Las guerras civiles en Argentina no solo fueron enfrentamientos violentos que determinaron el destino del país, sino que también revelaron las tensiones de poder de género que permeaban la sociedad de la época. Entre los eventos bélicos más significativos se encuentran la Batalla de Angaco, La Chacarilla y Rodeo del Medio, cada uno de los cuales ofrece una oportunidad para analizar el papel de las mujeres en un contexto bélico, predominantemente masculino, donde sus voces y experiencias han sido tradicionalmente marginadas.
Sin embargo, como excepción el historiador Daniel Illanes (2015) sostiene que en la dinámica familiar de los Benavides “la parte femenina- Telesfora y su cuñada Jacinta- manejaban la confección y provisión de vestuario para la tropa, organizando ellas mismas la confección con servidumbre a su servicio” (p. 194). Las guerras civiles formaban parte de la cotidianidad urbana sanjuanina y de las esferas políticas, de manera diferencial y transversal a las estructuras sociales y genéricas. Las mujeres no estaban excluidas de la guerra, formaban parte sustancial de la misma. Los circuitos económicos articulados con provisión logística y el sustento material del conflicto les conferían roles específicos para la reproducción de ese orden social. En este caso en particular, se puede observar la diferenciación de los papeles atribuidos a las mujeres en la confección domestica de los uniformes de campaña como asimismo la jerarquización femenina en dicha actividad, entre las jefas de hogar y la servidumbre existente, mas allá de la vigencia de la libertad de vientres desde 1813.
El 16 de agosto de 1841, estalló la Batalla de Angaco, el combate más sangriento entre unitarios y federales. Las tropas liberales del general Acha se enfrentaron a las fuerzas confederadas de Nazario Benavides, gobernador de San Juan. A pesar de que Acha había tomado el control de San Juan y se preparaba para la batalla desde el 13 de agosto, este conflicto no solo se trataba de la lucha por el poder político, sino también de la lucha por el reconocimiento y la voz de aquellos que históricamente han sido marginados, incluidas las mujeres.
A las 9 de la mañana, Acha ordenó el asalto más allá del río San Juan. La contienda, aunque breve, fue devastadora, dejando un campo cubierto de cadáveres. Esta violencia no solo afectó a los hombres en el campo de batalla, sino que también tuvo un impacto profundo en las mujeres y los niños que quedaron atrás, quienes enfrentaron la desolación y la pérdida en un contexto en el que sus experiencias fueron sistemáticamente ignoradas. Las mujeres no solo eran espectadoras del conflicto, sino que su sufrimiento y resiliencia merecen ser reconocidos como parte integral de la narrativa histórica. En este sentido, es crucial entender que las guerras no solo son luchas por el territorio o el poder, sino también por la supervivencia y la dignidad de las comunidades, donde las mujeres juegan un papel fundamental.
La figura de Telésfora, esposa de Benavides, se vuelve crucial en este contexto. Fue un símbolo de la resistencia femenina en tiempos de guerra, una mujer que, mientras su esposo se enfrentaba a un enemigo, mantenía la estructura familiar y el hogar, funciones que, aunque invisibilizadas, son fundamentales en la reconstrucción social después del conflicto. Su papel refleja cómo las mujeres, a menudo relegadas a espacios privados, son esenciales en la gestión de crisis, desafiando la narrativa de que solo los hombres son actores políticos. La historia de Telésfora nos invita a reconsiderar la noción de lo que significa ser una "heroína" en tiempos de guerra, ampliando nuestra comprensión de la resistencia más allá de los campos de batalla.
Después de su triunfo en Angaco, Acha se estableció en La Chacarilla, en Trinidad a dos kilómetros al sur de San Juan, para reabastecer a su ejército. Sin embargo, esta calma fue temporal. Benavides, decidido a recuperar el terreno perdido, lanzó un ataque sorpresa el 18 de agosto durante la noche, aprovechando el viento zonda y la embriaguez del ejército vencedor, lo que ocultó su avance. Los unitarios no tuvieron tiempo para prepararse. Acha, con su ejército disminuido, huyó a esconderse en el campanil de la catedral hasta que se vio forzado a rendirse ante Benavides. Vencido y en un gesto de dignidad, Benavides le permitió alojarse en su propia casa y ser atendido por su familia, a cargo de la ama de casa Telésfora. Pronto, los refuerzos unitarios llegarían bajo el mando de Lamadrid. Al enterarse, Benavides reagrupó sus tropas junto a las mendocinas más allá de Guanacache. el ataque sorpresa de Benavides a Acha en La Chacarilla, así como la figura de Telésfora en este contexto, ofrece una rica oportunidad para reflexionar sobre las dinámicas de poder, género y resistencia en tiempos de conflicto. Este episodio no solo ilustra las estrategias militares y las decisiones tácticas de los líderes, sino que también revela cómo las mujeres, a menudo relegadas a un segundo plano en la narrativa histórica, desempeñan roles cruciales en la gestión de crisis y en la preservación de la humanidad en medio de la guerra.
