tuvo tiempo de sobra para “enfriarse” y reflexionar sobre lo sucedido para que todo quedara en la discusión y no en una muerte.

Así lo entendió la Sala Primera de la Cámara en lo Penal y Correccional que condenó a 18 años de reclusión a Rodolfo Serrano (36 años cuando ocurrió el hecho) por “Homicidio agravado por alevosía y ensañamiento”, por el asesinato a sangre fría del joven Luis Emanuel Ruiz (27 años en momentos de su muerte).

El caso en sí no revista mayores diferencias de las muchas grescas que terminan en homicidio en San Juan. Muchos son los hechos en que personas alcoholizadas y enfurecidas matan a otro producto de una discusión del momento. Lo que sí llama la atención es el proceder de Serrano, que indudablemente contenía en momentos del crimen una gran carga de violencia que descargó en Ruíz.

Violencia que indudablemente estaba latente y que podría haber sido descargada en otra persona en cualquier otra circunstancia. Es decir que, por las características de lo sucedido, sólo era cuestión de tiempo para que Serrano asesinara, ya que siempre fue consciente de lo que iba a hacer y lo llevó a cabo sin dudarlo.

Los hechos hablan por sí solos y muestran que  lo que este hombre, “cinturón negro” en Kung Fu, hizo esa madrugada no fue producto de un ataque de irracionalidad. Eran las cinco de la mañana del 26 de enero del 2008 y todo transcurría con tranquilidad en la esquina de las calles 9 de Julio y General Acha, dentro del predio de “La jorobita”, como es conocida popularmente la plaza Hipólito Yrigoyen  en la zona de Trinidad.

En ese lugar se encontraba el carro panchero propiedad de Francisco Rodríguez, que en esos momentos barría la vereda de la plaza por la falta de clientes. El único que estaba saboreando sus productos era Rodolfo Serrano, que había llegado 20 minutos antes y estaba comiéndose un pancho en el banco ubicado al frente del puesto de comida.

Hasta ahí todo estaba tranquilo y sin mayores sobresaltos, como atestiguó Rodríguez ante el tribunal. Unos segundos más tarde aparecieron por la plaza Luis Ruiz, su tío Guillermo Castro y un amigo de estos, Wilson Godoy. Allí le pidieron atención al panchero, que rápidamente se ocupó de prepararles lo solicitado.

Se notaba que los recién llegados estaban de buen ánimo y hacían bromas respecto a lo que iban a hacer con lo que quedaba de la “noche”. En este hilo de conversación, Ruíz se da vuelta y le pregunta a Serrano, que estaba comiendo su pancho, “qué tal estaba el cabaret del frente”, indicando el lugar de estas características que se encontraba a pocos metros sobre la calle General Acha, entre 9 de Julio y Brasil.

A partir de esta pregunta se inició una discusión que terminó en una pelea física. Las dos partes, tanto el tío y el amigo de Ruiz, como el propio Serrano, dan distintas versiones de cómo fue el intercambio de palabras. Mientras que los acompañantes de la víctima aseguraron que el asesino había sido en todo momento agresivo con ellos sin razón alguna, el ahora condenado aseguró durante el proceso que estas tres personas estaban totalmente alcoholizadas cuando llegaron a la plaza y en todo momento trataron irrespetuosamente al panchero Rodríguez, lo que lo llevó a enojarse con ellos.

Lo cierto es que lejos de llegar la calma, el entredicho subió de temperatura de la mano de Serrano que contestó con insultos y amenazas. Ruiz se molestó ante los improperios y se paró frente al agresor devolviendo los insultos. De repente, Serrano abandonó su lugar en el banco y se lanzó contra Ruiz. En ese ataque, el especialista en artes marciales, le asestó dos certeras patadas en el pecho de la víctima.

Ruiz cayó al piso e inmediatamente fue ayudado por su tío y por Godoy. En unos segundos los tres se encontraron peleando con Serrano, que viéndose superado en número abandonó, entre los gritos del trío, la plaza Yrigoyen para dirigirse a su casa. Por unos minutos la tranquilidad volvió a la esquina y los tres amigos más el panchero se pusieron a comentar lo sucedido.

