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Columna

Sarmiento y las voces femeninas impostadas para el diario El Zonda

Cartas firmadas por mujeres que escribían varones, consejos en lugar de debate y discursos que nunca llegaron a imprimirse. ¿Quién hablaba cuando el diario El Zonda publicaba cartas de mujeres? La investigación histórica revisa el caso de "Josefa Puntiaguda" y el modo en que se moldeó la identidad femenina en la prensa sanjuanina. Leé la columna del Dr. en Historia Hernán Videla para Tiempo de San Juan.

Por Hernán Videla

Después de las luchas emancipatorias, la primera prensa escrita local, instrumento clave en la formación de la opinión pública sanjuanina, estaba predominantemente dirigida a un público masculino. Allí, las publicaciones dirigidas a mujeres eran escasas y a menudo limitadas en su alcance. En este contexto, El Zonda se presenta como un fenómeno singular que, aunque intentó abrir un espacio para las voces femeninas, lo hizo de manera limitada y controlada. La prensa, de acuerdo a la reciente investigación de la historiadora Inés Rueda Barboza (2024), en su función de "tecnología de género", no solo actuaba como un medio de comunicación, sino que también desempeñaba un papel crucial en la construcción de la identidad femenina.

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¿El Zonda como entramado femenino en la prensa local?

Fundado por un grupo de intelectuales de la "Generación del 37", un movimiento romántico y elitista que buscaba transformar la cultura y la política argentinas, El Zonda se destacó por ser el primer periódico en San Juan que consideró a las mujeres como parte de su público lector. Este grupo, que incluía a figuras como Domingo Faustino Sarmiento, no solo aportó su visión liberal sobre la educación y el progreso, sino que también influyó en la manera en que se trataban los temas relacionados con las mujeres. Sarmiento suele ser reconocido por su enfoque progresista en la educación, defendiendo la necesidad de una educación laica y obligatoria que incluyera a las mujeres. Sin embargo, su visión también estaba impregnada de una perspectiva patriarcal que limitaba la autonomía femenina.

A pesar de sus esfuerzos por promover la educación de las mujeres, no se trataba de una publicación ni una perspectiva feminista. Sarmiento creía que el papel de la mujer debía estar subordinado al de los hombres, lo que se reflejaba en la manera en que se abordaban las voces femeninas en El Zonda. Aunque el periódico se destacó por ser pionero en considerar a las mujeres como parte de su audiencia, la inclusión de las voces femeninas fue, en gran medida, superficial. De hecho, Dora Barrancos (2008) sostiene que para principios del siglo XX “no habían faltado publicaciones destinadas a las mujeres, y basta recordar la precursora, la Aljaba (…) en 1830, bien como la revista editada por Juana Manso, pero si estaban escritas por mujeres y destinadas también a éstas resulta inadecuado, caracterizarlas como feministas” (p. 70).

Para esta misma época las publicaciones periódicas, aunque innovadoras por el carácter de sus destinatarias se caracterizaban por un enfoque sumamente conservador. La revista La Argentina, de forma análoga al periódico cuyano, escondía la voz de su editor Luis Telma Pintos, bajo un seudónimo tácito o explícitamente identificado como femenino. El dispositivo de El Zonda, unos años después, tendría poco de original tanto por el emisor, como por el mensaje y el receptor. Según comenta Graciela Batticuore (2017) “La Argentina se pronuncia abiertamente contra la mujer facciosa, la mujer de partido. Y aboga, como lo harían también La Aljaba y cualquier otro semanario del momento interesado en lectoras, por un protagonismo femenino circunscripto al ámbito de la domesticidad, la familia” (p. 48).

Inés Rueda Barboza (2025) sostiene que, aunque se les dedicaron ciertos espacios en el periódico, las mujeres eran mayormente retratadas como receptoras de consejos y lecciones, en lugar de ser presentadas como participantes activas en el debate público. Esta contradicción revela que, mientras el periódico intentaba abrir un espacio para las mujeres, en la práctica, su voz fue silenciada y limitada.

