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Historias: pedaleó y unió Argentina con México

Matías Chacón, puntano de 27 años, cumplió un anhelo que tenía de chico y realizó una tremenda proeza. Le llevó 81 días enlazar Buenos Aires con Mérida, pasó por 10 países y recorrió 9.300 kilómetros.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Pedaleó por un sueño... Matías Chacón tiene 27 años, es puntano pero vive en Buenos Aires. Y es dueño de una hazaña extraordinaria. Unió Argentina con México ¡en bicicleta! Una travesía que abarcó 81 días, 9.300 kilómetros y 10 países, empezando por Argentina, siguiendo por Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Belice y finalizando en México.

La cotidianeidad lo abrumó y decidió darle un vuelco a su vida, lo que significó un total acto de superación y ejemplo.

Matías, ex nadador de aguas abiertas, con un físico desarrollado y una resistencia especial, se animó a la aventura. Lo hizo para disfrutarlo, conocer otras culturas y hacer una especie de introspección.

En el medio del magnífico periplo (cuando la señal lo permitía) dialogó con "Crónica"  y le contó vivencias del viaje que arrancó el 2 de abril en Buenos Aires y finalizó el 21 de junio en Mérida: "Todo comenzó como una travesura de chico. Decía que cuando fuera grande me iría a México en bicicleta. Los años pasaron y al sueño me lo tapó el día a día. La rutina me fue ganando y un día me explotó la cabeza; empecé a ver mi vida llena de cosas pero vacío por dentro. Entonces le di otro rumbo, me alejé de todo por un tiempo y me deshice de todo, tratando de lograr un equilibrio. Así, este sueño volvió a mi cabeza y pensé que era el momento”, narra sobre el inicio de la gesta.

Las anécdotas de Matías se multiplican. Tuvo que cambiar rutas y decisiones sobre la marcha, vivió momentos peligrosos como caídas (en la Ruta 34 en Argentina), intentos de robo (en la frontera entre Perú y Ecuador) o intensas lluvias en caminos montañosos, pero se sobrepuso a todo. Incluso a un hecho que hiela la sangre: "En Panamá asesinaron a una persona que conocí y me tuve que ir rápido. La Policía me recomendó que no ande por Centroamérica porque había una pandilla peligrosa. Yo pensaba recorrer más, pero tuve que hacer una parte en micro y no pude ir a Honduras, que era uno de mis destinos. Así recorrí más México. Quería terminar en Cancún pero finalicé en Mérida, donde me tomé un avión para volver a Buenos Aires”, cuenta este joven que se pidió unos meses en su trabajo en una empresa de tecnología para realizar el hito.

En un momento, Matías vivió la gran Forrest Gump pero en bicicleta: había gente que se sumaba a acompañarlo en el trayecto. "Encontré varios cicloviajeros, me hice amigo de unos canadienses en Costa Rica, hubo gente que se unió a mi camino, me sorprendieron sus historias”, cuenta.

"Si me pongo en el lugar de otro pensaría que estoy mal, pero lo viví con naturalidad”, comenta como si hubiera ido de la casa al trabajo. Y deja una reflexión: "Cualquiera puede hacer esto, nada más hay que animarse y acostumbrarse a vivir con pocas cosas, es difícil transmitirlo porque hay que vivirlo”, cierra Matías, que realizó una proeza. Pero lo más importante fue que lo intentó. ¡Un héroe!

Impresiones

Las distancias: "Siempre pensé que no iba a soportar más de 100 kilómetros, pero eso solamente lo pedaleé el primer día. Después promedié los 130, incluso muchos días superé los 200. Honestamente me sorprendí”.

El afecto de las personas: "La mayor calidez de la gente está en Perú, sin dudas. Son las personas más amables con las que traté. Y como país es impresionante”.

Los mayores desafíos: "Lo que más me costó fue subir los 4.000 metros de Jujuy, el Desierto de Atacama, parte de la carretera sur de Perú, Quito por su altura y los caminos en medio de la selva para llegar a Bogotá”.

La ciudad más impactante: "Quito fue increíble, la más maravillosa. Haber estado en Ecuador fue fuerte porque ahí crucé de un hemisferio a otro en bici, eso fue loco”.

La solidaridad de la gente: "El camino me enseñó que el 99% de la gente es muy amable y cordial, pero hay que cuidarse del 1% restante. Los que conocían mi historia me acercaban comida y agua”.

Hubo que dominar la cabeza: "Mi mente se quiso rendir muchas veces, pero continué. A veces caminaba un poco con la bici porque el cansancio me superaba, otras gritaba al aire por tanta soledad o porque me quedaba sin agua, fue difícil”.

La importancia de la alimentación"Paré para comer cada dos horas. Me llevé arroz, fideos, polenta y vitina y compré huevos, café, bananas y queso, vitales para mantenerme fuerte para el pedaleo. La idea fue ser austero, no porque no pueda, sino porque mi cuerpo me pedía conectar con el alrededor”.(Fuente: Crónica)

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