No habían pasado más de diez minutos, cuando Serrano volvió a escena. Los gritos se escuchaban a treinta metros de donde se encontraba Ruiz. “¿Dónde está el gallito que me va a hacer cagar? Vení ahora si sos macho, pero vení solito, cagón”.

El enojo del pintor de casas parecía que no había mermado nada durante la pausa entre la pelea y su vuelta a la plaza. Seguía gritando y cada vez se acercaba más a la esquina, caminando decididamente y con una mano cercana a la zona de la cintura.

Ruiz se volvió hacia su tío y le dijo: “Quedáte tranquilo que no es con vos, ya lo arreglo yo”. De esta manera el joven empleado de seguridad de la empresa de colectivos 20 de Junio salió a encontrarse frente a frente con Serrano.

Cuando estuvieron a menos de dos metros de distancia, el agresor sacó una pistola de la cintura del pantalón. Al ver el arma, Ruíz trató de quitársela de un golpe con la mano abierta. Serrano lo empujó hacia atrás y se desató la tragedia. En el mismo instante que empujaba a su adversario, Serrano disparó seis veces contra el cuerpo del joven de 27 años.

Tres de los proyectiles de la pistola Bersa Thunder, calibre 38, dieron en la zona del tórax y derrumbaron de inmediato a Ruíz sobre la vereda de la plaza. Viendo lo hecho, Serrano volvió sobre sus pasos y empezó a alejarse del lugar. El tío de la víctima, Godoy y otro cliente que había llegado durante la primera escaramuza, intentaron detener a Serrano, pero desistieron de hacerlo porque el asesino seguía disparando al aire mientras escapaba.

Cuando el pariente, el amigo y el otro cliente volvieron a preocuparse por la salud de Ruíz, se dieron cuenta que el joven había muerto producto de las heridas. Avisados de la gresca, en pocos minutos se hicieron presentes efectivos de la seccional Tercera que se encuentra  a pocas cuadras del lugar en donde ocurrió hecho de sangre.

De inmediato se comenzó la búsqueda  de Serrano y los oficiales ordenaron un rápido cerrojo por toda la zona céntrica y en especial en las calles que comunican con los departamentos del Gran San Juan. Al lugar se presentó el juez Agustín Lanciani, que de inmediato se hizo cargo de la investigación.

Al magistrado le llamó la atención que en la primera ronda de testimonios que habían realizado los uniformados, entre los presentes en la escena del crimen, el panchero dijera que no conocía para nada al homicida. Cuando Lanciani insistió en hablar con Rodríguez, con el cuerpo de Ruíz todavía tendido a metros de su negocio y ante la presencia del juez, el comerciante se quebró y cambió la declaración.

Rodríguez contó que Serrano era un cliente regular de su negocio. Que no entendía qué le había pasado, ya que lo consideraba una persona tranquila. No comprendía por qué se había enojado tanto con sus otros clientes y comenzó una discusión y una pelea de tanta envergadura que terminó con un muerto.

Además Rodríguez contó que el homicida vivía en una pensión cercana a la plaza, ubicada en la calle Brasil 33 Oeste, y que siempre andaba por la zona. Hacia allí se dirigió el juez acompañado por la policía. En pocos minutos “aseguraron” el lugar y los investigadores realizaron el allanamiento con el propio Lanciani esperando en la vereda los resultados de esta pesquisa.

Los uniformados, al llamar a la puerta de la habitación de Serrano, dieron con una persona distinta a la descripción que tenían.  Buscaban un hombre de pelo largo y barba candado, y se encontraron con alguien rapado y con la cara limpia. Lo mismo siguieron adelante con el allanamiento y finalmente dieron con el arma homicida, y una remera toda ensangrentada que estaba escondida en una caja.

Allí fue detenido Serrano, que en ningún momento se resistió ante la presencia de los uniformados. Según se supo, el hombre de 36 años había vuelto a su habitación en la pensión después de la primera escaramuza con Ruíz para buscar el arma asesina. Lo mismo hizo después de balear a su víctima y huir de sus perseguidores. Es decir que volvió hacia su pieza en Brasil 33, a pocos metros de calle Mendoza, y allí se rapó la caballera y se afeitó la cara con el fin de que no lo reconocieran los presentes en el lugar del homicidio.

