Emilia Jacinta
Quinteros, de 86 años y con problemas físicos para caminar, fue cruelmente
asesinada: la sofocaron y la estrangularon. Así lo determinó el médico forense
Alejandro Yesurón en su testimonio en la Sala Primera de la Cámara Penal, donde
se está juzgando a Ángel Alberto Bustos por el delito de homicidio agravado.
Eso significa que la
mujer se quedó sin aire porque le rompieron las vías respiratorias apretándole
el cuello. Cabe recordar que el 5 de abril de 2015 el cadáver de la anciana fue
hallado calcinado a metros de su precaria vivienda en Caucete, donde le habían
prendido fuego al cuerpo con la supuesta intención de borrar evidencias.
El testimonio del
forense Yesurón coincide con lo que el mendocino Bustos confesó en la primera
instancia, cuando confesó el crimen.
Ahora el defensor
oficial Marcelo Salinas, a cargo de la defensa de Bustos, intentará demostrar
al tribunal las dudas que hay sobre el accionar de Bustos en el crimen, debido
a que no hay un solo testigo que haya dicho haberlo visto atacando a la
anciana, como tampoco nunca nadie supo de algún problema entre ambos.
Bustos dijo que él había
estado bebiendo alcohol, que llegó a la casa que le prestaba la anciana para
que viviera con su pareja; que fue a la habitación de la mujer; que la mató y
arrastró el cadáver y que luego le prendió fuego.
Pero como es su versión,
le cabe la duda: legalmente un acusado tiene derecho hasta de mentir para
defenderse.
Conocedor de ese tipo de
estratégicas, el fiscal de cámara Gustavo Manini se encargó durante el juicio
de despegar dudas acerca de que no había ninguna otra persona que tuviera
enemistad con la mujer asesinada. Y que el día del crimen no había otras
personas que pudieran transformarse en sospechosas.
Presidido por la jueza
Silvia Peña de Ruiz, junto a Juan Carlos Caballero Vidal (h.) y Raúl Iglesia,
el tribunal de la Sala Primera escuchó este martes el relato de tres testigos
claves: una sobrina de la víctima, su esposo y su padre, quienes salieron a
buscar a la mujer y la hallaron calcinada.
Lorena Balmaceda, sobrina
de la víctima, quien además se hacía cargo de la anciana, contó que "no había
ningún problema entre la víctima y Bustos. Llegamos con mi esposo buscándola.
Ellos (Bustos y su
pareja) estaban muy tranquilos. Mientras estábamos en la casa el señor Bustos
estaba tranquilo, pero cuando nos apartábamos él nos seguía; iba atrás
haciéndose el que miraba. En todo momento Bustos estaba presente”.
Balmaceda recordó lo que
vio cuando entró a la habitación de su tía: "Cuando entre en la pieza había una
almohada tirada y una bolsa de arpillera en el cabezal de la cama”. Se supone
que fueron las herramientas que usó el asesino para matar a la mujer y
arrastrarla al descampado donde la prendió fuego.
Fernando Guevara, marido
de Lorena Balmaceda, fue quien halló el cadáver: "Yo la encuentro, entre los yuyos
estaba la fogata en la que habían quemado el cuerpo. Bustos nos ayudó a
buscarla. Bustos se ofreció a buscarla en una pileta. En un cañaveral, donde
encontraron una linterna, Bustos se acercó y nos dijo que no creía que
estuviera por ahí”.