La autoría impostada o los escritores travestidos de El Zonda

Rueda Barboza (2024) destaca la estrategia de la autoría impostada en el diario, que consistía en crear voces femeninas ficticias que se expresaban a través de cartas enviadas al periódico, pero que en realidad eran escritas por los mismos redactores, Sarmiento y sus colegas liberales, todos varones.

A través de este recurso, los editores pretendían demostrar que el periódico era leído por mujeres y que estas estaban interesadas en los temas que se abordaban. Un ejemplo notable de esta técnica se encuentra en la carta de "Josefa Puntiaguda", una lectora ficticia que formula preguntas sobre conceptos que no comprende, como el significado de la palabra "siglo". La forma en que se presenta a Josefa refleja la falta de instrucción y el analfabetismo que afectaba a muchas mujeres de la época.

A través de su testimonio, se pone de manifiesto la limitada capacidad de las mujeres para participar en el discurso público, así como la percepción de que su voz carecía de autoridad. La carta de Josefa no solo ilustra la falta de educación formal, sino que también revela las tensiones entre el deseo de inclusión y la realidad de la exclusión (Barrancos, 2001). Aunque su voz aparece en el periódico, es una voz construida por los hombres, lo que limita su autenticidad y autonomía.

Esta dinámica se repite a lo largo del artículo, donde se destaca cómo las mujeres eran incluidas en la narrativa de El Zonda, pero siempre bajo condiciones que desdibujaban su capacidad de ser protagonistas de su propia historia. En efecto, “una cuestión interesante es que en las dos oportunidades en que fueron invocadas las voces femeninas en El Zonda, lo hicieron para dar cuenta de la ignorancia o falta de instrucción que había entre las mujeres –este el caso de Josefa Puntiaguda- o para plantear una inquietud o pedir un consejo –es el caso de las dos lectoras-. Las mujeres nunca polemizan con el redactor, como si lo hacen otros lectores varones” (Rueda Barboza, 2024, p. 16).

Las voces femeninas: silencio que aturde

La participación femenina en El Zonda se limitaba a hacer preguntas o pedir consejos, mientras que los hombres podían polemizar, criticar y debatir abiertamente. Esta disparidad en la representación y en la capacidad de participar en el discurso público refleja las profundas desigualdades de género que existían en la sociedad de la época. Un caso emblemático que ilustra esta dinámica es el de Doña Tránsito de Oro, la rectora del Colegio de Pensionistas. Durante la inauguración de esta institución, su discurso no fue reproducido en el periódico, a pesar de su relevancia en el contexto educativo. Este silencio sobre las voces de las mujeres, sostiene Rueda Barboza (2024), incluso en situaciones donde deberían haber tenido un papel destacado, es una clara indicación de cómo la prensa de la época perpetuaba la exclusión de las mujeres del espacio público.

La historiadora local argumenta que esta exclusión no solo se debe a la falta de interés por parte de los editores, sino que también refleja una concepción más amplia de la sociedad sobre el papel de las mujeres. En esa sociedad sanjuanina que valoraba la modestia y el pudor como virtudes femeninas, aquellas que se atrevían a alzar la voz eran a menudo descalificadas. La prensa, por lo tanto, no solo informaba, sino que también contribuía a la construcción de roles de género que relegaban a las mujeres a un segundo plano. Este fenómeno no es exclusivo de El Zonda, sino que se observa en muchas publicaciones de la época, donde las voces femeninas eran sistemáticamente silenciadas o distorsionadas.

En El Zonda, Sarmiento utilizó su influencia para promover la educación de las mujeres, argumentando que una sociedad educada debía incluir a las mujeres. Sin embargo, su enfoque era paternalista; veía a las mujeres como necesitadas de guía y educación, y no como iguales que podrían contribuir activamente al discurso público. Este conflicto entre su deseo de ver a las mujeres educadas y su visión tradicional del rol femenino se refleja en los textos de El Zonda, donde, aunque se les daba un espacio, la verdadera participación activa de las mujeres seguía siendo limitada.