Por orden del juez, los policías recogieron todo el pelo cortado que había en la zona del baño, para confirmar lo que Serrano había hecho hacía unos instantes para cambiar su aspecto. También ordenó que secuestraran de la misma habitación, gran cantidad de armas blancas de origen oriental, que aparentemente se relacionaban con la práctica del Kung Fu.

La intención del magistrado al requisar estos elementos, era relacionar la práctica de este arte marcial con el comportamiento violento de Serrano.  Es decir que los peritos psiquiátricos tendrían que definir si esta disciplina lo pudo hacer más agresivo de lo normal al acusado.

Durante el proceso se llegó a la conclusión de que el homicida no tenía ningún problema mental y que en todo momento actuó libre y conscientemente sobre lo sucedido, y tan solo los peritos siquiátricos marcaron los inconvenientes que Serrano tenía para manejar sus impulsos de enojo y frustración, que en definitiva lo habían llevado a asesinar a Ruíz.

El día 26 de Junio del 2009 un tribunal condenó severamente a Serrano, ya que entendió que este pintor de casas y experto en el arte marcial del Kung Fu, había matado alevosamente y con ensañamiento a Luis Ruíz, imposibilitándole a la víctima cualquier posible defensa que le sirviera para  proteger su vida.

Por esta razón lo sentenció a 18 años de reclusión en el Penal de Chimbas, lugar en donde se encuentra cumpliendo su condena.

Arsenal

En la habitación de Serrano encontraron un sable Samurai japonés, un sable chino, una ballesta, dos cortaplumas, un machete, una sevillana y un cuchillo de grandes dimensiones. Al parecer, casi todas estas armas blancas estaban relacionadas con el arte marcial que practicaba, pero aun así eran consideradas de alta peligrosidad. También llamó la atención el número de estos elementos, ya que a los investigadores les parecía una exageración para que estuvieran en manos de una sola persona. Ellos entendían que Serrano tenía algún tipo de obsesión con este tipo de armas y que no todas eran exclusivas para el uso del Kung Fu, como era el caso de la ballesta y las sevillanas. Finalmente también se supo que el arma que utilizó para matar a Ruíz, la Bersa Thunder calibre 38, no estaba registrada a nombre del homicida, por lo que los peritos trataban de esclarecer su procedencia a través de la placa identificatoria de la pistola.

Rápido esclarecimiento

El caso del crimen a balazos de Luis Ruíz fue esclarecido en un tiempo record para hechos de este tipo. Tan sólo se tardó dos horas y diez minutos para detener el culpable a partir de ocurrido el asesinato. La gran presencia de policías e investigadores en un lugar tan céntrico como la plaza de “La jorobita”, y el apersonamiento del juez Lanciani en la escena del crimen, apuraron los tiempos comunes para este tipo de investigación. El sólo hecho de que el magistrado haya conseguido la declaración del panchero que los uniformados no pudieron, aceleraron las cosas. De igual manera, el acompañamiento del juez al lugar en que se realizó el allanamiento, precipitaron que los resultados se dieran más rápidamente que lo normal. El hecho de sangre se produjo a las cinco de la mañana. A las siete y diez Serrano era trasladado de la pensión ubicada en Brasil 33 Oeste, hacia los calabozos de la Jefatura de Policía.

Diagnóstico

“Hay en el Sr. Serrano  un mal control de los impulsos, un mal manejo de sus pulsiones agresivas, y una deficiente capacidad para tolerar las frustraciones “, señala el informe de los especialistas psiquiátricos sobre la personalidad del homicida. El diagnostico agrega que el acusado tiene “una inadecuada utilización de los mecanismos de control de la agresividad, a lo que hay que sumarle su gran impulsividad”. Los profesionales explican que Serrano “lamenta lo sucedido, pero por las consecuencias que la responsabilidad de sus actos le trae. Nunca ha intentado corregir este rasgo de su personalidad (impulsividad-agresividad) y racionalizar sobre su conducta y los hechos, manifestando gran frialdad emocional ante la muerte de una persona”.  Finalmente el informe asegura que “todos estos datos clínicos describen un rasgo antisocial de su personalidad”.

Comentarios