Gabriel Romanelli, el cura argentino que fue herido en el ataque de Israel sobre la única iglesia católica en Gaza, desconoció que haya sido un error el bombardeo y dijo que “fue un impacto directo” en el que murieron tres personas y hay dos jóvenes heridos.
El sacerdote argentino dijo que “fue una sorpresa” el ataque con misiles y detalló que la explosión “hirió a 15 personas”. “Yo estoy bien, lo de la pierna fue una infección menor”, explicó.
“Había terminado en mi despacho una reunión. Me acerqué a tomar mate con otra joven que nos vino a ayudar y se escuchó la explosión", relató sobre el momento en que recibieron el ataque.
Romanelli aclaró que “en ese momento había menos gente porque yo pedía que se pusieran a reparo por los bombardeos, pero hace mucho calor y a veces es difícil que los niños se queden adentro".
La Iglesia de la Sagrada Familia de Gaza es una construcción de piedra ubicada en el norte del enclave palestino y forma parte del Patriarcado Latino de Jerusalén.
Desde que comenzó la guerra, se convirtió en un lugar de refugio para muchos civiles. “Tenemos menos de 500 refugiados”, detalló Romanelli.
Desde Buenos Aires, la Cancillería argentina manifestó “su preocupación a las autoridades del Estado de Israel, y confía en que se brindará la asistencia necesaria al padre Romanelli, así como a los miembros de la comunidad afectada”. El mensaje oficial también reiteró el “compromiso con la protección de los lugares de culto, el personal religioso y el respeto a la libertad de religión”.
En su pronunciamiento, el gobierno argentino indicó que “el resguardo de los civiles y de las instalaciones religiosas y humanitarias constituye un principio esencial del derecho internacional humanitario, que debe ser plenamente observado por todas las partes involucradas”.
Romanelli, de 53 años, nació en el barrio de Villa Crespo y se crió en Villa Luro, ciudad de Buenos Aires. Es miembro del Instituto del Verbo Encarnado, una congregación misionera católica fundada en Mendoza en 1984. Estudió teología y filosofía en el seminario de su congregación en San Rafael.
En 1995 partió a Medio Oriente como misionero. Su primer destino fue Egipto, donde aprendió árabe. Luego se trasladó a Jordania, a la ciudad de Madaba, en una misión del Patriarcado Latino. Más tarde fue enviado a Roma para completar una licenciatura en filosofía y regresó a Tierra Santa como formador.
Durante 14 años enseñó en el seminario de Cisjordania en árabe y francés, además de dictar clases en italiano en el seminario de los Padres Franciscanos de la Custodia de Tierra Santa. Junto a la rama femenina de su congregación fundó en Belén el Hogar Niño Dios, destinado a chicos abandonados o con discapacidades. Solía remarcar que ese hogar estaba “muy cerca de donde nació Jesús”.
Al frente de la Iglesia de la Sagrada Familia, Romanelli mantenía contacto permanente con familias palestinas, muchas de las cuales hallaban en el templo uno de los pocos lugares seguros. La asistencia humanitaria incluía comida, contención espiritual y resguardo físico.
“El impacto fue directo”, insistió Romanelli. “Con una piedra se salvó la cruz del frente del templo. No hay dudas de que fue un bombardeo. La gente herida fue por las esquirlas, y eso nos pasa todo el tiempo”.
Según el gobierno israelí, el ataque fue un error. Sin embargo, el daño causado en la estructura del templo y la presencia de víctimas generó preocupación internacional. La iglesia sigue funcionando como refugio, aunque con graves limitaciones.
Romanelli continúa en Gaza, acompañando a la comunidad. La herida leve que sufrió no le impidió seguir coordinando la asistencia dentro del templo. En sus declaraciones, no dejó de remarcar la gravedad de la situación humanitaria en el enclave y las dificultades que enfrentan quienes siguen allí.