A través de su participación en El Zonda, Sarmiento buscó establecer un modelo de mujer educada que, sin embargo, se ajustaba a su visión conservadora de la familia y la sociedad. Esto se tradujo en un enfoque que priorizaba la moralidad y la educación sobre la autonomía y el empoderamiento de las mujeres. Así, aunque Sarmiento contribuyó a abrir un espacio para el debate sobre la educación femenina, su visión seguía marcada por las limitaciones de su tiempo.

La prensa como "Tecnología de Género"

El artículo de Rueda Barboza (2024) también aborda cómo la prensa escrita funcionaba como una "tecnología de género", un dispositivo que no solo informaba, sino que también contribuía a la construcción de identidades y roles de género en la sociedad. En este sentido, El Zonda no solo reflejaba las dinámicas sociales existentes, sino que también las reforzaba al presentar a las mujeres en roles subordinados y al limitar su capacidad para participar en el debate público. La autora argumenta que la inclusión de voces femeninas en el periódico fue más una estrategia para dar la apariencia de apertura que un verdadero esfuerzo por permitir la participación activa de las mujeres en la discusión de temas relevantes.

El ejercicio patriarcal de inclusión-exclusión de las mujeres en la opinión pública se centra en cómo las voces femeninas son sistemáticamente marginadas o silenciadas en espacios de poder. Este enfoque analiza las dinámicas sociales, culturales y políticas que perpetúan la desigualdad de género. La inclusión implica reconocer y valorar las experiencias y opiniones de las mujeres, mientras que la exclusión refleja la resistencia a su participación plena. Esta práctica performática y ambivalente es lo que entiende Barrancos (2001) cuando apunta que el patriarcado puede simular un “reconocimiento mientras se asegura que las mujeres no dispongan de sus derechos, como se muestra con pompa- y, a veces, con alaraca- algunos desempeños, mientras se oscurecen otros, como parece que se las considera cuando menos se las dignifica” (p.10)

La prensa, en su función de tecnología de género, no solo actuaba como un medio de comunicación, sino que también desempeñaba un papel crucial en la construcción de la identidad femenina. Al presentar a las mujeres en roles pasivos y subordinados, El Zonda contribuía a perpetuar estereotipos que limitaban la percepción de las mujeres como agentes de cambio. Esta dinámica se observa en la manera en que se abordaban los temas relacionados con la educación y la moralidad, donde las mujeres eran vistas principalmente como receptores de información y no como participantes activas en la construcción de su propio destino.

El Zonda sexualizado: constructor de una identidad de género

La forma en que El Zonda trató las voces femeninas también refleja un proceso más amplio de construcción de la identidad femenina en el contexto de la Argentina del siglo XIX. La prensa no solo informaba, sino que también desempeñaba un papel crucial en la formación de la percepción pública sobre lo que significaba ser mujer en esa época. Al presentar a las mujeres como figuras pasivas, receptivas a consejos y lecciones, El Zonda contribuyó a perpetuar estereotipos que limitaban la percepción de las sanjuaninas como agentes de cambio.

Este proceso de construcción de la identidad femenina se ve exacerbado por la falta de representación auténtica en la prensa. Las mujeres eran a menudo retratadas en roles que reforzaban la idea de que su lugar estaba en el hogar, dedicadas a la crianza y al cuidado de la familia, en lugar de ser vistas como participantes activas en la vida pública y política.

Bibliografía

Barrancos, D. (2001). Inclusión/exlusión, historia con mujeres. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Barrancos, D. (2008). Mujeres, entre la casa y la plaza. Buenos Aires: Sudamericana

Batticuore, G. (2017). Lectoras del siglo XIX, imaginarios y practicas en la Argentina. Buenos Aires: Ampersand.

Rueda Barboza, M. I. (2024). Autorías impostadas y protagonismos silenciados. Un análisis sobre la emergencia de las voces femeninas en El Zonda (San Juan, 1839). Revista de Historia Americana y Argentina, 59(1), 1-18. Barrancos, D. (). Inclusión/exclusión, historia con mujeres. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

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