La soledad es su compañera de vida. Cuando Pedro llegó al mundo, hace 74 años, su madre murió en el parto. Uno de sus abuelos se ocupó de la crianza. En aquel tiempo ya mostraba su carácter solitario: a los 15 años partió de San Pedro de Colalao para recorrer el norte argentino.
Pasó por Metán, después se instaló en Aguaray, más tarde en Campo Durán, también en Pocitos y, al final, cruzó la frontera hasta llegar a Tarija, en el sur de Bolivia, donde vivió más de una década. Después de haber cumplido 30 años regresó un día a su terruño y eligió vivir en la cueva, de donde no piensa salir. "A mi me gusta la cacería. Aquí estoy tranquilo, además el ser humano es peor que los bichos", dijo Pedro en diálogo con el diario La Gaceta.