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OPINIÓN

La onda expansiva en San Juan de cada alternativa del kirchnerismo nacional

Puede romper, acompañar a otro en una remake de la Gran Alberto, ir con Cristina o con Wado, resignarse a ser oposición. Cada una de esas opciones tendrá un espejo en la provincia.

21 de mayo de 2022 - 09:51

Por Sebastián Saharrea

Tendrá 20 puntos a nivel nacional, alguno más según sus fanáticos o bastante menos según sus detractores. Tendrá un caudal claramente menor en San Juan, seguramente, donde no es tan potente como en los distritos fuertes como Buenos Aires. Lo que cualquier analista o consultor jamás debería dejar fuera de debate es que tendrá un flujo apreciable, si no para ganar, para definir el dibujo político del país en las próximas elecciones. Con influencia en todos lados, lógicamente incluida San Juan.

Con mucho o con poco -se verá al momento de la verdad- el kirchnerismo puro mantiene una posición gravitante dentro de la alianza gobernante y una considerable capacidad de debate público puertas para afuera. Es, junto al macrismo también más duro, una de las dos opciones preferidas por los argentinos hoy. Minga de avenida del medio.

A un año vista de la clasificación de candidatos a nivel nacional, conserva una centralidad frontal: por la vía del amor o la del odio. Fija un techo claro, al que le resultará imposible atravesar. También un piso, en especial para todo aquel que pretenda acceder por la vía de una alternativa popular.

Seguirán pasando cosas en ese tiempo. El crecimiento de Milei y su aspiradora de votos por derecha, a caballo de la sintonía con consignas “de la gente”. El peligro inminente de fractura en la oposición de Juntos por el Cambio. Y, especialmente, el esmerilado continuo del kirchnerismo al presidente Alberto. Con otros actores que no son protagónicos pero también juegan: los gobernadores, el filoperonismo (Schiaretti, Urtubey), los movimientos sociales, los sindicatos.

Justo en este punto es donde más se orejea la baraja: ¿qué habrá Cristina? Y ante semejante abanico, la cuestión será si San Juan podrá permanecer inmune al bombardeo y las consecuencias de esas decisiones en el plano nacional. Hay quienes dicen que sí, la historia local se empeña en desmentirlos.

Pongamos de ejemplo qué pasaría si Cristina decide romper el oficialismo y refugiarse en su anterior creación, Unidad Ciudadana. Con una fórmula propia resignada a perder, pero conservando banderas, y en la búsqueda de traducir su respaldo popular en bancas para ejercer desde allí una oposición firme a quien suceda a Alberto.

No es una posibilidad lejana ni improbable, luego se verá si con Wado de Pedro al frente o con ella misma. Mucho menos, al considerar el tenor de los choques y la condición de imprevisible de la vice. Que conserva centralidad política a juzgar por las virtuales cadenas nacionales que se arman cada vez que habla; y capacidad de sorpresa, a juzgar por su última finta con la designación de Alberto a “encabezar la fórmula que voy a acompañar”.

En 2017, enojada con el PJ Cristina armó su propio partido. Perdió con Esteban Bullrich, entonces del oficialismo macrista, por 4 puntos de diferencia (41 a 37). El “peronismo” quedó en manos de Randazzo (¿posible ministro de Alberto?), que obtuvo un magro 5%. Moralejas: primera, que dividido el peronismo pierde (a veces, juntos también, como el último turno en Bs As); y segunda, que entre las partes, la de CFK es la más importante. Como parece seguir siéndolo.

Si volviera a ocurrir lo de hace 5 años, que no es ciencia ficción, habrá que analizar el impacto sobre la provincia. Los que promueven un ejercicio de autonomía provincial sobre esas atmósferas nacionales pueden entusiasmarse con ese mismo 2017 en la provincia. Pese a la separación nacional, en San Juan hubo unidad: Allende (junto a la giojista Daniela Castro) derrotó a Cáceres por más de 20 puntos, igual que Rubén Uñac a Roberto Basualdo.