La huida de Acha al campanil de la catedral, un símbolo de refugio y protección, también es significativa. Este acto de esconderse no solo representa una derrota militar, sino que también puede interpretarse como una metáfora de la fragilidad del poder masculino en tiempos de crisis. Acha, a pesar de su posición de liderazgo, se ve obligado a buscar refugio, lo que contrasta con la imagen tradicional del líder militar invulnerable. Este giro en la narrativa permite cuestionar las nociones de masculinidad y poder, sugiriendo que incluso los hombres más poderosos pueden ser vulnerables en situaciones extremas.
Telésfora, en sufigura de ama de casa y cuidadora, se vuelve crucial en este contexto. Su papel trasciende la simple administración del hogar; ella es una figura de resistencia y apoyo en un momento de crisis. Mientras Acha se rinde y es atendido por su familia, Telésfora se convierte en el pilar emocional y logístico que sostiene a su familia y, por extensión, a la comunidad. Este aspecto de su rol es fundamental para entender cómo las mujeres, a menudo invisibilizadas en la narrativa histórica, son esenciales en la gestión de la vida cotidiana durante los conflictos. Su trabajo en el hogar no es solo un acto de cuidado, sino también un acto de resistencia que desafía las normas de género que relegan a las mujeres a un papel pasivo.
Cuando Lamadrid llegó el 24 de agosto de 1841 y tomó a la familia de Benavides como rehenes, se puso de manifiesto el uso de las mujeres como herramientas en las negociaciones políticas. “Allí estaba la familia de Benavides, la tomó prisionera, en rehén, en contraste con la conducta que el jefe federal; exigió de doña Telésfora que le escribiera a su esposo para que aceptase el canje de Acha” (Arias y Peñaloza, 1966, p. 239). Este episodio subraya cómo las mujeres son instrumentalizadas en conflictos, un fenómeno que persiste en la historia y que requiere una crítica profunda. La utilización de Telésfora en este contexto no solo revela la precariedad de su situación, sino que también pone de manifiesto la necesidad de reconocer a las mujeres como sujetos activos en la historia. Quien se hizo caego del cuidado y las atenciones del enemigo de guerra vencido, ahora se convertía con su familia en moneda de cambio de los mismos liberales y unitarios que su propio marido había derrotado horas atrás-
La historia entre Acha y Benavides no concluyó en La Chacarilla. La Batalla de Rodeo del Medio, librada el 24 de septiembre, representa otro episodio en este conflicto. A pesar de los esfuerzos de Lamadrid, las fuerzas federales lograron una victoria decisiva, lo que significó un duro golpe para los unitarios. El poder legislativo provincial otorgó honores a Benavides, incluyendo un cuadro para adornar oficinas públicas y “el otro, al regalo de la familia” (Libro de Actas de la Legislatura, libro 3, 1839-1845, pp. 43). Sin embargo, es imperativo cuestionar: ¿quién era el protagonista de las pinturas? Como era de esperarse, el gobernador. Esto pone de relieve la continua marginalización de las mujeres en la historia, donde sus contribuciones son eclipsadas por las figuras masculinas. La representación de los hombres en el arte y la política no solo perpetúa un legado patriarcal, sino que también silencia las voces de las mujeres que, como Telésfora, desempeñaron roles cruciales en la historia. Con todo, cabe subrayar que a nivel social el reconocimiento a la familia de Benavidez, aunque escueto, remarca un indicio significativo del poder político al papel desempeñado durante la guerra por quien se hizo cargo del mantenimiento del enemigo capturado y en su cuerpo encarnó las revanchas y las exigencias de le guerra civil.
Es fundamental identificar que las mujeres como Telésfora no solo fueron víctimas de la guerra, sino que también desempeñaron roles activos en la resistencia y la reconstrucción social. Su invisibilización en la narrativa histórica resulta un reflejo de cómo el patriarcado ha moldeado nuestra comprensión del pasado. La figura de Telésfora también nos invita a reflexionar sobre el concepto de "espacio privado" y "espacio público". Históricamente, las mujeres han sido relegadas al ámbito privado, donde su trabajo y sus contribuciones son a menudo desestimados. Sin embargo, en tiempos de guerra, este espacio privado se convierte en un campo de batalla emocional y social, donde las mujeres deben gestionar no solo la supervivencia de sus familias. Telesfora, al mantener el hogar y la familia, se convierte en una figura central en la resistencia cultural, desafiando la noción de que la política y la guerra son dominios exclusivamente masculinos.
Bibliografía
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