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TIERRA DE PROMESAS

Argentina, primer destino para españoles en crisis

Desde 2007, el número de hispanos que tramitan la residencia en el país se triplicó. Consiguieron trabajo, aunque reconocen que les costó adaptarse y todavía extrañan. Historias de desarraigo y esperanza.

Por Redacción Tiempo de San Juan


POR DEBORAH MANIOWICZ        

El último trabajo que tuvo Sara Bailac en España fue como telemarketer en una empresa aseguradora. Tenía una licenciatura en ciencias políticas, un master en igualdad de género y otro en cooperación internacional y manejaba varios idiomas. Pero sólo la contrataron para atender el teléfono y mandar grúas a los conductores que se quedaban en la ruta. “Me trataban como la mierda. Al lado mío había gente que ni siquiera había terminado el secundario y yo me sentí infravalorada e impotente porque hice todo lo que me dijeron que había que hacer para triunfar o tener una vida digna y me cagaron por todos lados”. Bailac es catalana, inmigró a la Argentina hace nueve meses y como tantos compatriotas, está tramitando la residencia. Es una de las 17.449 personas que en 2012 hizo las valijas y con todos sus bártulos a cuestas dejó España por la Argentina.

El Estado de bienestar que supo caracterizar al país ibérico sólo sigue presente en los libros de historia, y desde el 2008 el gobierno español –que cuando estalló la crisis lideraba José Luis Zapatero y hoy conduce Mariano Rajoy– implementa un ajuste salvaje. Los “parados” representan el 27,16 por ciento de la población activa, mientras que en la Argentina la desocupación es del 7,2 por ciento. Y al desempleo se suma el aumento de la brecha entre ricos y pobres, la reducción del presupuesto en salud y educación y la inmensa cantidad de “indignados” que cada tanto colma las calles de España para reclamar condiciones de vida digna. Estos son apenas algunos de los clivajes que pusieron en jaque el statu quo económico y social que supo tener España.

La madre patria comparte con la zona euro la realidad de la población envejecida: cada vez la gente tiene menos hijos y eso se ve reflejado en los registros demográficos. Y a esa condición se suma la cada vez más contundente migración por causas económicas: sólo el año pasado 114.413 ciudadanos españoles fueron inscriptos en el Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero (PERE). Y la Argentina se ubica como el país más elegido por lejos, seguido por Brasil, Cuba, Francia y Estados Unidos.

Unos 1.500 españoles se instalan cada mes en la Argentina. Aunque los tiempos cambiaron y ya no vienen con la esperanza de “hacer la América” como ocurrió en el siglo XX con quienes cruzaban la frontera con la ilusión de “pegarla”, de hacer plata rápido. La mayoría viene a solucionar los problemas más urgentes: conseguir una vivienda digna, un empleo acorde a su nivel de instrucción que le permita llegar a fin de mes y poder darse un gusto cada tanto.

Bailac, de 27 años, vino con la esperanza de trabajar en lo suyo. “La única vía que encontré para obtener trabajo fue postularme a una beca. Me volví experta llenando formularios hasta que me salió una beca del gobierno catalán para trabajar en el centro de La Plata. Las becas son una forma precaria de contratar trabajadores porque te pagan poco, no cotizás en la seguridad social, no te podés enfermar ni te dan vacaciones o subsidio por desempleo”. De los argentinos, rescata que “están mucho más acostumbrados a ganarse la vida que nosotros. Allá la mentalidad es otra. Como no estamos habituados a tener debacles, esta crisis nos paralizó, nos quedamos sin margen de reacción. Yo tengo claro que estoy acá porque no me puedo valer en mi país y eso me provoca tristeza”.

La Argentina es conocida como “la quinta provincia gallega”, dado que acoge la mayor comunidad de gallegos fuera de la península. Según el censo del Instituto Nacional de Estadística de España (INE), casi 358 mil españoles residen en la Argentina. Y el acento cada vez se escucha en más ámbitos. En los últimos años, programas de radio como Perros de la calle, con Sofía Calamita, o noticieros de televisión como el de C5N, donde el pronóstico del tiempo lo anuncia un español, incorporaron ibéricos a su staff. Tal es el caso de Sheila González –actriz, conductora y DJ–, que se hizo conocida en televisión por ser la “gallega” en el programa Un Mundo Perfecto, conducido por Roberto Pettinato. González, de 42 años, llegó al país en el 2010 con un recorrido ya hecho en la pantalla chica: “Cuando llegué me puse a tocar puertas, empecé de cero y el cambio fue grande. Primero me fui a vivir a Mendoza por amor, pero como allá había muy poco trabajo de lo mío, me vine a Buenos Aires. Empecé como conductora, panelista y notera y después surgió la posibilidad de trabajar con Roberto Pettinato. Con el tiempo me empecé a divertir más en la Argentina que en España y pensé: ¿para qué volver si acá la estoy pasando bomba?”.

Hoy González está grabando el unitario Celebraciones, y tiene un rol estable en la novela de Telefé Vecinos en Guerra: “Mucha gente de España me pregunta cómo está Argentina, con la idea de venir, y yo les contesto: pues mira, trabajo hay. Pero es un país complicado y tienes que pagar tu derecho de piso. Estuve mucho tiempo cobrando menos de lo que ganaba allá pero eso pasa cuando uno llega a cualquier lugar, a menos que uno venga con un muy buen contacto, que no fue mi caso”.

