Exclusivo de Tiempo de San Juan

El policía gay tuvo una muerte lenta

Cómo fueron los últimos minutos Mario Vega (52), el oficial inspector de policía que también era una de las drag queen más reconocida de San Juan. El mapa con los lugares en los que estuvo y el circuito de los puntos clave. Hay dos dudas en la investigación: de que haya sido una sola persona y de que el salvaje crimen tenga como único escenario al hotel alojamiento allanado.
miércoles, 28 de diciembre de 2011 · 09:53
Por Gustavo Martínez
gmartinezpuga@tiempodesanjuan.com

Las 11 puñaladas fueron en el cuello, entre la base del cráneo y donde comienza el pecho. Sin embargo, a pesar de la masacre, el oficial inspector Mario Vega, quien había adoptado como nombre artístico en su vida gay Perla Mora, tuvo una muerte lenta el último martes 13.

Así se desprende de la investigación judicial a la que accedió Tiempo de San Juan. Sucede que Vega, en primer lugar, sufrió heridas corto-punzantes que lo inmovilizaron. Al menos dos de esas heridas le rompieron la tráquea. Y eso le contaminó fatalmente las vías respiratorias y le llenaron de sangre los dos pulmones.

Eso lo fue dejando sin aire y no le permitieron reaccionar. Luego recibió los otros puntazos en ambos costados del cuello. Esa acción arrojó otro dato que indica que Vega, una persona reconocida y muy querida tanto en las comisarías como en el mundo gay sanjuanino –ver página 51- murió en forma lenta: la sangre que tenía derramada sobre su propio cuerpo demostró que las heridas le fueron provocadas en tandas, ya que no toda la mancha se secó al mismo tiempo: creen que eso ocurrió en dos o en tres momentos distintos.

Por la forma de las heridas, habrían sido realizados por un diestro y se presume que los 11 puntazos le fueron perpetrados frente a su rostro.

Estos descubrimientos de los peritos dan respuesta a un gran interrogante que surgió cuando se conoció el asesinato: cómo pudo ser que siendo policía no se hubiera defendido de la agresión. Además, estas revelaciones dan una explicación a otro dato estremecedor que se había conocido tras el crimen: el hecho de que la víctima había caminado sobre su propia sangre, porque así lo mostraban las plantas de sus pies.

A estas pruebas se le suman otros datos que revelan la frialdad con la que se cometió el crimen: El cuerpo evidenció haber estado sometido a un lugar cerrado, con poco aire y un fuerte calor. Sólo en su rodilla derecha tiene una marca en la piel que indica que fue arrastrado.

Incluso, por estas condiciones de conservación es que los forenses no pueden dar un horario preciso del crimen. Y oficialmente informaron al Cuarto Juzgado de Instrucción que debió haber sido entre las 23 del lunes 12 y las 3 de la mañana del martes 13.

Los tajos en la piel del cuello indican que el cuchillo con el que lo mataron tenía filo de un solo costado y, además, cortaba bastante poco. Este dato se complementó con el hallazgo de un viejo cuchillo doméstico que la policía hizo el último miércoles 21 en El Mogote, Chimbas (ver infografía), el cual tenía manchas que están siendo peritadas para ver si se condicen con la sangre del policía asesinado. Los resultados de este peritaje podrían demorar unos 40 días.

Si el crimen se cometió en la madrugada, como determinó el forense, aún resta esclarecer dónde tuvieron escondido el cadáver hasta las 14.20 del martes 13, cuando fue descubierto en La Costanera por la policía en el piso de la parte trasera del Fiat Uno del propio policía.

Quien lo dejó allí, a la vista de todos, en un camping destruido, quiso que el cadáver del policía fuera encontrado rápidamente. Ese es un dato que el juez José Atenágoras Vega tiene muy presente. Pero hay otras dudas claves por esclarecer: el lugar del asesinato y la participación de, al menos, otra persona más.

Es que no creen que en semejante masacre haya podido actuar solo el presunto taxi boy y streeper que se entregó el lunes 19 a la justicia, Pedro “El Titi” Zamora (23), a quien le hallaron el chip del celular de Vega. Y, además, el policía le había llamado por teléfono cuando salió de trabajar en la Seccional 24. Y entre sus papeles tenía el nombre y el número de teléfono de Zamora.

Según la policía, hubo dos llamados anónimos de vital importancia para la investigación: el que realizaron para decir que Zamora y Vega compartieron la habitación 14 de un hotel por horas en Chimbas. Y el que alertó de que en un descampado de El Mogote estaban las evidencias claves: el arma, la pistolera y las municiones reglamentarias del oficial Vega.

Sin embargo, dudan de que en el hotel se haya concretado el crimen. Si bien allí hallaron sangre que está siendo peritada para ver si corresponde con la del policía, en la justicia piensan que la mancha no corresponde con el tamaño de alguien que recibió 11 puñaladas.
A esto se agrega que, por más tiempo que haya tenido él o los homicidas, es prácticamente imposible que en el lugar no hubiera dejado más evidencias. En ese hotel tienen cámaras de seguridad, pero sólo funcionan como visores para saber quién entra y quién sale. No registran imágenes de video.

Otra duda que lleva a que aún busquen la escena del crimen tiene que ver con que en el lugar del hallazgo del cadáver en La Costanera había manchas de sangre pequeñas, a penas gotas, en la parte trasera del Fiat Uno, en la manija de la puerta del conductor, en el capot y en el piso. Pero tampoco había una gran mancha.

Ante estas evidencias, el juez Vega le impuso al único detenido la figura provisoria de partícipe principal en homicidio agravado por alevosía, ensañamiento y por ser la víctima miembro de una fuerza de seguridad. El miércoles, cuando citó al presunto taxi boy a declaración indagatoria por las pruebas que había reunido en su contra, el juez Vega le agregó el inciso séptimo, que es para alguien que mata y procura la impunidad al esconder los elementos que lo vinculan.