La tierra volvió a rugir en la península de Kamchatka: el volcán Krasheninnikov, inactivo durante siglos, entró en erupción este domingo tras el potente terremoto de magnitud 8,8 que sacudió las costas de Rusia esta semana. Aunque el fenómeno no representa peligro inmediato para la población, encendió las alertas de geólogos y vulcanólogos por su carácter inédito desde que existen registros científicos.
La erupción comenzó a las 6:00 hora local, según confirmó el Servicio Geofísico de Rusia a través de su canal oficial de Telegram. Las primeras columnas de ceniza, vapor y gases fueron detectadas por personal de la Reserva Natural de Kronotsky, quienes monitorean permanentemente la actividad sísmica de esta región.
El Krasheninnikov se ubica en una zona remota y despoblada, a 13 kilómetros del lago Kronotskoye y a unos 200 kilómetros de Petropavlovsk-Kamchatski, la ciudad más cercana. Su particular estructura de conos volcánicos fusionados, con una caldera de nueve kilómetros de diámetro, lo convierte en uno de los gigantes dormidos más singulares de la zona.
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Este evento volcánico se produce en un contexto de alta inestabilidad geológica: más de 65 sismos se registraron en las últimas 24 horas en Kamchatka, incluyendo uno de magnitud 6,8, ocurrido este domingo. Las autoridades rusas advirtieron que, si bien no hay daños ni víctimas, podrían generarse olas de tsunami de baja intensidad en la costa.
La península de Kamchatka, en el extremo oriental de Rusia, es uno de los territorios más activos del planeta en términos sísmicos y volcánicos, al estar situada en el límite de las placas tectónicas del Pacífico y la Norteamericana. Allí conviven más de 30 volcanes activos, rodeados de paisajes salvajes, glaciares y especies protegidas. A pesar de su baja densidad poblacional, la región es considerada un destino de aventura para científicos y viajeros extremos.