Pero hay una diferencia crucial entre aquella vez y ésta. Y es que en aquella ocasión las elecciones eran por distrito, y CFK operó solamente para Buenos Aires. Ahora es nacional, se elige presidente de la Nación, y encima el espacio peronista afronta las dificultades de la gestión nacional. Tanto más incómodo a nivel político que ser oposición a un Macri que ya mostraba su estilo.

El otro eje que puede hacer confiar a los concejeros políticos locales en neutralizar las (malas) influencias nacionales es la capacidad de negociación local entre las variantes internas. Puede verse a la distancia que, más allá de los balazos públicos, en el giojismo acecha un más lógico acercamiento. Y el giojismo funciona como posible pata provincial del kirchnerismo.

Pero esos movimientos en las mesas de arena se chocan con algunas dificultades para darle validez. La más importante es que los acuerdos de cúpulas nunca se traducen al 100%: es decir que, aunque exista unidad de dirigentes, si hay sectores del pensamiento popular que no se encuentran contenidos, es muy difícil contar con su voto a favor. Ha pasado (en el último turno) y seguirá pasando.

También habría que ver, en esa hipótesis, de qué intensidad es la eventual voluntad rupturista de Cristina. Si lo que pasa a interesarle es conservar Buenos Aires con un discurso bien popular, conformar una opción dura al próximo presidente y desde allí reimpulsarse, podrá evaluar en todos los distritos un armado propio. En San Juan puede ser Gioja, también puede ser otro. En el peor de los casos, diez puntitos en San Juan que pueden tirar como una yunta de bueyes.

Ahí entra en juego también el sistema electoral. Donde claramente, el que ofrece mayor posibilidad de capturar la mayor cantidad de voluntades dispersas en el oficialismo –si es que todos acuerdan ir por el mismo embudo- es una ley de lemas. Claro que para que eso ocurra deberá revertirse el fallo de primera instancia de restituyó las Paso. O un plan C, también en marcha.

Volviendo a Cristina, entre ella o Wado también hay diferencias por su impacto en provincias como San Juan. Ambas serían rupturas, operan las generales ya comentadas. Con Wado, de más baja intensidad y menor entusiasmo para enrolarse en los distritos, con Cristina un aluvión más militante que obligará a reposicionamientos. Los más tardíos, como siempre, con mayor dificultad.

¿Y si decide el kirchnerismo reincidir con la receta que ensayó hace justo tres años? Aquella mañana de un sábado sorprendió Cristina anunciando la fórmula encabezada con Alberto, cuyos resultados habrá tenido tiempo de sopesar: triunfo electoral, diferencias gruesas de enfoque.

De hacerlo, estaría buscando repetir el efecto pero con otro sponsoreo. Señalar a alguien capaz de recoger el apoyo kirchnerista en su persona o alguno de los suyos (¿Máximo?, ¿Axel?) sumando a algún postulante ganador para extender fronteras e intentar el triunfo. ¿Quién sería? No hay muchos, el que más movimientos muestra a ese lado y podría funcionar en un tándem parecido al de Alberto-CFK es Sergio Massa.

De buena relación con Máximo y con la propia CFK, el tigrense pavimenta su camino en silencio. Conocedor que en esta carrera todo parece definirse en la última curva, parece más ocupado en no ser detectado en los radares. Si saltara a una fórmula con patrocinio kirchnerista, sería para ganar, no para perder.

El sólo hecho de hacerlo también produciría reposicionamientos en San Juan: en principio, nada evitará que levanten la mano los massistas sanjuaninos, Franco Aranda a la cabeza. Luego, la lectura del contexto: si enfrentan a Alberto por la reelección, a una fórmula albertista sin Alberto, a una fórmula de Alberto con los gobernadores, o si el propio Uñac confronta a nivel nacional con los K.

Demasiadas variantes como para tener certezas. Aunque sí hay algo seguro: si el presidente asesta un garrotazo en los dientes a la inflación, todo esto se convierte en literatura vieja.

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