Las filmaciones de Celebraciones se realizan en el barrio de Villa Devoto, en un salón de fiestas. Mientras González termina de cambiarse y producirse para la grabación, Javier Veiga García ingresa al set de grabación. “Vine en el 2004 a estudiar. Le dije a mi mamá que me quedaba cuatro meses y nunca volví”, cuenta este español de 34 años que trabaja como camarógrafo. Si bien no vino por la crisis, asegura que en el último tiempo recibió muchos llamados de compatriotas que evalúan la posibilidad de venir: “Me llaman buscando trabajo. Ni siquiera me preguntan cuánto está la relación peso-dólar, directamente si hay laburo. Sobre todo, quieren saber si hay empleo en mi rubro, por si les echo una mano en algún lugar. Se han venido bastantes”.

La Argentina y España son países parecidos pero a la vez diferentes. El parecido de Madrid con Buenos Aires, el idioma compartido y la vida nocturna que tienen ambos es innegable; sin embargo, hay costumbres distintas: “Acá llegás al trabajo y tenés que darle un beso a todo el mundo”, “la amistad entre el hombre y la mujer es impensable porque todos los hombres buscan tirarte”, “las mujeres son más histéricas y vuelteras que en España”, son algunas de las frases que resaltan los hombres y mujeres consultados en esta nota.

Laura Bejarano Moreno dice que al principio fue difícil: “Vine con una mano delante y otra atrás, sin conocer a nadie. No es fácil inmigrar, uno nunca deja de ser extranjero. Muchos piensan que venimos con aires de inquisidores, que somos culpables de la conquista de América y que venimos con un eje colonialista. Por otro lado, hay dos cosas a las que nunca me voy a poder acostumbrar: la comida y el transporte público. No puedo creer que pierda tanto tiempo esperando un bondi. También extraño ir a un parque a la noche a mirar estrellas o estudiar: y aquí no puedo hacerlo por la inseguridad”.

De todas formas, Bejarano Moreno, que se especializa en inmigración argentina a España, vino a hacer una maestría de investigación en Ciencias Sociales a la UBA y consiguió trabajo como socióloga en el gremio de judiciales, en la Secretaría de Derechos Humanos. “Me encanta mi trabajo. Estoy feliz porque siento que hago algo útil y hasta coincido ideológica y políticamente con el espacio”. Ella no sólo consiguió empleo sino que también logró un espacio de pertenencia militando en la Unión de Empleados de la Justicia de la Nación (UEJN), de la CGT.

La primera decisión del emigrante es elegir el país de destino. Marc Caellas, catalán de 39 años, eligió Buenos Aires “por la energía creadora. Había venido de visita varias veces motivado por el ambiente cultural y la oferta de teatro pero llegué de forma definitiva en abril del 2011. De todas formas –dice– ya la desmitifiqué bastante. El motivo de mi venida fue la crisis pero de otra forma. Yo tenía un trabajo estable y bien pago como gestor cultural en la Casa América de Catalunya pero renuncié porque la reducción brutal de presupuesto no me permitía programar nada interesante y no tenía ganas de convertirme en un funcionario gris que vive del cuento. En paralelo me había enamorado de una rosarina y ese fue el disparador para instalarme en Buenos Aires, donde siempre había querido vivir”.

El empleo informal es casi la única opción para los inmigrantes sin papeles y por eso hay quienes recomiendan salir de España ya teniendo trabajo. De todas formas, la entrada al país para los hispánicos es libre por 90 días con visado de turista. Luego de ese lapso, la persona debe regularizar su situación laboral ante la Dirección Nacional de Migraciones o salir del país aunque sea unas horas y volver a ingresar con una nueva visa.

Sin embargo Caellas cuenta que intentó tramitar la residencia pero como “me pareció complicado me quedé en carácter de turista y salgo cada tres meses. Además, nunca tuve un trabajo fijo, entonces las colaboraciones que hago las cobro a través de otros. Me las rebusco”, cuenta desde Bogotá, donde acaba de dirigir una obra de teatro que quiere montar en Buenos Aires. De la crisis española, dice que al leer las noticias de ajuste siente depresión e indignación, que “la crisis lleva cinco años y no tiene visos de mejorar. Es estructural así que seguramente seguirá un tiempo. El crecimiento era ficticio por el endeudamiento y porque muchos abuelos sostenían a sus nietos, pero hoy el panorama cambió. La idea del Estado de bienestar es irrecuperable”.

Las historias de estos hombres y mujeres se parecen y marcan una tendencia: dejaron su hogar acorralados por la crisis y eligieron la Argentina por la promesa de un futuro mejor. Consiguieron trabajo, lograron hacerse de amigos y una vida social activa aunque reconocen que extrañan la comida ibérica y que desearían que las cosas en España vayan mejor para evaluar volver.
Representan el relato de una época pero a la vez un nuevo capítulo de los Vientos de agua que tan bien supo retratar Juan José Campanella en el unitario que narra el doble fenómeno de la inmigración: a través del exilio de un asturiano en plena guerra civil, y el retorno de su hijo por el estallido social argentino en 2001. Y son, a la vez, la muestra viviente de que el desarraigo es continuo y cada cierta cantidad de años estos países ven migrar a sus ciudadanos a la bonanza del país hermano.

 

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