No dormir bien de manera ocasional es algo normal, pero cuando las dificultades para conciliar el sueño o mantenerlo se vuelven recurrentes, es recomendable consultar a un profesional de la salud. Especialistas advierten que hasta el 20% de los adultos en Estados Unidos presentan trastornos crónicos del sueño, aunque muchos nunca lo comentan con su médico de atención primaria.
Según Lawrence Epstein, especialista del Brigham and Women’s Hospital de Boston, “los médicos no preguntan lo suficiente sobre el sueño y muchas personas no creen que sea un motivo para acudir a un médico”.
Señales de alerta
Los expertos señalan tres motivos principales para buscar ayuda profesional:
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Dificultad para conciliar el sueño: Si te acuestas y sientes que tu mente no se apaga o que no logras acomodarte, podrías estar frente a insomnio o al síndrome de piernas inquietas, un trastorno que provoca un impulso incontrolable de mover las piernas. Se recomienda consultar si los síntomas persisten al menos tres meses, si empeoran o interfieren con la vida diaria. También es un motivo de alerta el uso frecuente de alcohol, melatonina, cannabis o antihistamínicos para dormir, ya que pueden afectar la calidad del sueño y enmascarar problemas subyacentes.
Dificultad para mantenerse dormido: Despertarse ocasionalmente es normal, pero si los episodios se prolongan más de cinco o diez minutos o resultan molestos, podría indicar un trastorno del sueño o algún problema médico subyacente, como dolor, ansiedad o afecciones de la vejiga. En algunos casos, se presentan parasomnias, como caminar, comer o moverse de manera involuntaria mientras se duerme, que pueden generar riesgos de lesiones o interrumpir el descanso.
Somnolencia diurna excesiva: Sentirse cansado después de comer o en ambientes cómodos es normal, pero la somnolencia constante durante el día, sobre todo en el trabajo o mientras se conduce, puede ser señal de problemas más graves. La apnea del sueño, caracterizada por pausas respiratorias nocturnas, es una causa frecuente. En casos raros, podría tratarse de narcolepsia, un trastorno que provoca “ataques de sueño” repentinos.
Cómo prepararse para la consulta
Para optimizar la visita al médico, los especialistas sugieren:
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Ser específico sobre el tipo de problema: dificultad para conciliar el sueño, despertares nocturnos o somnolencia diurna.
Llevar un diario del sueño durante al menos dos semanas, registrando horarios de descanso, actividad física, consumo de cafeína o alcohol y medicamentos.
Contar con la observación de la pareja, si es posible, ya que puede notar síntomas que uno no percibe.
Utilizar datos de monitores de sueño o dispositivos de seguimiento, teniendo en cuenta que su precisión puede variar.
Además, algunas enfermedades crónicas como obesidad, hipertensión, insuficiencia renal o Parkinson, así como ciertos medicamentos, pueden afectar la calidad del sueño, por lo que es importante comentarlo con el profesional.
Aunque el registro detallado ayuda, los especialistas insisten en que lo más importante es acudir al médico cuando el sueño se vea afectado de forma significativa: “No necesitas tener todo anotado ni preparado; solo ve”, concluye Dayna Johnson, epidemióloga de la Universidad de Emory.