La órbita baja terrestre dejó de ser un lugar silencioso y previsible. En la última década, la proliferación de satélites —impulsada principalmente por proyectos privados— transformó un entorno relativamente ordenado en un espacio saturado, dinámico y cargado de riesgos. La NASA y centros de investigación internacionales advierten que esta situación ya compromete la capacidad de los telescopios para observar el cosmos y aumenta las probabilidades de incidentes por caída de restos espaciales.
Un cielo cada vez más contaminado
Lo que comenzó como una carrera por mejorar las telecomunicaciones se convirtió en un fenómeno con impacto científico, ambiental y de seguridad planetaria. Hoy, el volumen de objetos en órbita interfiere con observaciones astronómicas críticas, complica misiones espaciales y multiplica los episodios de basura espacial que cae en zonas habitadas.
Los telescopios espaciales —como el Hubble— enfrentan un obstáculo inesperado: miles de satélites comerciales cruzan sus imágenes y generan estelas luminosas que deterioran la calidad de los datos. La NASA estima que la mitad de las imágenes del Hubble ya están afectadas.
Satélites que “ciegan” a la ciencia
Un estudio publicado por la NASA en Nature proyecta que el número de objetos en órbita se multiplicará por 37 en la próxima década. El análisis incluye el crecimiento de megaconstelaciones como Starlink, de SpaceX, cuyo despliegue masivo impulsó a otros países y empresas a lanzar sus propios sistemas.
Alejandro Sánchez, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (CSIC), describió la situación con crudeza: “Este aumento nos deja ciegos”.
El nuevo trabajo, liderado por Alejandro Borlaff en el Centro Ames de la NASA, simuló 18 meses de observaciones con cuatro telescopios en órbita baja. Los resultados fueron alarmantes: con los 560.000 satélites proyectados, entre el 40% y el 96% de las imágenes podría presentar estelas luminosas. En algunos instrumentos, una sola foto incluiría hasta 92 trazos, y ese número podría trepar a 165 si se alcanza el millón de satélites.
El astrónomo Patrick Seitzer, de la Universidad de Michigan, calificó las conclusiones como “realmente aterradoras”.
Más que un problema técnico: un riesgo global
La interferencia satelital no solo complica el estudio del universo, sino también la detección de asteroides potencialmente peligrosos. “Si las imágenes parecen llenas de asteroides, es muy posible que se pierda uno real”, advirtió Borlaff.
La NASA describió este fenómeno como un “experimento de geoingeniería descontrolado”. La presencia masiva de satélites modifica el brillo del cielo nocturno y altera observaciones fundamentales tanto desde la Tierra como desde el espacio.
Choques en órbita y basura que cae a la Tierra
La saturación de la órbita baja forzó un aumento sin precedentes en las maniobras para evitar colisiones. Solo en la primera mitad de 2025, SpaceX registró más de 144.000 maniobras de evasión, es decir, una cada dos minutos.
De los cientos de miles de objetos que rodean al planeta, apenas entre 7.000 y 13.000 son maniobrables. El resto —el 94%— es basura espacial: fragmentos de cohetes, satélites inactivos y restos de colisiones.
La superficie terrestre tampoco está a salvo. En los últimos dos años, fragmentos de hardware espacial cayeron en Estados Unidos, Polonia, Canadá, Australia y África. En Florida, un pedazo metálico de 700 gramos perforó el techo de una casa en 2023.
Un riesgo creciente hacia 2035
Un estudio de la Universidad de British Columbia estimó que zonas densamente pobladas del hemisferio norte tienen un 26% de probabilidades anuales de recibir una caída peligrosa. Y si los satélites de megaconstelaciones no se desintegran completamente en el reingreso, el riesgo de que una persona resulte herida o muerta podría alcanzar el 10% anual hacia 2035.
La FAA maneja proyecciones similares: un caso cada dos años.
Una órbita en crisis
Con casi 13.000 satélites activos hoy y proyecciones que superan los 100.000 para la próxima década, la órbita baja se encamina a un colapso operativo. La Agencia Espacial Europea calcula que actualmente caen tres piezas de chatarra espacial por día, y que esa cifra aumentará a decenas diarias en la década de 2030.
Los efectos combinados —observaciones distorsionadas, basura espacial en aumento, riesgos para personas en tierra— dejan al descubierto un escenario crítico: el espacio ya no es un territorio estable, sino un entorno industrial saturado.
Una década decisiva
El desafío ahora es recuperar control sobre un cielo cada vez más caótico. La próxima década será determinante para saber si la órbita baja seguirá siendo utilizable o si se convertirá en un entorno donde cada misión pierde eficacia.
En un planeta dependiente de satélites para comunicaciones, clima, navegación y seguridad, el futuro del espacio es, cada vez más, el futuro de la vida cotidiana en la Tierra.